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Autogestión y acción vecinal

*Por Roberto Fermín Bertossi. En el marco de una democracia donde toda la gente importa, restaurar la autogestión productiva y la acción vecinal genuina...

... alentadas por economías solidarias, implica subordinar el precio de las cosas necesarias para la vida al valor de la dignidad de las personas.

En el marco de una democracia donde toda la gente importa, restaurar la autogestión productiva y la acción vecinal genuina, alentadas por economías solidarias, implica subordinar el precio de las cosas necesarias para la vida al valor de la dignidad de las personas.

Cuando proponemos una economía solidaria civil, reconocemos que este sector de la economía se diferencia por su naturaleza, fines y modos y por su organización y funcionamiento singulares.

Integran dicho sector: 1) las empresas cooperativas auténticas y sus afines y complementarios del cooperativismo; 2) las asociaciones mutuales de socorros mutuos y primeros auxilios frente a riesgos eventuales; 3) las empresas comunitarias de asociaciones de productores, campesinos, usuarios, consumidores; 4) las cajas de ahorro y ayudas económicas, recíprocas; 5) las empresas de trabajo exclusivamente familiar y/o parental; 6) los asociativismos que operan con la primacía del trabajo sobre el capital y el incentivo del trabajo asociado sobre el trabajo asalariado; 7) los entes barriales para realizar obras y prestar servicios tercerizados por comunas traducidos en cooperativas municipales monitoreadas desde cada centro de participación ciudadana (CPC); 8) los consorcios camineros; 9) los fondos, créditos y derechos de empleados, junto a sus instancias de integración, mutualización y defensa; 10) las organizaciones no gubernamentales con legitimidad y experticia, de reconocida trayectoria y solvencia, etcétera.

Cuestión de dignidad. Como sugiere Colomer Viadel, pensemos en la importancia de un Estado social y democrático de derecho en el que los ciudadanos puedan tener acceso a bienes y servicios eficientes, en condiciones que tiendan a la gratuidad.

Y si no son gratuitos, al menos que sus costos no generen la exclusión de aquellas capas sociales lindantes con la indigencia.

Consideremos la importancia que esto supone para la dignidad personal, dado que los ciudadanos pueden intervenir en la autoorganización y cogestión de estos servicios y, a la vez, emanciparse de dependencias y exclusiones inaceptables.

Se trata de lograr una eficaz mancomunidad para la mejor articulación local, regional y federativa de los distintos subsectores de la economía solidaria.

El fin, sería crear un verdadero sector abierto a una estrategia de afines, mediante la incorporación de otras formas solidarias de organización empresarial.

El objetivo: alcanzar un punto de masa crítica que permita cierta invulnerabilidad frente a competencias abusivas y desleales. Y, sobre esa base, desarrollar instrumentos de fortalecimiento institucional, que podrían ser comerciales (por caso, la generación de escalas para compras y ventas conjuntas, valor agregado local), tecnológicos o de seguros.
Todo eso acompañado de una cultura solidaria cuyo horizonte sería cierta igualdad en la competencia con los sectores privados y públicos de la economía.

Efectos positivos. La sinergia de esta alianza tendrá, sin lugar a dudas, un efecto multiplicador y un beneficio para todos los ciudadanos, producto de la marcada reducción de precios y tarifas, pues el impulso del sector no es el beneficio ni el lucro, sino la redistribución equitativa y la reciprocidad mutual.

En una época en que las finanzas prevalecen sobre la soberanía en demasiados países del mundo, esta economía solidaria civil es un modo específico de contribuir a una restauración de la noción de ciudadanía.

Supone una base firme ante el doble movimiento de globalización y privatización sin rostro humano que rompe las normas de convivencia social con sus efectos de desocialización y desinstitucionalización, visibles en las sociedades posmodernas.

Y como en esta posmodernidad tiende a acentuarse el individualismo, no sólo se trata de estigmatizar un mercado global donde hasta las personas son degradadas al nivel de mercancías, sino de reivindicar valores humanos que tiendan a recrear nuestro mundo de la vida.

Un mundo en el cual la influencia personal, la autogestión y la acción vecinal convergentes recuperen el protagonismo y consoliden una economía solidaria civil en la que sea posible un disfrute equitativo e intensivo de productos, bienes, servicios y beneficios.