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Somos diferentes y algunos no son

Hace mucho tiempo que estamos acostumbrados a ver muchos analistas económicos en los distintos medios de comunicación y que la gente queda completamente perpleja sin entender lo que dicen o lo que quieren decir.

Para poder entender ello debemos saber que dentro de quienes analizamos los datos económicos y/o realizamos propuestas -ya que la gran mayoría no hacen propuestas y analizan o critican- mientras nos permitan en tiempo en esos medios, existen 2 posiciones los ortodoxos y los heterodoxos o mejor dicho los clásicos/liberales/libertarios y los  desarrollistas/keynesianos/reformistas.

Los primeros incluyen obviamente a los que creen en la mano invisible del mercado o también llamado libre juego de la oferta y la demanda debiendo dejar todo librado a los buenos oficios de los integrantes de la sociedad que intervienen en el proceso económico (llámense productores, comercializadores, distribuidores) y en el segundo grupo estamos los que creemos que el estado debe intervenir en la economía estableciendo regulaciones para equilibrar la balanza entre los que poseen los medios/actores económicos con los consumidores finales que son los más desprotegidos y no poseen forma de sentarse a una mesa de negociación.

Para saber qué clase de economía se puede ejecutar en un país debemos entender, sobre todo, cómo procede su sociedad, puesto que no es lo mismo la sociedad de un país desarrollado que la de un país emergente u otro de frontera.  Solamente en un país desarrollado se pueden aplicar políticas de libre mercado ya que su sociedad está acostumbrada a generar circunstancias desde los consumidores que puedan ser escuchadas por los empresarios que realizan productos y servicios; en cambio en los países emergentes y más en los de frontera la mayoría de los empresarios no escuchan/entienden las posiciones de los consumidores y solo piensan en obtener la mayor ganancia posible sin importarle que piensan/sienten los consumidores  de servicios y productos. En este último caso es necesario un estado interviniente para evitar que existan solo 2 clases sociales, la alta muy alta y la baja; en nuestro país (casi único en Sudamérica) desde la década del ’40 del siglo XX existe la clase media y a pesar que hay muchos que cayeron a la parte media-baja todavía persisten en ella llegando en casos hasta el ascenso social del tipo “mijo el dotor” que se posibilitó primero con el acceso a la educación universitaria pública con la reforma de 1918 y finalmente desde 1949 cuando las universidades públicas fueron gratuitas por el Decreto 29337/1949 lo que permitió que se incorporarán hijos de trabajadores a ese nivel de educación.

En ambos grupos los diagnósticos que realizan son coincidentes, pero la diferencia mayor es la forma que enfrentan la salida de los problemas. Mientras los primeros siempre tienden a ajustar el gasto que se realiza desde el Estado y por ende a su clásica receta de AJUSTE constante, en los segundos la posición generalmente es cómo se mejoran los ingresos sin ahorcar a la sociedad para que ante el crecimiento de la recaudación el gasto termine reduciéndose en el porcentaje que representa.

A todo esto debemos entender también que desde la década del ’70 se encuentra vigente la Ley 20.488 que regula la actividad de los profesionales en ciencias económicas y establece en su artículo 7 que “solamente pueden utilizar las palabras experto económico, asesor económico, analista económico, auditor en términos particulares y economista en términos generales aquellos que posean títulos de grado de alguna de las carreras dictadas en las facultades de ciencias económicas del país”, eso quiere decir que no es factible que alguien que no posea formación universitaria en el tema económico o solo por el hecho de realizar algún estudio de posgrado se considere autorizado para hablar de la materia más allá del sentido común. 

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