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Secuestro virtual al rector de la Universidad de La Matanza

Daniel Martínez contó que lo hicieron escuchar una chica que lloraba y que "por suerte fue plata" porque pensó que no iba a ver más a su hija.

El rector de la Universidad Nacional de La Matanza, Daniel Eduardo Martínez, fue víctima de un secuestro virtual en el que lo engañaron con que su hija estaba secuestrada y pagó un abultado rescate pero todo era una farsa.

Fuentes judiciales informaron a JusticiaCero que el hecho se produjo esta madrugada cuando Martínez recibió un llamado extorsivo en su domicilio de Ramos Mejía en el que le advertían que su hija estaba secuestrada.

La particularidad del caso es que los secuestradores virtuales utilizaron la nueva táctica de imitar la voz y el llanto de la supuesta persona cautiva.

Como suele suceder en estos casos, los delincuentes obligaron al rector a no colgar nunca el teléfono y a dejar el dinero del rescate en una bolsa que pasaron a buscar por la esquina de su casa.

Fuentes de la investigación revelaron que "le quitaron una suma muy importante" por este falso secuestro.

Cuando cortó con los delincuentes y pudo llamar a su hija, comprobó que todo había sido un engaño y que la joven nunca había sido secuestrada.

Martínez denunció esta tarde el hecho en la Fiscalía Federal 1 de Morón, a cargo de Sebastián Basso, quien ya puso a trabajar en la investigación a la División Antisecuestros de la Policía Federal Agentina, ya que no hay detenidos y el dinero aún no fue recuperado.

El fiscal Basso ya ordenó el seguimiento de los cruces telefónicos para rastrear la línea desde donde se produjo la extorsión y mandó a secuestrar los videos de las cámaras de seguridad de la zona para intentar obtener imágenes de la o las personas que pasaron a  cobrar el rescate.

En declaraciones a Hola Chiche por radio 10, el rector contó cómo fue el secuestro y dijo: "fue interminable. Gracias a Diós mi hija no tenía nada. Fue pagar plata y nada más por un secuestro que no existía".

Luego relató que los estafadores sabían cuál era su teléfono de línea a pesar de que no publica en guía, y además estaban al tanto de que su hija Valeria vive sola y no con él, lo que les facilitó la maniobra.

"Me pusieron al teléfono, una voz de una chica que lloraba, sollozaba. Pensé que era mi hija", contó.
 
Víctima del engaño, Martínez pagó el rescate y después se percató de que era todo un fraude.