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¿Proselitismo o políticas de fondo?

El acercamiento de la Unión Industrial Argentina (UIA) al Gobierno nacional puede ser positivo para definir políticas de Estado. Lo contrario sería negativo para la vida institucional del país.

Desde hace unas semanas, se viene produciendo un fenómeno que, en principio, debe ser calificado de positivo. Es el acercamiento de los sectores empresariales con el gobierno de Cristina Fernández, una relación que durante mucho tiempo fue difícil y por momentos muy tensa, particularmente en años posteriores al largo conflicto agropecuario de hace tres años.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner y también de su sucesora, el Gobierno diseñó y llevó a la práctica otras "alianzas estratégicas", con un papel protagónico de los grandes sindicatos –en particular la CGT conducida por Hugo Moyano​–, ciertos movimientos piqueteros, entidades de defensa de los derechos humanos y la izquierda peronista. Por un largo período, las relaciones del Gobierno con el empresariado estuvieron prácticamente congeladas.

Además, la Presidenta eligió como sus enemigos fundamentales a algunos medios de comunicación, al tiempo que montaba un aparato mediático oficialista de gran dimensión, que goza de todos los favores. Son medios que, en lo conceptual, pertenecen al Estado y no a un partido político, por más que la jefa del Estado haya obtenido la mitad del apoyo popular en las recientes elecciones primarias.

Incluso, en las últimas semanas, el gobierno kirchnerista endureció esa posición porque traspasó los límites del agravio y entró en el terreno del autoritarismo y de amenazas directas al ejercicio de la libertad de prensa. Miembros del Poder Ejecutivo que no pierden tiempo en aplaudir las críticas lanzadas por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, no propician, precisamente, un clima adecuado para el consenso y los acuerdos, ni con los empresarios ni con nadie.

Quizá exagerando el rol que le cabe como titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio de Mendiguren tuvo conceptos elogiosos hacia el "modelo" y llamó a profundizar las políticas actuales que, aseguró, defienden la producción nacional y alientan el sector fabril.

De todos modos, no cabe hablar –al menos por ahora– de una "alianza corporativa" con la CGT y UIA para enfrentar a los enemigos que imagina el Gobierno.

De Mendiguren sostuvo que el Gobierno debe impulsar cambios que "despejen muchas incertidumbres, como la puja distributiva, la falta de competitividad y de crédito para apoyar la inversión y la litigiosidad laboral". Todo esto es entendible de parte del empresariado, en especial si lo que se busca es la definición de políticas de Estado que permitan trazar la gran avenida por las que circulará el desarrollo argentino en un complicado mundo global.

Esa es la actitud que debe asumir el titular de una entidad sectorial con el peso de la UIA, más que excederse en elogios que tornan poco transparente la debida relación con el Gobierno.