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Un país dispuesto a morir por Cristina

Con cada denuncia de la señora me hervía la sangre. Quería salir a las calles a enfrentar a los enemigos de la Patria, con fierros que me iba a prestar D'Elia.

Extraído de La Nación

Por Carlos M. Reymundo Roberts

La verdad, estuve toda la semana a los saltos. Con cada denuncia de la señora me hervía la sangre. Quería salir a las calles a enfrentar a los enemigos de la Patria, con fierros que me iba a prestar D'Elia.

Anteayer fui al acto de Cristina en Ezeiza. Me habían dicho que ahí, durante el discurso, iba a oír el grito de guerra, un santo y seña que indicaba la hora señalada. El momento de pasar a la acción. Imagínense cómo seguí sus palabras. Una de las semanas más dramáticas de nuestro gobierno -corridas, desacato, complots, el raje de Fábrega - estaba llegando a su punto culminante. Al principio, el mensaje fue por el lado de la entrega de viviendas, de las obras que hicimos en todo el país y de no sé cuántas maravillas más. Hasta que, de pronto, como quien no quiere la cosa, ella lo dijo. Erguida frente al micrófono, flequillo al viento, mirada feroz, tono marcial, lo dijo. ¿Qué dijo? Que debemos estar muy atentos a las bondades del girasol confitado.

Ustedes me preguntarán qué tiene que ver el girasol confitado (o confitero, que es el nombre correcto) con el golpe de los mercados y el atentado contra la vida de nuestra Presidenta que está urdiendo la CIA. Tiene todo que ver, cosa que descubrí al meterme en Google. Resulta que el confitado es, según los expertos, la variedad de girasol que mejor resiste el ataque de las aves. ¿Se dan cuenta? Cris no estaba hablando de bueyes perdidos, no había mezclado los apuntes o la medicación, ni sus palabras eran fruto de cierto delirio ornitológico. Lo que nos estaba diciendo, muy en sus cabales, es que detrás de un posible atentado y de este ataque especulativo que amenaza con hacer saltar el país por los aires están los buitres, aves rapaces que van contra todo. Pero no pasarán porque disponemos de un antídoto: el girasol confitado.

Yo ya tenía, pues, mi santo y seña. Era la hora de atacar. Un buen kirchnerista no sólo da fe de compromiso con la causa en su cuenta bancaria o en la asistencia religiosa a actos. Ni siquiera aplaudiendo -en nuestra doctrina, un tesoro de indulgencias- uno se gana el cielo de Olivos. Llegan instancias en las que hay que dejar la piel. Estoy dispuesto a hacerlo. ¿Por qué enemigo empiezo? La verdad, ella nos está poniendo las cosas complicadas. Es como que en cada discurso va engrosando la lista. Veamos a los que les apuntó esta semana: Obama , el Departamento de Estado, el encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos, Griesa (me encantó cuando dijo que era un juez "senil" y "municipal"; es como que en el fondo le está tomando cariño, ¿no?), los fondos buitre, las cuevas, los empresarios, los poderes concentrados, los banqueros, el campo, los exportadores, las automotrices, los medios, los analistas económicos, Duhalde. ¿Me olvidé de alguien? Ah, sí, qué descuidado: Fábrega. Increíble lo de este tipo. Más de 50 años de amistad con Néstor, consejero de la familia, soldado de la causa, eficiente presidente del Nación y el hombre que vino a apagar el fuego en el Banco Central y en la City. Si no fuera por Kicillof no nos hubiéramos enterado de que tan fiel servidor en realidad era un trucho que laburaba para los especuladores, un conspirador, un destituyente. Y un corrupto. Lástima que Néstor, que era tan despierto, no haya tenido tiempo de conocerlo bien. Yo siempre sospeché de él, pero estaba dateado. Boudou me había dicho: "Ojo con ése, que anda en cosas raras".

Según parece, la semana que viene se ampliará la lista. En un discurso por cadena, o en alguno de los tres patios, o en una teleconferencia, o en un acto para inaugurar un pasillo en un hospital del conurbano, o en otro acto para inaugurar algo que todavía no se hizo, la señora va a desenmascarar a una nueva ristra de enemigos de la Patria: farmacéuticos, relojeros, mozos,coiffeurs, coleccionistas de arte, jubilados, enfermeras, monjas, acomodadores de cines, azafatas y limpiadores de vidrios en edificios de altura. Toda gente que, como Fábrega, a primera vista te engañan. Sólo cuando los pasás por el tamiz de Máximo o de Kichi descubrís su naturaleza buitrácea.

Como les decía, no sé bien por dónde empezar, pero algo hay que hacer. La Presidenta acaba de denunciar que es víctima de un complot global, que si va a Estados Unidos van a querer meterla presa, que fue amenazada por Estado Islámico por ser amiga del Papa y que si le pasa algo no hay que sospechar de Estado Islámico, sino de Obama. De lo que concluyo (si entendí bien, porque convengamos que no es fácil seguir el hilo) que Obama la quiere matar por ser amiga del Papa y le hace llegar las amenazas a través de Estado Islámico. Pero Obama acaba de declararle la guerra a Estado Islámico. Y Obama ha hablado maravillas del Papa. Y el Papa ha condenado a Estado Islámico. ¿Por qué corno le molestará a Obama que la señora sea amiga del Papa? Pobre Cris, la han metido en el medio de un gran bolonqui. Qué caro le está saliendo ser una figura de renombre universal.

Por suerte, me tiene a mí, y a La Cámpora, y al 54% de los argentinos. Bueno, quizás algo menos: un 50%, o 40, o 30 y pico. Nunca menos del 25%. Una bocha de gente. Todos dispuestos al sacrificio. Al sacrificio en grado extremo. Al heroísmo. A aguantar un poco antes de salir corriendo a comprar dólares.