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Prejuicios y otras intoxicaciones

*Por Daniel Muchnil. Las conclusiones del Informe elaborado por el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos, a pedido de la Daia, sobre ‘Actitudes hacia los judíos en la Argentina‘ parece haber sorprendido a muchos.

El universo encuestado abarcó 1510 personas de uno y otro sexo, de 18 a 65 años, de nivel socioeconómico BC y D. Explícitamente se indagó de la mitad de la pirámide social hacia abajo, hacia los desposeídos. No se incluyó clase media alta ni clase alta donde también consta que perduran prejuicios y resistencias no sólo contra los judíos sino con los inmigrantes del interior y de los países vecinos.

Este trabajo de sondeo no se diferencia, en los grandes rasgos, de otro, emprendido con los mismos propósitos en 1990 por la investigadora Beatriz Gurevich con alumnos del Curso de Ingreso a la Universidad de Buenos Aires. Y otro estudio, ya a escala nacional, en 1992, de Gurevich junto con Edgardo Catterberg y Nora Vanoli sobre una muestra, en cuatro provincias, de 1570 personas.

Algunos datos coinciden con la del Instituto Gino Germani, otros no.

Las indagaciones mencionadas son importantes para medir, a fondo, qué pasa en el conjunto social nacional, el mismo que presenció los atentados a la Embajada de Israel y a la Daia, a lo largo de la década del noventa. Las conclusiones del Instituto Germani son las siguientes: el 45 por ciento respondió que no contraería matrimonio con una pareja judía, el 29 por ciento no viviría en un barrio con predominio de judíos ; cuatro de cada 10 entrevistados admitieron que ven negativamente que los judíos ocupen cargos políticos ; el 53 por ciento, más de la mitad creen que los judíos son más leales a Israel que a la Argentina.

No hay estadísticas precisas sobre la cantidad de integrantes de la colectividad judía en el país. Antes de la Dictadura Militar se aceptaba que incluía unas 300.000 vidas. Ahora se habla de 200 a 230.000, con presencia de altos porcentajes de matrimonios mixtos, no tanto como en los Estados Unidos donde esos matrimonios llegan al 50 por ciento del total de la comunidad. Antes de 1939 el antisemitismo en los Estados Unidos estaba extendido. El cartel ‘Prohibida la entrada para negros, perros y judíos‘ se exhibía en numerosos lugares públicos y privados, a lo largo del país del Norte.

Los neutralistas hacían campaña en su contra Hoy, representantes de la colectividad judía ocupan lugares expectantes en la vida de esa nación.

Hablar sobre las dimensiones del antisemitismo es como referirse a los distintos grados de pobreza o miseria en las complejas geografías mundiales. El prejuicio que acaba de comprobarse una vez más en la Argentina no es mayor al antisemitismo estructural que rigió en la ex Unión Soviética y en los países del Este después de la Segunda Guerra Mundial y a fines de la década de los sesenta y a lo largo de los setenta. La diferencia es que en esas oportunidades era el Estado el declaradamente antisemita, asumía la persecución o exclusión.

El antisemitismo ya es una realidad diaria en España, en Francia, en Inglaterra, aunque esté prohibido por ley manifestarlo. Los europeos no diferencian entre las posiciones críticas a la política exterior de Israel con la vida judía en cada uno de sus países.Y si quieren ver pobreza basta hacer un tour de visita a Bombay o a Bangkok o a muchas de las ciudades latinoamericanas y barriadas en los conglomerados urbanos africanos y asiáticos. Siempre hay mucho más.

Las estadísticas son más estruendosas al aferrarse a las comparaciones.

¿Pueden revertirse estos prejuicios en la Argentina? Es muy difícil, porque la xenofobia, el racismo, la intolerancia y la discriminación es estructural en el país, históricamente hablando. En la década de los ochenta y de los noventa, en momentos de agudización de las crisis económicas, los sindicatos, los representantes de los obreros, clamaron en carteles públicos contra la presencia de trabajadores extranjeros. Los acusaban de "ladrones" de puestos de trabajo.

Numéricamente comprobado los "extranjeros" sólo representaban el 4 por ciento de la mano de obra disponibles. Nada. En el fútbol, en las conversaciones diarias, en los titulares de los diarios populares, en la TV hay manifestaciones despectivas contra los "bolitas", los "paragua" y los asiáticos, entre tantos. Y ese rechazo no es una cuestión ideológica. La izquierda, la derecha, el centro y el progresismo lo padecen. Todos ejercen el rechazo al "otro", al "diferente". Que crece con los desastres económicos. Vamos a necesitar una generación ilustrada, mucha didáctica, tiempos de mayor tranquilidad y una labor docente desde el máximo poder político para arrinconar los prejuicios que nos separan hasta el delirio total. (El Cronista)