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No basta con parecer honesto

Guillermo Moreno ya resultaba intolerable como titular de la Secretaría de Comercio de la Nación por sus provocaciones, a las que agregó ahora actitudes de discriminación y xenofobia.

A un gobierno no sólo se lo recuerda por los que han sido los grandes trazos de su gestión, sino también por la calidad y actitud de los funcionarios que ocuparon puestos clave de ejecución de las políticas oficiales.

El Gobierno de Cristina Fernández tendrá pocos hombres para aportar a la historia de los grandes dirigentes de la Argentina, ya que sus ministros y funcionarios no sólo tienen escaso brillo en sus planteos sino que sus palabras y gestos parecen dirigidos a agradar a la Presidenta, más allá de ciertos dislates que cometan en sus campos de acción.

Por caso, ella elogió en público actitudes y palabras de funcionarios como Aníbal Fernández y Guillermo Moreno, alejados de cualquier gesto de moderación, razonabilidad y trato respetuoso hacia quienes, en definitiva, deben sus tareas.

Moreno, al frente de la Secretaría de Comercio Interior, un organismo de segunda línea pero convertido en un instrumento clave en las decisiones económicas del kirchnerismo, ya era intolerable en sus provocaciones, a las que agregó ahora actitudes de discriminación y xenofobia.

Basta recordar que en la primera etapa del kirchnerismo, Moreno se hizo célebre por recibir a los empresarios con una pistola sobre la mesa de su despacho. Luego, se calzó guantes de boxeo para asistir a una reunión del directorio de la empresa Papel Prensa SA, con el objetivo de demostrar su supuesta fortaleza en la defensa de una causa armada por el Gobierno para adueñarse de la principal proveedora de papel para diarios y ejercer control sobre la prensa escrita.

Sus amenazas con los guantes no dieron resultado. Tampoco alcanzaron los gestos de pasar a degüello a los hombres de campo, en otra imagen histórica tomada mientras discutía con el entonces ministro Martín Lousteau en el medio del conflicto con el sector agropecuario.

Ahora, Moreno acaba de sumar una cuenta más a sus despropósitos. Durante una reunión con productores yerbateros, convocada para analizar el precio de una de las principales infusiones, arremetió contra la colectividad polaca, a cargo de buena parte de la producción de yerba mate, y contra el gobernador de Misiones, a quien humilló por sobrellevar unos kilos de más.

No basta con decir que se trata de un funcionario honesto, como repiten la Presidenta y sus colaboradores, ni que sus palabras contra los inmigrantes de Polonia fueran un "descuido" en medio de un acalorado encuentro.

Moreno mostró en su verborragia claras actitudes de xenofobia y discriminación, además de despreciar cualquier actitud de respeto que debe guardar un funcionario nacional en sus relaciones con los interlocutores de la sociedad.

Salvo que la jefa del Estado consienta y avale esas actitudes, Moreno hace rato que dejó de ser un digno funcionario para la reconstrucción que necesita la Argentina.