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Tenemos problemas de convivencia

Los argentinos no nos caracterizamos por el respeto de las normas de convivencia en general, a tal punto de menospreciar la vida de nuestros prójimos, nuestra familia e incluso la propia.

Décadas de funcionamiento de la sociedad bajo el concepto de que quien no respeta la ley, no solamente no tiene mayores consecuencias, sino que muchas veces sale beneficiado en relación a quien se esfuerza por cumplirla, evidentemente ha impactado en nuestra conducta individual y grupal.

Tenemos, cargamos, heredamos de generación en generación, una rebeldía sobre el orden establecido y en particular sobre quién tiene la responsabilidad directa de ejercerlo.

Aunque hoy parezca imposible de creer, no siempre fue así, esta sociedad fue cambiando con el tiempo y no precisamente para mejor en este aspecto. Es cierto que también ha habido cambios en el mundo en el mismo sentido, pero no tan profundos como los de la Argentina.

Los argentinos fuimos perdiendo poco a poco, a golpe de desengaños y maltratos de las autoridades de todo tipo, que debieran dar el ejemplo, el respeto por el bien común, cambiándolo por algo parecido al "sálvese quien pueda".

Basta observar en nuestra vida diaria los comportamientos, donde la falta de educación y el destrato para con los demás se encuentra a la orden del día. Desde tirar la basura en la casa del vecino o en la calle, hasta usar la bocina del auto como un arma agresiva; o desde no cuidar los árboles y las plazas públicas hasta hacer la vista gorda ante el flagrante delito.

Obviamente que hay excepciones y a la par de esta conducta creciente conviven vecinos y ciudadanos respetuosos y muy bien educados que dan el ejemplo desde su lugar en la sociedad, los cuales deberían ser imitados. Pero en líneas generales tenemos un problema en cuanto a acatar el orden establecido para que la comunidad se desenvuelva armoniosamente.

Un pequeño ejemplo de lo que nos pasa se ha visto reflejado en la conducta deslucida de uno de los jugadores de fútbol más reconocido y querido, en el país y en el mundo. Carlos Tévez, enfrentado con el técnico de su equipo inglés, se negó a entrar a la cancha cuando le fue requerido. Algo que aquí hubiera pasado desapercibido o justificado, en Inglaterra fue duramente condenado al punto tal de recibir sanciones disciplinarias en el club y sanciones sociales de repudio en los ámbitos sociales donde Tévez se desempeña.

Al opinar sobre la situación, Ricardo Julio Villa, ex futbolista argentino que jugó 5 años en Inglaterra, fue contundentemente claro sobre nuestro accionar: "Nos falta la disciplina, la responsabilidad, el orden... En general somos bastante difíciles. Nos cuesta aceptar las realidades que nos tocan vivir. Nuestra sociedad está un poquito enferma. No respetamos, no acatamos, no nos encuadramos, son todas excusas en la Argentina... El nivel de excusas es muy grande, mucho más en el ambiente del fútbol".

Violencia escolar

Otro ejemplo mucho más significativo se observa en la denominada violencia escolar, que cada vez con más frecuencia y espectacularidad se hace presente en el ámbito que debería ser el menos propicio para ello.

En una escuela de Pergamino, una madre con un fierro y su hijo con un cuchillo atacaron a golpes al rector de un colegio secundario hasta dejarlo inconciente.

En La Matanza, una maestra fue agredida en la puerta de su casa por una madre de una alumna de primer grado. Una trompada en la cara apenas abrió la puerta sin mediar ninguna discusión. En Tres Arroyos, una directora fue increpada y luego atacada a trompadas por la madre de dos alumnos, mientras el padre cortaba con un cuchillo las gomas del auto de la docente.

El jueves, en nuestra ciudad, un estudiante de 4º grado de la Escuela Agustina Palacio de Libarona se presentó en la institución con un cuchillo tipo carnicero y amenazó a un alumno de 6º grado, antes del izamiento de la bandera. La situación no llegó a mayores ante la valiente intervención de una maestra que se interpuso.

Maestros, profesores y directores relatan mil anécdotas desagradables de violencia verbal o física que sufren a diario en las escuelas, donde la autoridad que antes distinguía a quien enseñaba era incuestionable.

Estamos evidentemente ante un problema no sólo de la educación en las escuelas, sino de educación fundamentalmente en el seno de la familia, donde en muchos casos la autoridad no se la ejerce como consecuencia de la ejemplaridad de conductas, sino que se la pretende obtener por la fuerza, con actos violentos que cada vez deben ser mayores hasta que el agredido pierde todo respeto y comienza a agredir a sus agresores.

Todo un círculo irracional de violencia que solamente puede tener los resultados que estamos observando.

El caos en el tránsito

En otro aspecto que advertimos a diario la falta de respeto por la vida propia y ajena, es en el comportamiento de la sociedad cuando se moviliza en todo tipo de vehículos, en las rutas y calles de la ciudad.

Un verdadero caos en el tránsito domina la escena, con accidentes diarios donde mueren personas o quedan con secuelas para toda la vida, en accidentes que en el 90% de los casos se podrían haber evitado simplemente con respetar las normas viales.

Felizmente se ha tomado la determinación política de ejercer la autoridad en las calles, mediante la disposición de gran cantidad de operativos y permitir la acción policial en materia de tránsito.

En pocos días se han alcanzado asombrosos resultados, evitándose muchos accidentes que incluso podrían haberle costado la vida a muchas personas. Sin embargo la reacción de muchos infractores conlleva un grado de violencia inusitada que nos debe hacer reflexionar. Porque en definitiva, nos estamos revelando contra quienes nos están protegiendo.

Entonces, es evidente que estamos ante un serio problema de conducta que como sociedad debemos analizar profundamente y actuar en consecuencia para corregirlo, de otra manera la vida en comunidad se convierte en un verdadero calvario de violencia y muerte.
Es en el seno de las familias donde debe actuarse con responsabilidad, empezando por los padres que deben dar el ejemplo y educar en un clima de armonía, ejerciendo su autoridad como corresponde.

Luego la educación y el ejemplo deben seguir en la escuela donde debe reestablecerse el principio de autoridad del maestro, que debe ser formado, respetado y apoyado como tal.
Finalmente, son las autoridades del país todo las que deben velar por la defensa de la familia como institución y para la justicia se imponga lo más ampliamente posible, con claras reglas donde quien se comporta inadecuadamente paga las consecuencias y donde quien actúa correctamente es premiado.