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Poner blanco sobre azul: ¿por qué no hacer un sindicato de policías?

El “motín” de la Policía Bonaerense fue un espectáculo lamentable que no podemos dejar que se repita en nuestra democracia.

Si hay algo que no hacía falta presenciar en esta extensa cuarentena en Argentina, en medio de una crisis económica y sanitaria sin comparación en los tiempos recientes, es estar en vilo esperando la resolución de una protesta policial que paralizó en gran parte a la fuerza de la provincia más poblada y con mayor índice de delitos en los últimos meses.

Como trabajadores esenciales que son, los policías deberían tener el honor de tener un sueldo digno y condiciones aceptables para desarrollar su labor, lo que en fin repercutirá –eso se espera- en una mejor forma de combatir al delito.

Por lo tanto, el reclamo de los policías es totalmente válido, luego de años en los que las mejoras salariales corrieron muy por detrás de la inflación. Como le ocurrió a la mayoría de los trabajadores. Quizás haga un poco más de ruido que sea justo ahora, en medio de terrible crisis y en un momento en el que más se necesita a la Policía Bonaerense en las calles. Pero la falta de otros ingresos adicionales correspondientes a la seguridad en eventos como recitales y partidos de fútbol mermó el bolsillo de los oficiales.

Hasta acá, una situación similar a la que podría afectar a cualquiera, en especial a, para comparar, al personal de salud que combate en primera línea al covid-19. Pero los policías no son trabajadores como cualquier otro: no tienen un sindicato que nuclee los reclamos de los oficiales, sean salariales o de provisión de elementos de trabajo.

Prohibida la sindicalización, avalada por decisión de la Corte Suprema provincial, los policías no tienen representación gremial y hay una gran desorganización para elevar sus reclamos. Al punto tal de que las redes sociales fueron los grandes motores para la convocatoria de los oficiales. Una situación desprolija en medio de un caos que se fue agrandando con el correr de las horas ante la falta de respuestas oficiales.

Se puso en evidencia la necesidad de una sindicalización, quizás con mayores regulaciones en torno al derecho de huelga para evitar estos largos “motines”, pero que permita canalizar con mayor seguridad los reclamos. Poner blanco sobre negro y erradicar todas esas conductas oscuras que rodean a la estructura de la Policía Bonaerense, como el ingreso de dinero en circunstancias oscuras, las sospechas de encubrimientos y "zonas liberadas", los sumarios utilizados como castigos y los excesos en el régimen disciplinario.

Si no es un sindicato, debe haber una sola voz con legitimidad que pueda expresarse ante las autoridades, y no tener que andar presenciando escenas insólitas como las de los múltiples voceros en los múltiples puntos de protesta, que incluso llegaron a mostrar una terrible imagen para la democracia, como es que varios patrulleros hayan rodeado la Quinta de Olivos. Un reclamo, por más válido que sea, no puede ser con armas ante uno de los símbolos del Estado.

Quizás sea una buena oportunidad para regularizar la estructura de la Bonaerense, acción que no sería mal vista por la sociedad, en medio de la sospecha sobre la fuerza por la desaparición y muerte de Facundo Astudillo Castro. Lamentablemente deberá hacerse en medio de un contexto de crisis, con la atención sobre múltiples problemas al mismo tiempo. Pero esto es grave, y el remedio no será más feo que la enfermedad.

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