Nuevas referencias sobre el explosivo crecimiento del parque automotor en La Plata
El ostensible crecimiento del parque automotor en nuestra ciudad, así como en la cantidad de patentamientos reactualiza la necesidad de que nuestra ciudad encare planificaciones de fondo.
El ostensible crecimiento del parque automotor en nuestra ciudad, que se reflejó en este diario con datos estadísticos demostrativos del incremento en las ventas de vehículos cero kilómetros y de usados -así como en la cantidad de patentamientos- reactualiza la necesidad de que nuestra ciudad encare planificaciones de fondo, imprescindibles para resolver uno de los problemas más complejos con los que se enfrentará en el futuro inmediato.
Referencias obtenidas hace dos décadas indicaban que en nuestra ciudad se vendían unos 10 mil vehículos nuevos por año. En ese entonces se estimó que para estacionar a esas unidades, una junto a la otra, haría falta una superficie de seis manzanas. Pero, con los más de 17 mil vehículos vendidos en lo que va de este año, la superficie se traduciría ya en algo más de 10 manzanas. Esos son, pues, los impactos que anualmente recibe el casco urbano, con una reducción -por desaparición de los automotores que, por su antigüedad o desuso, se descartan año tras año- que resulta mucho menor, según detallan los especialistas.
Lo cierto es que no hace falta, siquiera, ser un observador atento para percibir que el diagrama de calles, tanto del centro como de la periferia, se ha visto gradualmente saturado por un parque automotor que no cesa de crecer. No queda lugar alguno que no haya registrado este fenómeno, que reclama desde hace tiempo ser abordado, como se lo ha hecho en muchas ciudades del mundo, por rediseños urbanísticos de magnitud.
También los especialistas han advertido que las medidas a las que suele recurrirse, como las de regular las áreas de estacionamiento, sólo pueden alcanzar efectos parciales y que, si bien resultan ser necesarias, se ven prontamente desbordadas por el sostenido crecimiento del número de automotores. Y también es verdad que el problema del tránsito excede las tribulaciones propias que padecen los conductores de vehículos, ya que incide en forma decisiva en la calidad de vida de toda la población.
Se advierten, asimismo, falencias profundas en lo que se refiere al crecimiento urbano, reflejadas por caso en el tendido de pavimentaciones que no contemplaron, previamente, el problema de la velocidad vehicular, en una situación que se ha reflejado en el incremento de graves accidentes de tránsito en zonas que se consideraban residenciales.
Los expertos insisten que esos y otros claros ejemplos de histórica ausencia de planificación encuentran su más fiel escenario en las calles, castigadas también por la pertinaz indisciplina de muchos conductores que se niegan a conducir respetando las leyes y la vida de los demás y la propia. Frente a esta anarquía, no habrá solución hasta que no se impulsen políticas urbanísticas de fondo, entre las que no debería faltar un fuerte impulso y modernización del transporte público de pasajeros, que haga disminuir drásticamente la utilización de los vehículos particulares.