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Zaira Nara: La hermana invisible

Un rumor que la vincula al futbolista Mauro Icardi molestó a la menor de las hermanas Nara, lo cual no sería problema. Gracias a su enojo nos acordamos que existe, y repasamos su carrera.

Raros fenómenos mediáticos que no son algo nuevo en la farándula local. Celebridades creadas a partir de tapas de revista que le caen bien a editores que las "cuidan" y les ofrecen cierta protección a personajes que no ostentan talento, no venden entradas ni hacen rating, pero que por algún extraño motivo son tratadas con pétalos de rosa en su camino sin mayor mérito.

Luego se consagran y cuando se les pregunta a qué se dedican, como a Graciela Alfano en la actualidad, te responden "yo fui tapa de 50 revistas". Ah. ¿Y?. No hay respuesta, y después hay que bancarles el divismo.

Zaira Nara empeora la parábola. Su "fama" vino heredada de la de su hermana mayor Wanda, conseguida también a fuerza de escándalos. La rubia de las Nara pasó de ser una mediática clase B a ser mimada por las revistas al casarse con un futbolista de mediocre desempeño pero rico en euros.

La menor, morocha y por cierto bellísima, trató de repetir la historia de la hermana que le prestó la fama por carácter transitivo, con poca suerte. Más moderada en las formas trata de diferenciarse como "la fina" de la dupla. Su romance con el futbolista Diego Forlán no llegó al altar, por un pelito. Error de cálculo. Nombrar a Zaira Nara en Uruguay es una invitación a escuchar pestes de ella. Ni intentar preguntarle por ella a los Forlán. Si empiezan a hablar no los parás más.

La actual novia del tenista Pico Mónaco no quiere que se hable de ella, no quiere verse envuelta en chimentos o rumores más o menos comprobables, y es lo menos generadora de títulos al responder híbridas frases cuando se le pregunta por temas personales. Su twitter es de los más chiveros del mundo; de lo más despersonalizado que se ha visto en la red. Un bajo perfil que no sería cuestionable salvo por el detalle de su famoso tweet "Menos mal que no me casé" -en el affaire Forlán- abriendo su vida y ensuciando al jugador uruguayo; o cuando los fotógrafos se enteran "de casualidad" donde se le puede sacar una foto con su nuevo amor.

De todos modos su rótulo de novia abandonada le rindió en su momento. Cuando Forlán la dejó, todos los medios morían por tenerla y le ofrecían trabajo a raudales. Ideas del Sur no paró hasta contratarla nuevamente -la había dejado ir sin resistencias poco antes- y no obtuvo el rebote esperado. A continuación Zaira condujo dos programas que estrelló rápidamente. Los productores de Ideas aún se burlan cuando recuerdan su problemita para conjugar los verbos; usando el "habría" en vez del "hubiera" o "hubiese" en cualquier frase. Su temporada en "Tendencia" fue de las que menos rating midió. Luego no logró traspasar ni mínimamente la pantalla cuando Telefe le puso una ficha ofreciéndole la conducción de un ciclo en prime time.

La principal diferencia entre Zaira Nara y su hermana Wanda no radica en el talento. No son actrices, no bailan, no cantan. Trabajan de tapas de revistas. Los productores se enojan cuando los periodistas de distintos programas hablan mal de ellas porque después "no les van al piso".

La diferencia, entonces, es que, pese a sus limitaciones, Wanda Nara imprime en pantalla. Reemplaza talento por escándalo, personalidad, aires de diva, autobombo, operaciones de prensa y polémicas que genera a su paso, amada u odiada, pero nunca indiferente. Zaira, en cambio, aparece invisible -vaya paradoja- en un medio que se empeña en "cuidarla" cuando nadie la ve.