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Twitter o la dialéctica del amo y el esclavo

Twitter, el centro de encuentros y desencuentros en una suerte de duelos a muerte.

CAÍN: ¿Violencia, Tatita?

TATITA: No. Dialéctica, infeliz. La miseria no es pelear. Miseria es matar al par. El uno crece de a dos. El dos peleando es armonía (...) El uno, sólo crece monstruo…

TERRENAL
(Pequeño Misterio Ácrata)
Mauricio Kartun

Suma de encuentros y desencuentros, el debate en twitter ha devenido, en muchos casos, en una suerte de duelo a muerte en el que, la primera sangre, no sólo no calma a quienes argumentan (¿combaten?) sino todo lo contrario: fieras cebadas, los ataques se profundizan, como si lo único que pudiera devolver tranquilidad fuese la aniquilación (bloqueo + denuncia) de quien expresa una idea distinta que, muchas veces, ni siquiera es diametralmente opuesta. 

Lo particular de estas situaciones es que se dan con la misma frecuencia entre personas políticamente enfrentadas (a veces mortales versus trolls) como entre miembros de lo que podría denominarse una comunidad de ideas, o un mismo espacio político. Incluso diría que con más ferocidad entre quienes, aparentemente, comparten ideologías, miradas, posiciones. Y, particularmente, entre quienes militan en el amplio arco del populismo (porque la Derecha, nos guste o no, siempre es más ordenada, más tutelada, más obediente). 


¿Cuáles son los motivos de esta suerte de disputa entre iguales/compañeros/camaradas/correligionarios?

En principio esa condición de “
incorregibles” con la que Jorge Luis Borges definía al peronismo, ergo, al populismo. Nuestra inveterada tendencia a expresar posturas intransigentes (extraña característica en personas que dicen pertenecer a un Movimiento) lleva a que discutamos más entre nosotros que con los otros. No es de hoy, claro. “Qué pasa General que está lleno de gorilas el Gobierno Nacional” decían los estúpidos imberbes cuando Juan Perón los echó de la Plaza (acéptenlo como metáfora, por favor. Si no, vamos a estar años discutiendo si se fueron, si eran imberbes, quién se equivocó, etc. etc.). 

Claro, ya no está Perón pero, hay cientos de portadores de “peronómetro”, “populismómetro” y hasta de “progresímetro”, siempre dispuestos a correrte por izquierda, siempre alterados en busca de la pureza del leguaje, siempre comprometidos con el absoluto ejercicio de la literalidad: siempre “tostkeándola on line”. 

No estoy libre de pecado. Tampoco creo estar tirando la primera piedra. Creo sí, que si pudiéramos abstraernos de la hoguera de vanidades (léase: la batalla de egos) y confluyéramos en una comunicación más distendida (menos estructurada, nada estática) y menos agresiva, no habría manada de trolls de la Derecha capaces de ganarnos el territorio virtual. 

Qué digo con esto (y aclaro que no es un decálogo de buenas prácticas) 

  • Leamos detenidamente, pensemos lo dicho dos veces y tratemos de interpretar en la línea que viene desarrollando su discurso, al compañere que nos parece merecedor de nuestra crítica. 

  • Si nos seguimos mutuamente, o tenemos confianza, llevemos ese comentario crítico al ámbito privado del Twitter, o sea al Mensaje Directo. 

  • Admitamos que existe la ironía: tratemos de no comernos la curva a cada rato y juguemos a dejar de ser literales en todo.

  • Evitemos las confusiones: cuando respondemos un tuit, por ejemplo, pensemos que lo que escribimos será tomado en forma personal por quien escribió el tuit en cuestión, aunque lo que haya hecho sea retuitear con comentario. Eso es para evitar, por ejemplo, que si X compañera retuitea a Carrió con un comentario burlón, no le contestemos “Callate, gorda mentirosa”, porque la compañera X puede creer -con razón-, que le responden a ella cuando, en realidad, lo que se intenta es responderle a Carrió. 

  • No seamos botones. No corramos a contarle a los tuiteros amigues que otro lo está insultando, agrediendo, desafiando o lo que nos parezca criticable. Podemos quedar pataleando en el aire.

  • Disculpemos al compañere que no consigue expresar lo que quiere. Tengamosle paciencia: Pocos logran la síntesis y, a la vez, la precisión semántica.

  • Disfrutemos. Informemos. Juguemos. Ayudemos. Hasta Amemos, si se puede. Pero no usemos a las redes de instrumento catártico: muestra un nivel de debilidad al que uno no debe exponerse.

Ideas, nada más. De las que, vuelvo a decir, no estoy excluido. Para evitar caer en la tentación de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo porque, como ya lo explicó el filósofo alemán, llevado a su extremo, toma la forma de una lucha a muerte en la que uno domina al otro, sólo para darse cuenta que esto no le da el control sobre el mundo que había buscado”.

Y si tanto es el deseo de “vencer”, podemos apelar a la esencia dialéctica de la discusión sólo por el placer filosófico que esta produce cuando apenas si intenta persuadir. Con Pathos, con Ethos, con Logos y hasta con Eros… pero sin Thanatos. Cuidémonos entre nosotros. Dejemos la violencia para Ellos.

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