Trabajadores de Fate rompieron el alambrado y tomaron la planta tras el anuncio de cierre
Tras el anuncio de cierre “total, definitivo e irreversible” de Fate y el despido de 920 empleados, trabajadores del SUTNA rompieron el alambrado e ingresaron a la planta de San Fernando para impedir la paralización. Con la conciliación obligatoria dictada por el Gobierno y fuertes cruces políticos y sindicales, el conflicto escala y pone en jaque a uno de los emblemas históricos de la industria nacional.
La crisis en la histórica fabricante de neumáticos Fate sumó este miércoles un nuevo capítulo de máxima tensión. Tras el anuncio de cierre definitivo y el despido de 920 trabajadores, sindicalistas y empleados rompieron un alambrado perimetral e ingresaron a la planta de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando. “No nos movemos hasta que restablezcan los puestos de trabajo”, advirtieron.
Integrantes del SUTNA se manifestaron tanto dentro como fuera del predio, mientras algunos operarios permanecían en el techo del establecimiento como parte de la protesta. Según fuentes policiales, el secretario general del gremio, Alejandro Crespo, junto a otros trabajadores, ingresó al predio luego de cortar el cerco perimetral “con intenciones de tomar la fábrica”. En un primer momento fue demorado y luego liberado.
Conciliación obligatoria por 15 días
En paralelo, el Gobierno nacional dictó la conciliación obligatoria por 15 días y ordenó dejar sin efecto los despidos. La medida fue formalizada por la Secretaría de Trabajo que conduce Julio Cordero, en el marco de la Ley 14.786, y establece la apertura de un período conciliatorio a partir de las 13 de este miércoles.
Desde Nación indicaron que el sindicato no asistió a una de las convocatorias iniciales. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo bonaerense —a cargo de Walter Correa— también dictó una conciliación obligatoria tras una audiencia en la que participó el gremio pero no la empresa.
El Ejecutivo convocó a Fate y al SUTNA a una audiencia conciliatoria para intentar acercar posiciones, en un conflicto que ya tiene impacto político y sindical.
Los motivos detrás del cierre
Horas antes de que los trabajadores se encontraran con la planta paralizada, la empresa había comunicado al Gobierno la “cesación total, definitiva e irreversible” de sus actividades. Argumentó un escenario de caída sostenida de ventas, pérdida de competitividad, avalancha de importaciones —especialmente desde China— y un prolongado conflicto gremial.
La firma, perteneciente al holding de la familia Madanes —también dueña de Aluar— venía operando al 30% de su capacidad instalada y había solicitado en noviembre de 2025 la prórroga de su Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC), el tercero desde 2019.
Según trascendió, en las reuniones previas el gremio rechazó una propuesta de reducción salarial planteada por la empresa y reclamó aumentos en línea con la inflación acumulada. Desde el sindicato sostienen que llevan 14 meses sin actualización de sueldos y atribuyen la crisis a factores macroeconómicos y a la apertura importadora.
Reacciones políticas y empresarias
La escalada del conflicto generó reacciones en distintos sectores. La Unión Industrial Argentina (UIA) expresó su preocupación por el cierre y advirtió sobre la pérdida de empleos y la competencia desleal de productos importados. “Cada planta industrial que se apaga implica la pérdida de conocimiento acumulado y entramados productivos que tardan décadas en construirse”, señalaron.
Desde la Confederación General del Trabajo (CGT) vincularon la situación al modelo económico y ratificaron el paro nacional de 24 horas convocado para este jueves 19 de febrero contra la reforma laboral. “Esto responde a una apertura indiscriminada que afecta a la industria manufacturera”, afirmaron sus dirigentes.
En tanto, el gobierno bonaerense encabezado por Axel Kicillof cuestionó a la administración nacional y aseguró que “las consecuencias del modelo están a la vista”, en referencia a los más de 900 trabajadores afectados.
Un capítulo clave para la industria
El cierre de Fate no solo impacta en sus empleados directos. Durante más de ocho décadas, la compañía fue parte estructural del entramado industrial argentino y un actor relevante en la cadena de valor automotriz.
Ahora, con la conciliación obligatoria vigente y la planta ocupada por trabajadores que resisten el cierre, el conflicto entra en una etapa decisiva. La clave será si el período de negociación logra revertir una decisión que la empresa ya calificó como “irreversible”, o si el histórico establecimiento baja definitivamente la persiana en medio de una de las crisis industriales más resonantes de los últimos años.
Dejá tu comentario