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Caso Nisman: nunca se hará justicia porque solo importa de qué lado de la grieta cae el muerto

Desde el primer momento en que se supo de su muerte todo pareció indicar que el caso jamás se esclarecería. A cinco años del hecho, hay pocas certezas.

Estamos cerca de conmemorar el quinto aniversario de la muerte de Alberto Nisman y poco se conoce acerca de cómo falleció el ex fiscal de la AMIA. Lo único que queda bien en claro es que se transformó más en un hecho político – y hasta en un espectáculo- que en un caso policial, de por sí uno de los más intrigantes de la historia argentina.

El estreno de una serie en Netflix –una popular plataforma de contenidos que llega a cientos de países y que ahora nos expone a la crítica por el mal accionar a la hora de esclarecer el episodio- no hizo más que reavivar el debate que divide las aguas: la discusión sobre si la causa de la muerte de Nisman fue un suicidio o un asesinato.

Esta controversia a veces se convierte en un debate trivial, en el que cientos de opinólogos eligen por una de las dos opciones sin el más mínimo conocimiento de la causa. Pero la gravedad del asunto es cuando los que asumen una posición son los personajes políticos, en un contexto en el que la polarización del escenario es bien marcada. El caso fue utilizado inmediatamente con fines políticos, y desde aquel 18 de enero de 2015 – en el inicio de una campaña presidencial- vemos sus consecuencias.

Esta influencia de la política en los dictámenes que deben hacer los jueces hace que la Justicia nunca llegue a una definición acerca de cómo murió Alberto Nisman, elemento clave para saber si hay responsables detrás de su trágico final. 

De todas formas, tampoco se va a saber la verdad de lo qué pasó con el fiscal. El cuestionamiento de la actuación de la investigación del caso estará siempre y si alguna vez se llega a un dictamen final nunca será aceptado por ambos lados de “la grieta”: es más importante culpar al otro de la muerte de Nisman que hacer justicia por él.

Miembros y allegados al Gobierno de aquel entonces, bajo el mando de Cristina Fernández de Kirchner, se apuraron en afirmar que se había tratado de un suicidio, cuando no había un mínimo análisis forense. La teoría de que Nisman haya terminado con su vida no sería una hipótesis alocada, es de hecho una de las más firmes, pero no es concluyente y podrían analizarse otras alternativas, como la inducción al suicidio. En tal caso si habría que determinar responsables y castigarlos.

Al mismo momento en que el oficialismo abonaba la teoría del suicidio, la oposición aprovechó para convertir a Nisman en un mártir, que había dado su vida en la difícil tarea de luchar contra la impunidad del kirchnerismo. Acusaron inmediatamente a la Presidente de haber mandado a matar al ex fiscal de la AMIA, que días antes la había acusado de encubrir a los presuntos autores del atentado a la Mutual Israelita mediante la firma de un Memorándum con Irán y que el 19 de enero debía presentarse en el Congreso a mostrar “las contundentes pruebas” en las que supuestamente se apoyaba su acusación mediática.

De todas formas, hay que aclarar que Nisman estaba lejos de ser un héroe. En muchos años de trabajo no aportó pista alguna para esclarecer las causas y hallar a los responsables del atentado a la AMIA. Esto le valió muchas críticas de asociaciones de familiares de víctimas del hecho.

La hipótesis del asesinato alimentó a la opinión pública y a millones de ciudadanos, propensos a creer en teorías conspirativas. Pero tiene sus flaquezas: ¿cómo puede ser que los asesinos –algunos informes hablaron de dos personas más junto a Nisman en el baño- no hayan dejado ningún rastro?¿No hubo testigos, ni cámaras de seguridad, en el distrito más seguro del país? ¿Por qué el departamento no estaba desordenado ni hubo signos de resistencia?

Sin embargo, algunos afines al kirchnerismo también apuntaron hacia un asesinato, pero orquestado por los Estados Unidos e Israel para perjudicar a Cristina Kirchner. Al menos la segunda parte de esta afirmación puede ser cierta: la muerte del fiscal en nada benefició al gobierno de la ahora vicepresidente, por lo que es algo improbable que ellos hayan atentado contra la vida de Nisman. Les convenía más tenerlo vivo que muerto.

Y una gran pregunta: ¿y si tan solo se suicidó, por la presión de no poder sostener una acusación poco firme a pesar de su informe de casi 300 páginas o por problemas familiares y de pareja? A esta altura nadie aceptaría que esto fuera verdad: todos están expectantes por saber de una vez quién tiene que cargar con la muerte de Nisman.

Así pasaron cinco años. En el medio pasó de todo: manoseo del caso por parte de todo el arco político, informes forenses poco consistentes, acusaciones y contradicciones varias, noticias falsas y operaciones en varios medios de comunicación, discusiones para determinar quiénes son los buenos y quiénes los malos de la película, luchas y extorsiones en el mundo oscuro de los servicios de inteligencia.

Pero pocos se interesan en llegar a la verdad sobre la muerte de Nisman. Debe hacerse justicia, sea quien sea el culpable. Justicia que también esperan los familiares de víctimas de la AMIA. No nos acostumbremos a que la impunidad sea moneda corriente en las grandes tragedias argentinas.

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