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Pepín, el desterrado sensible

La Mesa Judicial que nunca existió.

Al declararse “perseguido” por el gobierno totalitario de La Doctora -que preside Alberto, El Cruel Poeta Impopular- el sensible doctor Fabián Rodríguez Simón Pepín, banaliza la condición de refugiado.

Extiende un manto intrigante de ridículo colectivo a la coalición Juntos por el Cambio.

Derrumba, con énfasis, la magnitud relativamente respetable del ostracismo en Uruguay, presente en diversos tramos de la historia.

Intensificado, hoy, por el exilio fiscal de los que aspiran a vivir en paz, pero con el televisor en TN.

En su poética desmesura, Pepín expone un primer acierto táctico. Reducir la patología kirchnerista al dilema jurídico planteado por Cristóbal López, Casino Club.

Un empresario -Cristóbal- que arrastra la carga de ser emblema (ningún Lázaro).

Pero Pepín, El Borgeano, supo transformar a Cristóbal en el vengativo poderoso que ostenta la transgresión de asociarse con algún cachivache.

Y que mantuvo contratado, incluso, a Alberto El Cruel.

Por su tendencia pronunciada hacia el papelón, Pepín induce, en simultáneo, a evocar el entendimiento espiritual registrado entre Cristóbal y Mauricio, El Ángel Exterminador, jefe político de Pepín.

Un idilio que se extendió desde 2007 a 2015. Hasta la jornada de gloria del cambio dictado por las elecciones.

En casa de Franco, El Macri que Valía, fue que Mauricio le sentenció a Cristóbal:

“Se acabó. No va a ser más como antes”.

Pepín, el desterrado sensibleSe imponía el turno de la transparencia. El macricaputismo triunfal se diluía, merced al blindaje moral de la señora Carrió, La Blanqueadora.

La dama se destacaba como un potente sostén moral del “pepinismo” naciente.

Conjunto de ideas innovadoras que Pepín trasladaba al plano superior de la justicia.

En desmedro del máximo enemigo declarado, justamente el pilar deportivo y jurídico del Ángel.

El Padrino Daniel Angelici, El Tano Lúdico, del mismo gremio que Cristóbal.

Animadores intangibles

Pepín fue el animador intangible de la Mesa Judicial que nunca existió.

Mesa imaginaria que se dedicaba a la producción de presos durante el gobierno del Ángel.

En el revoleo, entre tantos condenados del flagelo kirchnerista, Cristóbal estuvo preso durante dos años.

Los productores estaban ilusoriamente convencidos que tenían la transparencia asegurada.

La Unidad de Negocios mostraba síntomas de elegancia y refinamiento.

Nada que ver la estética hidalguía de «la Unidad» con la rusticidad de los bolsos o la informalidad de la mala hotelería.

Pero el Ángel, infortunadamente, Buen Producto Desperdiciado, desperdicia también la legitimación electoral de 2017 para equivocarse y cumplir con la agenda dictada por los medios.

Con el instrumento de la Justicia, el Ángel intensifica la superproducción de presos kirchneristas mientras chocaba violentamente la calesita de la economía.

De pronto la producción de presos se debió detener por la contingencia electoral de la derrota inesperada de 2019.

Cuando La Doctora con dos movimientos, una fotografía y un tuit, los embocó para permitir el festival de liberaciones.

Estos presos, generacionalmente menos honorables, no fueron rescatados, como en 1973, por la movilización popular.

Algunos notables salieron en relativa libertad.

Pero Julio de Vido, El Pulpo, exclusivo colaborador de Néstor Kirchner, El Furia, debió pasear la tobillera domiciliaria, la marca humillante.

Por primera vez se asistía al drama de un gobierno que mantenía presos propios. Del mismo palo. O signo político.

En la plenitud de la impotencia, patriotas del peronismo de la capital se apoderaron de la Residencia de Olivos y celebraban la crueldad de Alberto.

Pero no conseguían liberar al preso propio. Del palo. Juan Pablo Schiavi.

 

Preventivas para todos

Los productores de presos de la Mesa Judicial (que no existe), encararon la valiente alternativa de retroceder.

Y después negar. A los efectos de rendirse ante la enseñanza clásica del Maestro Solá:

“Para sobrevivir hay que hacerse el bol…”.

De pronto, los macristas que se entrometieron con las cuestiones de la Justicia, se dieron cuenta que habían sido, a lo sumo, una manga de bol…

Y no precisamente por haberse dedicado a la imaginaria tarea de producir presos y clausurar libertades.

Por haber creído que nunca iban a perder. O que contaban con ocho años para cambiar las bases estructurales de una Argentina populista y corrupta.

Ahora, acorralados, con la tortilla dada vuelta, insisten.

“La Mesa Judicial nunca existió, es un invento de estos tipos que se robaron todo y quieren demostrar que somos como ellos”.

Cuentan que si alguna vez se reunieron fue para designar jueces probos, de catadura moral, honestos.

Con el objetivo republicano de depurar la cloaca de Comodoro Py.

Sorprende, eso sí, las revelaciones extraordinarias de Pepín, el desterrado sensible, que comparten los productores truncos.

Ningún protagonista de la Mesa Judicial (que no existió) estuvo nunca de acuerdo con la “prisión preventiva para todos”.

Generosidad teórica, en materia de obstrucciones ambulatorias, que el doctor Irurzun mantenía registrada. Para indiferencia tenue de la posteridad.

Tampoco los dignos cruzados aprobaron el disparate del juicio que se le iniciara a La Doctora por el Tratado con Irán que nunca avanzó.

Anomalía que aceleró el viaje, hacia el deceso, del ex canciller Héctor Timerman.

Y menos aún avalaron nunca la burlería de enjuiciar a La Doctora, junto a otros próceres, por el ítem maligno del “dólar futuro”.

“A Cristóbal no lo metió preso Pepín, Pepín solo quiso cobrarle impuestos, lo puso preso Comodoro Py”.

A los que supieron ubicarse ante la mesa que no existe les sorprende también que Cristóbal, con su experiencia, haya sido bolsiqueado en Comodoro Py y lo metieran preso igual.

En efecto, para los mutualistas de PRO, la Mesa Judicial fue un invento del kirchnerismo para equipararse.

Por lo tanto hoy el doctor Clusellas, como los juristas Torello o Garavano, o el mismo Pepín, el sensible desterrado, deben pagar las facturas generadas por los tiburones de Comodoro Py.

Los apuntados, acorralados y perseguidos, eran apenas unos idealistas que adherían a la justicia independiente. No tenían atribuciones para decirles a los tiburones qué debían hacer.

Para los animadores enternecedores de la mesa invisible, las responsabilidades se deben hurgar entre los «papables» de la Corte y los tiburones federales.

«Y el responsable preferido es siempre el responsable muerto».

Pepín, el desterrado romántico que lee a Borges, altera favorablemente los lineamientos de una actualidad triste, signada por la monotonía.

Por la impotencia ante la peste. Por la frivolidad, apenas contenida, de las elecciones.

Antesala del doble indulto que después del voto va a salir, invariablemente, con fritas.

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