DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

Cuentas pendientes

*Por Sergio Suppo. La elección del intendente de la ciudad de Córdoba tendrá una importancia que ya descompone de ansiedad a sus protagonistas.

Entregado a un electorado sin más motivación que el gusto de votar sin costo ni riesgo, el país político intentará saber esta noche si los errores de Cristina Fernández vienen siendo tan graves como para abrir la posibilidad de derrotarla en las decisivas urnas de octubre y noviembre.

Sobre los destellos de la espectacular victoria peronista en Córdoba, el cristinismo dejó escapar otra de sus ráfagas erráticas, que hacen creer que la Presidente dejó de ser la viuda imbatible que nació tras la muerte de su esposo, 10 meses atrás.

La carga K contra el triunfante peronismo de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti​ no es otra cosa que el resultado de una explosiva muestra de desesperación.

¿Cómo esconder el ridículo en que quedaron los cristinistas cordobeses que una noche se felicitaban y felicitaban a De la Sota por el apoyo que le habían brindado y al día siguiente proclamaban su deseo de ver muerto al gobernador electo?

¿Era un dato desconocido para la fanaticada oficialista que De la Sota acentuaría su distancia del Gobierno nacional galopando sobre el rotundo triunfo que lo lleva a su tercer mandato y estira el ciclo del PJ a 16 años y medio?

El ganador hizo algo más. Expuso sus viejas y ahora reverdecidas ambiciones de siempre. No sólo se distanció del proyecto reeleccionista de Cristina, sino que en la misma noche de su victoria sobre Luis Juez y Oscar Aguad se proclamó alternativa de poder para dentro de cuatro años, al presentarse al país como el líder del recién parido cordobesismo.

¿Les prometió De la Sota bajar la lista del peronismo local luego de las elecciones del domingo último, como argumentaron los muchachos de la Presidenta? Es muy posible. Pero siempre será vano reclamar el cumplimiento de compromisos tejidos en la oscuridad.

Algo más dejó sin retorno inmediato a De la Sota. Fueron los numerosos votos que pueblan su triunfo, en especial los del interior rural, colocados a su favor con la expectativa de que el peronismo de Córdoba seguirá siendo más enemigo que amigo del kirchnerismo.

¿Es esta una ruptura definitiva? Nunca podría serlo, si debajo del triunfo peronista se descubre que Córdoba sigue siendo una provincia dependiente de la ayuda nacional. Pero el acuerdo que pueda venir será un pacto entre diferentes, antes que una reconciliación de amigos.

"Nosotros vamos con la lista de diputados el domingo (por hoy) y también en octubre; después habrá tiempo para charlar con el nuevo presidente, sea Cristina o el que le gane", promete uno de los protagonistas del triunfo del PJ.

De la Sota respondió con el clásico "el que se calienta, pierde" a la embestida kirchnerista que siguió a la declaración de prescindencia del PJ cordobés. Y Schiaretti hizo coincidir su reclamo por los fondos demorados de la Nación para subsidiar el déficit de la Caja de Jubilaciones con la encapsulada visita de Amado Boudou​, el ministro y candidato a vicepresidente de la Nación.

Más cauto de lo que sus palabras insinuaron, De la Sota desarmó las valijas y canceló su viaje a Brasil hasta esta semana, para trabajar de apuro un mínimo de votos a la lista de precandidatos a diputados que encabeza Carlos Caserio.

"De los peronistas que vienen a nuestros locales, siete de cada diez nos piden el voto al tramo de presidente de (Eduardo) Duhalde", dijo un ministro de Schiaretti. Esa proporción puede ser favorable a Alberto Rodríguez Saá en zonas del sudoeste provincial, vecinas a San Luis.

No todo sería tan desagradable en estas tierras para la Casa Rosada. La dispersión y la precariedad del voto opositor le darían hoy la chance de ser la más votada por los cordobeses.

Tendría, sin embargo, un registro al menos 10 puntos inferior que el objetivo de éxito concluyente que pretende Cristina como anticipo de las presidenciales de octubre. Treinta por ciento para Cristina, coincidieron en augurar un encuestador local con al menos dos dirigentes de partidos distintos. El cuadro se completaría con Ricardo Alfonsín con sus seis listas de aspirantes a diputados radicales (la única competencia de hoy es esa desmedida elección de la UCR) y, en un pelotón posterior, Duhalde, Rodríguez Saá y Hermes Binner​.

Estos presagios no incluyen los sacudones que pueden surgir de la poca concurrencia a votar y de la confusión de un sistema nuevo para una elección innecesaria.

Cuestión Capital. Sin tiempo para celebrar o leer el resultado del domingo último y sin conocer los términos de la consulta de hoy, en la ciudad de Córdoba ya se encendió la carrera por la Intendencia.

Si cada elección tiene un escenario distinto, las urnas del 7 de agosto intentan quitarles esa independencia a los comicios del 18 de septiembre.

La elección del intendente de la ciudad de Córdoba tendrá esta vez una importancia que ya descompone de ansiedad a sus protagonistas. Juecistas y radicales ponen en riesgo gran parte de su supervivencia como opciones de poder en el futuro, mientras el peronismo ensaya un intento de cartón lleno que no tenía previsto.

1) Juez fue sepultado por los votos del interior, con el agravante de quedar a un corto paso de perder su territorio capitalino. El peronismo le descontó tantos votos en la Capital y lo desbancó de los sectores más populares, al extremo de hacer de difícil cumplimiento el objetivo juecista de lograr que Esteban Dómina compita con posibilidades.

Un Juez sin filtros y desbocado apareció en los días posteriores al triunfo de De la Sota. Culpó a sus asesores de no haberle permitido atacar con sus bravatas al rival. Su lectura ignora que desde que se fue de la Municipalidad hizo poco por ocuparse de ser un candidato serio; seguir siendo el mismo vehemente opositor que acorraló al peronismo ya no le sirve a Juez para ser gobernador.

El mismo Juez de siempre le dará el gusto a De la Sota, de dejar de ser un riesgo para peronistas y radicales; no es un problema de campañas ni asesores: es un asunto que se resuelve en el día a día, cuando se hacen o se dejan de hacer las cosas esenciales.

El jefe del Frente Cívico sabe, como sus competidores, que si pierde la Municipalidad se habrá dado un paso decisivo para el bipartidismo cordobés. Transferirle sus votos a Dómina, un asunto ciertamente complicado, es el desafío que tiene en lo inmediato.

2) Ramón Mestre, que desde hace un largo año y medio encabeza todas las encuestas de intención de voto, vio que su proyecto de llegar al sitio que prestigió a su padre se hizo más difícil luego de la pobrísima elección de Aguad.

El triunfo de Mestre es central para el radicalismo y su única chance de resurgir luego de tantas derrotas, de los acuerdos de sus caciques del interior con el peronismo y de los signos insoslayables de disgregación. Poner hoy media docena de listas de candidatos es una muestra. Cuando hay tantas líneas internas, quizá no haya en realidad ninguna.

3) El peronismo capitalino disfruta de la espuma del triunfo de De la Sota, un resultado que Schiaretti colaboró a construir con su fuerte trabajo en los barrios más pobres de la ciudad.

La pelea por levantar a Héctor Campana es un proyecto del gobernador antes que de De la Sota. Schiaretti tiene ahora el control de la estructura peronista, luego de desbancar a Olga Riutort que, sola y emprendedora, mantiene una medición alta.

"De la Sota nos apoyará, pero la campaña se la pondrá al hombro Juan", dijo un ministro provincial. Schiaretti puso junto a Campana a su esposa, Alejandra Vigo, y una extraordinaria cantidad de millones para ir por la Intendencia.

El PJ oficial tiene un problema serio: Riutort le saca los votos para pelear la punta.

Olga y Mestre esperan contar con una cierta prescindencia de De la Sota, lo que sin embargo puede ser compensado por la notable imagen pública que tiene Schiaretti.

El gobernador puede irse con un capital político sólo equiparable al que el padre de Mestre acumuló al irse de la Intendencia, 20 años atrás. Como aquel Mestre, este Schiaretti es más reconocido por la gestión que por sus habilidades políticas. El que guarda siempre tiene.