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A Binner y Alfonsín los separa mucho más que De Narváez

*Por José Curiotto. Francisco De Narváez y su perfil de centroderecha no parecen ser los únicos factores que distancian a Ricardo Alfonsín y Hermes Binner, tornando improbable la posibilidad de que ambos dirigentes decidan aglutinar fuerzas para enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones.

En realidad, existen otras circunstancias igual o más profundas que separan a uno del otro.

Lo primero que hay que decir es que Ricardo Alfonsín tiene menos margen de acción y decisión en un partido centenario y con estructura nacional como es la Unión Cívica Radical. Las presiones y las expectativas de miles de dirigentes diseminados por cada una de las provincias suponen un peso y una presión que no existen dentro del Partido Socialista.

Si en las próximas horas Alfonsín anunciara su decisión de romper la alianza con De Narváez en provincia de Buenos Aires, dejaría descolocado al socialismo. Lejos de suponer una solución, dicha ruptura sería un problema para Binner quien, más allá de lo que declara públicamente, parece convencido de que un pacto con los radicales no representaría lo más conveniente para sus aspiraciones políticas personales y las del partido al que representa.

El santafesino insiste en que resultaría incongruente un intento por reunir a partidos de centroizquierda -como el socialismo, el GEN de Margarita Stolbizer o Proyecto Sur-, con un dirigente que proviene de los sectores empresariales más poderosos de la Argentina y que en su momento triunfó en la provincia de Buenos Aires hablando de un plan contra la inseguridad que, en realidad, nunca puso sobre la mesa.

Este argumento tiene lógica. La experiencia de la Alianza en 1999 demostró claramente que no alcanza con ganar una elección para garantizar un gobierno homogéneo y exitoso.

Pero los motivos de su posición parecen tener raíces más profundas.

"Si no hay acuerdo -entre la UCR y el socialismo- gana el gobierno", dijo ayer Ricardo Alfonsín. Los radicales están convencidos de que una fórmula presidencial encabezada por Binner y que reúna al socialismo, GEN y Proyecto Sur, sería sólo una fuerza testimonial que resultaría funcional al kirchnerismo, ya que le restaría votos a la UCR. Sin estos votos, la oposición no peronista ni siquiera podría soñar con una supuesta segunda vuelta.

La pregunta del millón es si, en estos momentos y en las actuales circunstancias, para Binner es prioritario ganarle al gobierno. Hace rato que al gobernador de Santa Fe no se le escuchan críticas duras hacia la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. En realidad, sus palabras lo muestran más entusiasmado con la posibilidad de generar un nuevo espacio político en la Argentina, que en ganar las próximas elecciones. Y mucho menos si este supuesto triunfo supone que él sea candidato a vicepresidente.

Los radicales, en cambio, tienen la urgencia y la necesidad de un partido grande. No pueden darse el lujo de esperar hasta 2015 para pelear por el poder. Por eso se acercan a De Narváez, pues saben que sin la provincia de Buenos Aires, no existen posibilidades electorales ciertas. A pesar de sus errores y desaveniencias internas -Julio Cobos y Ernesto Sanz fueron apenas dos exponentes de estos problemas-, están convencidos de que la posibilidad de aglutinar a gran parte de la oposición no peronista les permitiría mantener viva una luz de esperanza de alcanzar el ballotage.