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Creacionismo: la negación de la evolución (Parte II)

Los creacionistas sostienen a rajatabla que la vida es la obra de un Creador, mientras que la ciencia no encuentra ninguna evidencia de ello.

Vamos a decirlo claramente: no hay nada malo en creer que la vida en la Tierra ha sido creada por Dios. Después de todo, cada uno tiene derecho a creer en lo que quiera. El problema con los creacionistas es que le han agregado a su disciplina el término "científico", lo cual, como dijimos en la parte I, lleva a confusión. El creacionismo científico no es una ciencia, a pesar de su nombre. Es más bien una pseudociencia con contenido sobrenatural.

En la comunidad científica frecuentemente tienen lugar arduos debates, y ello se considera saludable. Según el fallecido Stephen Jay Gould, paleontólogo y biólogo evolutivo (ver foto), la ciencia "es más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicancias y reconoce que la información vieja puede explicarse de modos sorprendentemente nuevos". Dice Gould que no hay dudas sobre la evolución, aunque sí hay debate sobre cómo se dio este proceso.

La ciencia "creacionista"

Esta disciplina no es ciencia sino pseudociencia, es decir falsa ciencia. Es un dogma religioso que se disfraza de teoría científica. La ciencia creacionista se propone como algo absolutamente cierto e inmutable. Asume que el mundo debe ajustarse a su comprensión de la Biblia. Y no hay evidencia que pueda cambiar tal perspectiva. Comparemos esta actitud con la de los creacionistas del siglo XVII que tenían que admitir que la Tierra no era el centro del universo y que el Sol no giraba alrededor de la Tierra. No aceptaban que la Biblia estuviera equivocada, sino que las interpretaciones que hacían los humanos sobre ella eran erróneas.

Los creacionistas actuales parecen incapaces de admitir que su interpretación de la Biblia pueda estar equivocada. No pueden ser considerados científicos porque asumen que su interpretación de la Biblia es correcta. Lo que proponen es simplemente irrefutable. De este modo, ponen el carro delante del caballo y afirman que cuando la evidencia contradice sus interpretaciones de la Biblia, asumen que lo que es falso es la evidencia.

Las únicas investigaciones que llevan a cabo apuntan a probar que alguna parte de la teoría de la evolución es falsa. Los creacionistas científicos no ven necesidad alguna de probar sus creencias, ya que el Dios de Abraham se las ha revelado. Las afirmaciones de infalibilidad y la demanda de absoluta certeza no caracterizan a la ciencia sino a la pseudociencia.

Creencias insostenibles

Lo que resulta más revelador sobre la falta total de interés científico por parte de los creacionistas científicos es la forma en que aceptan acríticamente la más absurda de las afirmaciones, siempre y cuando esté a favor de lo que creen. Por ejemplo, cualquier evidencia que parezca indicar la idea de que los dinosaurios y los humanos vivieron en la misma época es bienvenida por los creacionistas. Y la forma en que los creacionistas científicos tratan la segunda ley de la termodinámica indica que, o no saben nada de ciencia o que son deliberadamente deshonestos.

Otra creencia que sostienen los que abogan por el creacionismo es que el universo fue creado en el año 4004 a.C. Pero se sabe que la Tierra tiene miles de millones de años de edad, de manera que la hipótesis de los creacionistas parecería insostenible y refutada por la evidencia disponible. Pero ellos contestan que Dios creó el mundo en 4004 a.C. Y lo hizo con fósiles, planetas y todo, de manera que pareciera que éstos tuvieran millones de años de antigüedad. Es como si dijéramos que una civilización avanzada crea a un androide y le implanta recuerdos como si éste hubiera vivido 100 años. Con este criterio, Dios podría haber creado el universo entero hace 5 minutos haciéndonos creer que tiene miles de millones de años de antigüedad. Esta hipótesis es tan irrefutable como fantasiosa.

El costado más pernicioso de estas creencias es que los que abogan por ella han solicitado que se impartan en las escuelas a la par de la teoría de la evolución, lo cual, si se llevara a cabo, constituiría un grave retroceso para la educación científica.

La cara más nueva del creacionismo

Para darle una fachada más científica, los partidarios han tomado la estrategia de crear el concepto de "diseño inteligente", disciplina que se expandió rápidamente por los Estados Unidos. Esto no es más ni menos que un disfraz científico para el creacionismo. Hay que recordar que en el estado de Arkansas, EE.UU., ¡era ilegal enseñar la evolución hasta 1968! En 1981 la ley fue declarada anticonstitucional por un juez federal que declaró que el creacionismo es una disciplina de naturaleza religiosa. Hubo otros tantos casos por el estilo, con intentos de hacer que el creacionismo entre en las escuelas públicas de los Estados Unidos y la enseñanza de la teoría de la evolución sea prohibida.

Insistimos en que cada uno puede creer lo que quiera, pero cuando se hace pasar por ciencia algo que no lo es y encima se pretende enseñarlo en las escuelas públicas, estamos cruzando una raya que puede llevarnos al oscurantismo. El problema consiste en darle a las creencias un valor más importante que las evidencias.