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Privatizar no, regalar conocimientos

Con la aprobación de la Ley Bases y la no derogación en Diputados del DNU 70/2023, los cráneos “dialoguistas” de la gobernabilidad otorgaron una licencia para matar, al más puro estilo James Bond, que no fue ni más ni menos que autorizar privatizaciones que terminaron en casos de regalar algo que siempre tuvimos en nuestro suelo como es el conocimiento y en temas de corrupción que está desde los inicios de este gobierno —sí, de los que hablaban que eran “distintos” al resto y terminaron siendo los más corruptos de la historia desde que volvió la democracia—.

 

La primera empresa pública que privatizó fue la anteriormente llamada Industrias Metalúrgicas Pescarmona Sociedad Anónima o IMPSA, desde plena pandemia, cuando el gobierno nacional tuvo que realizar un salvataje económico para que no quiebre ni deje en la calle a parte de los 1.200 empleados y obreros que poseía, puesto que su producción era con tecnología de punta junto con el INVAP —lo mismo que hizo el Estado alemán con Lufthansa en la misma época—, dado que es una empresa de orden estratégico.

La particularidad de IMPSA es que realizaba productos llave en mano; es decir, se encargaba de hacer e instalar turbinas de centrales hidroeléctricas con la construcción necesaria a su alrededor para que las cobije. También se dedicaba a la creación de reactores nucleares con fines pacíficos en todo el mundo, incluyendo la mano de obra de instalación y los cursos necesarios para operarlos, lo que generaba un gran valor agregado al Producto Bruto Interno de nuestro país.

Cuando comenzó la actual gestión de gobierno, en conjunto con el INVAP y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), tenían el desarrollo del pequeño reactor nuclear modular en un 90% para terminarlo a fines de 2024, siendo el primer país del mundo en generarlo y colocarse a la vanguardia con muy altos ingresos para nuestra Patria.

El resultado de la paralización de obras e investigaciones anunciadas por Luis Caputo el 12/12/2023 a las 19.45 hs por cadena nacional fue, en primer lugar, dar por terminado el proyecto CAREM-25 (así se llama el reactor nuclear modular argentino) con la excusa de que “no servía y era intrascendente” y, en segundo lugar, en conjunto con quien gobierna la provincia de Mendoza, privatizar una empresa de punta en tecnología y energía para venderla por el módico monto de U$S 27 millones, o mejor dicho, regalar el esfuerzo y conocimiento de tantos argentinos.

El fin de esto no era otro que beneficiar a potencias extranjeras que venían rezagadas en la misma tecnología en el orden de 3 o 4 años, para que no se enojen con “nosotros”, puesto que nunca fuimos una economía complementaria sino plenamente competitiva.

Eso ocurrió en julio de 2025 para que, en esta última semana, nos enteremos de que la empresa que adquirió las acciones de IMPSA empieza a exportar las piezas del CAREM-25 como repuestos de quienes venían cuatro años atrasados, para que puedan copiar la tecnología de nuestra industria nuclear con fines pacíficos, que existe desde 1947 y fue impulsada por el presidente Juan Domingo Perón en la Isla Huemul, en Bariloche. Luego también se produjeron en nuestro país los Pulqui 1 y 2, los primeros aviones a reacción creados en el hemisferio sur.

Lo que produce la venta de las partes del CAREM-25 es menos de la mitad de lo que podría aportar a las reservas internacionales del BCRA, que desde el 11/3 al 19/3 pasado perdieron un total de U$S 2.341 millones sin la realización de pagos. Esto implica no solo perder la posibilidad de vender un producto plenamente argentino con el modelo llave en mano, sino también la facturación por el conocimiento como servicio adicional indispensable para su funcionamiento.

Es necesario indicar que los SMR —así se denominan en el mundo estos reactores— se utilizan para generar energía eléctrica con capacidades de hasta 300 MW como energías limpias, además de incorporarse como proyectos MDL de Naciones Unidas con el beneficio de bonos verdes no reintegrables. Traducido, esto significa un gran ingreso de divisas que tanta falta le hacen a las reservas, más aún cuando el FMI anunció que no otorgará los U$S 1.050 millones producto de la segunda revisión del acuerdo de abril de 2025 por no cumplir con la acumulación de reservas.

Pero siempre que hablamos de este gobierno también hablamos de corrupción, porque quien estaba a cargo del proyecto nuclear no era otro que Demian Reidel, quien tuvo que renunciar luego de demostrarse en los medios que saldó una deuda de cerca de $880 millones en el transcurso de 15 días, como lo publicamos en “El número favorito es 100 o 1000” del 01/02/2026.
https://www.newsdigitales.com/nota/324226/el-numero-favorito-es-100-o-1-000/

También esta semana conocimos el dato oficial de la desocupación, que fue en diciembre de 2025 del 7,5%, y se espera que el dato de marzo —que se publica el 22 de junio de 2026— sea todavía muy superior. Esto se debe a que incluye el caso FATE y sus periféricos, que suman cerca de 3.000 familias o 12.000 argentinos, además del resto de las empresas cerradas hasta el viernes 20 de marzo y las que podrían cerrar en los días hábiles restantes, incluyendo el mayor frigorífico avícola del país, con impacto en PBA, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. Por eso, se estima que el dato no podría ser menor al 8,5%.

Debemos aclarar que los datos estadísticos se están leyendo mal —o se leen como conviene desde el oficialismo—. El PBI creció de punta a punta en el orden del +3,5% y no +4,4%, que surge simplemente de promediar los cuatro trimestres, lo cual no es más que un promedio y no refleja la variación real.

Sobre el final de la semana también se conoció que es muy probable que el swap con el Tesoro de Estados Unidos esté caído y, por lo tanto, el ministro Caputo pretenda negociar otro salvataje financiero —¿y van?—, esta vez con Israel e Italia. Sin embargo, esto no parecería viable, dado que ambos países están involucrados en el conflicto actual con Irán: Israel en pleno enfrentamiento e Italia en la zona del mismo.

cuadro medina
Mientras tanto, en el plano local, los operadores financieros están dejando los instrumentos tradicionales de la “bicicleta” para volver a posicionarse en activos atados a la inflación, anticipando que seguirá una tendencia ascendente.

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