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Un jubilado que participaba de marchas anticuarentena murió de coronavirus

En un principio se creyó que su fallecimiento se había producido por un infarto, pero al ser una muerte dudosa y en plena cuarentena, el juzgado interviniente colocó una faja en la casa.

Un jubilado de 74 años que participaba asiduamente de las marchas anticuarentena y se movilizó hacia el Obelisco porteño en pleno aislamiento social, preventivo y obligatorio falleció por coronavirus el pasado 15 de junio en su departamento del barrio de Mataderos.

Se trata de Ángel José Spotorno, quien organizaba acciones callejeras políticas desde las redes sociales, ya que descreía que le pudiera pasar algo mientras estaba enfurecido contra la cuarentena.

"De los 90 días que vivió en cuarentena, unos 85 habrá estado en la calle. Él siempre se cuidó mucho, no tenía ninguna enfermedad ni había tomado nada. Era mi único primo hermano. Teníamos muy buena relación", recordó su prima Marita Riera.

La mujer relató que "tenía un montón de nombres en Facebook y era administrador de grupos de WhatsApp diferentes", al tiempo que "lo bloqueaban a cada rato, estaba entretenido y decía que los comunistas no tenían que volver y que no quería ver una bandera roja".

Militante del PRO y con residencia en la Avenida Juan Bautista Alberdi al 7000, Spotorno hablaba permanentemente de todos los temas posibles, entre ellos, sus convocatorias virtuales: cacerolazos, marchas y de política.

"Un día él me dice ´fui a la concentración en el Obelisco´. Hablamos hasta la 1 de la madrugada. Le dije que no entendía por qué hacía esto sabiendo que la mayoría de la gente cumplía la cuarentena y él no. Estaba muy enojada, al punto de decirle que si le llegaba a pasar algo, que deje una notita declarando que no iba a ocupar una cama de terapia intensiva", describió Riera en declaraciones al portal Infobae.

"Argentina no se rinde" y "La República nunca será roja" eran las páginas de Facebook que administraba este jubilado, quien siempre se tomó el colectivo para ir a las marchas y no evitaba el distanciamiento social recomendado.

Riera detalló que tras la última conversación pasó una semana y él la llamó para decirle "me la pesqué", en referencia al Covid-19.

Spotorno empezó a sentirse mal y a faltarle el aire, por lo que el 10 de junio fue al Hospital Álvarez y en la guardia le midieron la temperatura, le recomendaron tomar paracetamol y hacerse vapores de sal.

Ya con algo de mucosidad, a los tres días concurrió de nuevo, pero los médicos le diagnosticaron que debía ser una alergia, por lo que le sugirieron que abra las ventanas de su casa.

Desde entonces ya no volvió más y, según Riera, se comunicó en varias oportunidades con la línea 107.

De acuerdo a la reconstrucción que pudo hacer la familia, el lunes 15 de junio Spotorno conversaba por chat con una compañera de partido hasta que, súbitamente, dejó de contestarle los mensajes.

La última conexión quedó marcada a las 22.20 y la misma mujer le había solicitado hacía un tiempo a Ángel el número de sus hijas para tener su contacto ante cualquier eventualidad.

Esta persona dio el aviso a la familia que algo estaba pasando, pero pensaron que podía estar sin luz o con la batería agotada del teléfono celular.

Al día siguiente, Spotorno continuaba sin responder y una de las hijas fue hasta el departamento y tocó el timbre. Como no hubo respuestas, la mujer le tocó el timbre a otro vecino para que compruebe el domicilio de su padre.

Como la puerta estaba cerrada desde adentro llamaron al 911 y con la asistencia policial lograron entrar.

Allí se encontraron con el peor panorama, su padre muerto sentado en uno de los sillones al frente del televisor.

En un principio se creyó que su fallecimiento se había producido por un infarto, pero al ser una muerte dudosa y en plena cuarentena, el juzgado interviniente colocó una faja en la casa.

El departamento requería ser desinfectado y había que resolver algunos temas prácticos.

Los gatos de Spotorno, por ejemplo, seguían dentro del domicilio y requerían ser alimentados y recuperados.

Cuando logró ingresar a la casa, su prima hermana pudo comprobar, al igual que las hijas, que Ángel había dejado un termómetro sobre una de las mesas y el mismo marcaba 38 grados.

El certificado de defunción de la morgue llegó el sábado 20 y allí se despejaron las dudas: "Neumopatía" y "Covid-19".

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