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¡Vamos hacia África! ¡Sí! Vayamos

La utilización de dicho continente como síntesis de todos los aspectos negativos expone el desconocimiento que se tiene de las similitudes y diferencias de nuestro país con los africanos.



Habitualmente, solemos encontrarnos en discursos mediáticos y coloquiales profusamente difundidos con la frase “Argentina va camino a convertirse en África”. La utilización de dicho continente como síntesis de todos los aspectos negativos –al igual que Venezuela, Cuba o Nicaragua, en una especie de “elige tu propia xenofobia” –  expone el desconocimiento que se tiene de las similitudes y diferencias de nuestro país con los africanos, de la historia de nuestros vínculos comerciales y políticos y de las posibilidades que se abren ante la proyección del continente para el futuro. En esta nota pretendemos analizar con un poco más de detalle la potencia de nuestros lazos y la relevancia que África puede tener en el porvenir. Haremos foco principalmente en tres aspectos: el económico, el político y la visión estratégica de nuestro de cara al futuro.
 
En el plano de política exterior no existe tal cosa como la filantropía. Sin embargo, una mirada ingenua puede limitarse a catalogar la reciente donación de vacunas a países de bajos ingresos como una simple ayuda para paliar la emergencia del COVID-19 y, en especial, la nueva variante Ómicron que azota y atemoriza al mundo. Para evitar la proliferación y contrapesar la lentitud de acceso a las vacunas, en esta campaña el gobierno argentino ha decidido enviar 350 mil dosis a Angola, 400 mil a Kenia, 450 mil a Mozambique, 500 mil a Vietnam, 2 mil a Dominica, 11 mil a San Vicente y las Granadinas y 8 mil a Santa Lucía. A pesar de que no es deleznable la intención de cooperar en materia sanitaria, podemos matizar este punto de vista si consideramos algunos elementos adicionales.


En materia económica, y según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), el intercambio comercial con la región del Magreb (norte de África) y Egipto arrojó un superávit de 2.593 millones de dólares en los ocho primeros meses del año, representando una suba del casi 36% en comparación  con el ciclo 2020. Esta balanza positiva refleja, en magnitud, la segunda más importante que mantiene Argentina con otros bloques económicos. De ahí su relevancia. 

Por otro lado, actualmente, el continente africano supone un mercado de 1.300 millones de personas y grandes centros urbanos, dato que toma particular relevancia si se considera que incluso se encuentra en un fuerte crecimiento demográfico y de desarrollo económico. Hasta el momento, en muchos de estos países no se utiliza toda la superficie cultivable, lo que supone una doble oportunidad para nuestro país: nuevos mercados en materias de exportaciones de productos primarios y la posibilidad de convertirse en un socio clave para el desarrollo de las economías rurales africanas (Facundo González Sembla, El economista, 2020). Las exportaciones con los países africanos se concentran tanto en los receptores de nuestros productos como en las categorías de los mismos. Es un desafío para la política exterior argentina la diversificación de ambas aristas, con miras a la mejor colocación de nuestros productos y a profundizar estos vínculos caracterizados por intermitencias.

En el plano político, la relación entre nuestro país con los africanos no es para menospreciar.  Los 54 miembros de la ONU que pertenecen a ese continente a su vez integran el grupo de los 77 + China (G77 + China), que actualmente cuenta con 134 representantes. Este bloque, que integra a países en vías de desarrollo, sub-desarrollados, economías de ingreso bajo y emergentes realiza declaraciones conjuntas sobre temas vinculados al comercio, medio ambiente, agricultura, alimentación y energía, entre otros, y vota frecuentemente en bloque en la Asamblea General del organismo en asuntos relevantes. Sin ir más lejos, el apoyo del grupo resultó fundamental cuando, en 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó con 136 votos a favor la resolución presentada a instancias de nuestro país sobre reestructuraciones de deudas soberanas. Un dato que no podemos dejar de señalar al analizar este fenómeno es la visita (previa) de alto nivel de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner junto a empresarios y funcionarios en 2012 a Angola, con el objetivo de profundizar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. 

Asimismo, el apoyo de los países africanos también es de vital importancia ante las presiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC, antiguo GATT) para la liberalización de aranceles de ingreso de productos manufacturados en los asociados y la trabazón de la Ronda Doha del organismo. En este sentido, la agenda de ampliación de la cooperación Sur-Sur con el continente se evidencia relevante ante la ampliación de agendas, la reapertura de misiones diplomáticas y la decisión de robustecer las ya existentes.  En resumidas cuentas, buenas relaciones con los países africanos suponen buenos vínculos internacionales para asuntos relevantes en línea con nuestras prioridades de desarrollo.

Si pretendemos extraernos del estricto presente y pensar en términos estratégicos, también vemos que el continente africano es uno de los que se proyecta crecerán con más énfasis. En los últimos años, China, Rusia, Brasil y la Unión Europea han comenzado a prestar más atención a lo que ocurre en esa zona y a profundizar los lazos previendo una mejora en las condiciones de los países de África. Sin ir más lejos, una parte significativa de ellos está incorporado al programa de desarrollo e infraestructura chino “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (BRI, por sus siglas en inglés) que impactará de manera positiva en las inversiones y desempeño de sus economías. Una consecuencia esperable de este fenómeno es que, ante economías en crecimiento y mayores demandas de insumos, aumente también la necesidad de importación de alimentos, área en la que nuestra región, y en especial Argentina, se destacan. Una balanza comercial actualmente superavitaria puede verse potenciada ante el crecimiento de sus socios, que resultaría en un fortalecimiento del ingreso de divisas, tan necesarias para nuestros compromisos internacionales. 

Por otro lado, la diversificación de socios comerciales es un reaseguro para nuestro país en la búsqueda de evitar la dependencia de economías centrales. Un redireccionamiento de las intenciones de dichos países podría implicar, en un entorno de lazos muy profundos, una pérdida sustancial y un peligro concreto hacia la entrada de divisas, máxime en un contexto de disputa hegemónica entre las dos principales potencias globales (China y Estados Unidos). Una estrategia de desarrollo diversificado debería incluir para nuestro país múltiples socios comerciales, amplios destinos de venta y atomización de los productos comercializados.  

Por todo esto, África como destino de nuestra producción exportable, como socio político ante foros internacionales (dadas nuestras inquietudes vinculadas) y como horizonte de proyección estratégica, se devela fundamental para los intereses de nuestro país. Entonces, cuando nos digan “¡Vamos hacia África!”, podemos responder con confianza “¡Sí! Vayamos”.

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