Estudia Publicidad y creó un emprendimiento inspirado en las historias de su abuelo domador
Conocé la historia de una estudiante de Publicidad que creó un emprendimiento de accesorios inspirado en su vínculo familiar con el campo. Trabaja con cuero, metales, bordados y textiles, y busca expandir el emprendimiento a otras provincias y, más adelante, al exterior, sin perder su carácter artesanal.
Priscila Bordón estudia Publicidad y creó Linaje, un emprendimiento de accesorios que toma elementos de ese universo familiar y los combina con una estética propia.
“Mi familia viene de Corrientes, de Curuzú Cuatiá, y siempre hubo una conexión muy fuerte con el campo. Mi abuelo era domador, así que crecí escuchando historias y viendo objetos de ese mundo que para mí eran parte de lo cotidiano”, cuenta.
Entre esos objetos estaban las rastras, que con el tiempo empezaron a llamar especialmente su atención. No solo por su elaboración y sus detalles, sino porque las veía demasiado asociadas a un ámbito determinado.
“Me llamaban muchísimo la atención las rastras porque sentía que eran piezas increíbles, llenas de detalles y de historia, pero que estaban muy asociadas a un contexto específico. Y pensé qué pasaría si las lleváramos a otro lugar”.
A partir de ahí comenzó a experimentar. Las combinó con bordados, flores, textiles, cuero, pelo y distintos colores. El resultado fue construyendo de a poco una identidad que reúne dos mundos que también forman parte de su historia personal.
Por un lado, el campo y la tradición familiar. Por otro, el universo textil en el que creció. Su madre tiene una marca de ropa y desde chica Bordón estuvo rodeada de telas, estampas y bordados.
“Cuando empecé a crear esta marca, esos dos universos se mezclaron de una manera bastante natural. Por un lado aparecían las rastras, el cuero y los metales; por el otro, las flores, los bordados, los colores y los géneros que había visto toda mi vida”.
La elección del nombre también remite directamente a ese origen. Bordón explica que empezó a pensar qué quería contar con el proyecto y encontró una palabra que reunía aquello que había recibido y aquello que quería hacer con eso.
“Un linaje es algo que recibís, pero también algo que continuás. No significa quedarse en el pasado. Creo que eso es exactamente lo que hago con la marca; tomar algo que viene de antes y hacerlo mío”, dice.
Esa última parte también define el modo en que entiende su propuesta. No busca reproducir una estética gaucha tradicional ni hacer una colección de piezas idénticas. Trabaja a partir de materiales y objetos que va combinando hasta encontrar una composición que funcione.
“Cada pieza surge bastante desde la intuición. A veces todo empieza por una rastra, otras por un género que me encanta, y voy probando hasta sentir que funciona. Por eso también es difícil que dos piezas salgan exactamente iguales”.
La condición de piezas únicas también marca la forma en que piensa el crecimiento del emprendimiento. Actualmente la venta se concentra en Instagram y en la tienda online, mientras proyecta incorporar locales y espacios seleccionados. Más adelante quiere sumar bolsos, carteras, fajas y otros accesorios, y no descarta llegar a la indumentaria.
El objetivo no es ampliar el catálogo por una cuestión de cantidad. “No quiero que llegue un momento en el que, porque algo funcionó, hagamos cien iguales. Prefiero crecer más despacio si eso significa seguir haciendo cosas que tengan algo especial”, explica.
Bordón también imagina una expansión territorial. Quiere llegar a otras provincias, trabajar en colaboraciones y, eventualmente, llevar el proyecto fuera del país. En ese horizonte aparece nuevamente la dimensión familiar que dio origen a todo.
“Pensar que una pieza inspirada en una historia que empezó en Curuzú Cuatiá, en el campo y en mi propia familia, pueda terminar algún día en el placard de alguien del otro lado del mundo me parece increíble”.
Por ahora, el proyecto está concentrado en desarrollar ese universo y encontrar hasta dónde puede crecer sin perder su carácter artesanal. Para Bordón, una de las señales de que una pieza funciona aparece cuando alguien la ve y pregunta de dónde es.
“Quiero que se la ponga y sienta que encontró algo muy suyo. Para mí ahí sucede todo lo que quiero que suceda con Linaje. Porque significa que no pasó desapercibida”, resalta.
La historia empezó con objetos que formaban parte de su vida cotidiana y con una pregunta sobre qué podía hacerse con ellos fuera de su contexto habitual. Ahora, mientras estudia Publicidad y desarrolla su propio emprendimiento, Bordón está tratando de encontrar hasta dónde puede llevar esa mezcla de campo, textiles, trabajo artesanal y herencia familiar sin convertirla en una fórmula repetida.
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