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Mundo voyeur: el deseo de observar o ser observado

¿Cuáles son los secretos que envuelven a esta práctica tabú y cuestionada por la sociedad aún en pleno siglo XXI?

Espiar sin ser vistos. O sí. Desear ser vistos mientras se tiene sexo. El deseo, la observación como un simple espectador o como quien busca también participar de la escena. Hay quienes contactan al tercero para que los observe mientras está con su pareja. Hay quienes solo quieren ver. Hay otros que lo hacen desde la privacidad de su casa y sufren al ser descubiertos. 

Ya Alfred Hitchcock planteó el tema en 1954 en su film "La ventana indiscreta" en la que un joven fotógrafo espía a los vecinos del edificio de enfrente desde una silla de ruedas y con una pierna enyesada. En medio de las escenas de las que es testigo, descubre un asesinato. Claro, porque es una película del gran director de suspenso. Pero si se hubiera tratado de una obra de David Lynch o de Roman Polanski, seguramente otra hubiera sido la historia. Vale aclarar que Hitchcock tocó el tema en otras oportunidades a lo largo de su exitosa filmografía. 

En el thriller erótico (que resultó ser para el olvido) "Sliver", de 1993, Sharon Stone es espiada por un William Baldwin que se las ingenia para poner cámaras en los departamentos de cada uno de sus vecinos, incluido el de la rubia, movido por la obsesión de averiguar qué ocurría en cada uno de ellos y develar algunos misterios, ya que en el edificio que le da nombre a la película habían tenido lugar varios crímenes. 

Todo entra por los ojos

Según diversas teorías psicoanalíticas basadas en Jacques Lacan, el ser humano nace con la necesidad de mirar, de subjetivar su contexto a través de la mirada. Para estas corrientes los humanos somos seres que tenemos la necesidad de mirar y gozamos con ello.

"La palabra voyeur, de origen francés, deriva del verbo voir (ver), junto con el sufijo 'eur', y su traducción literal es 'el que ve'. Según el ámbito clínico, un voyeur o voyeurista es aquella persona que busca obtener excitación sexual observando a personas desnudas o que realizan alguna actividad sexual, sin embargo, esta conducta no implica ninguna actividad sexual posterior por parte de la persona que observa. Cuando este goce de mirar al otro se convierte en excitación sexual, entonces ya podemos hablar de voyeurismo, “el cual se caracteriza por alcanzar la excitación sexual mediante la observación de personas desnudas o realizando alguna actividad sexual, sin el conocimiento de estas", explican en el sitio PsicologíaYMente.

El ojo del otro en mí

Al respecto InfoVeloz consultó con el Licenciado en Psicología Ricardo Antonowicz que explicó sobre el tema: "La visión, es decir el ojo que ve el objeto, está del lado del sujeto. Mientras que la mirada está del lado del objeto. Cuando miro un objeto, el objeto está siempre mirándome de antemano y desde un punto del cual yo no puedo ver. Mirar no es lo mismo que ver. La mirada va más allá de la visión. La mirada es constitutiva de nuestra subjetividad. La mirada incorpora propiedades de los objetos de la elección amorosa, de sus encantos".

"El voyeur encuentra satisfacción en la ambigüedad de una situación en la que la persona observada no sabe que es visto, pero que participa de la situación con algún gesto prestándose a formar parte del espectáculo. El voyeur participa de la observación ocultándose de las personas en actividades íntimas prevaleciendo la ausencia de consentimiento. Se trata de mirar por el agujero de la cerradura pero si es sorprendido, se perturba y lo reduce al sentimiento de vergüenza", explica.

En cuanto a la diferencia entre "erotismo" y "pornografía", Antonowicz detalla: "El erotismo es lo que ocurre a nivel de las relaciones entre sujetos. Puede producirse una relación erótica entre dos personas. En cambio, en la pornografía habría un lugar donde se podría transmitir el saber con respecto a aquello que constituye la relación sexual. Es la producción de cierto discurso que nos permite gozar sin vergüenza. Promueve el consumo del objeto de goce y no lo permite".

Pero todo comienza por lo básico, lo más primitivo. "La primera mirada es la mirada de la madre o de quién ocupe esta posición", explicó el psicoanalista. "La mirada es producto de la relación entre un sujeto y el otro. Se encuentra y funciona dentro del campo del lenguaje y es con la palabra y los silencios que aparece y se hace visible. Ver afuera es una ilusión", agregó. 

"Detrás de la mirada del voyeur se encuentra la ostentación del ámbito de la apariencia", redondea Antonowicz. 

En cuanto a esta frase, podemos citar la historia de Javier. Él tiene 40 años y se animó a contar su experiencia personal en una charla con este medio: "En este tipo de práctica yo estuve del otro lado. De quien es observado. Hace unos años, estaba soltero y me animé a vivir algunas experiencias con parejas swingers que buscaban ver a sus mujeres con otro hombre (rol que yo ocupaba) mientras el novio o marido observaban".

¿Y cómo te sentiste? ¿Era lo que esperabas?

"Al principio me dio un poco de vergüenza y hasta cierto temor, pero finalmente me sentí cómodo con la experiencia y la repetí con la misma pareja. Luego también estuve con otras parejas. Pero nunca lo hice estando en pareja yo mismo. No sé si me gustaría que me vieran con mi mujer".

Aquí las diferencias se hacen notar y se refuerza la última frase del analista: "Mirar sexualmente y no, emocionalmente", Javier al tener un vínculo con su mujer no desea ser visto. Para él, pesa más el lado emocional. 

Cientos de hombres y también mujeres se ofrecen en páginas web para "simplemente observar". Detallan que no buscan "participar, sólo excitarse". El 90% son hombres. Es que la excitación y la sexualidad funcionan de distintas formas según la genitalidad. "El hombre se calienta más al observar y la mujer, al ser observada", detalla Mariana, que es swinger con su marido desde hace varios años y han tenido voyeurs participando de sus experiencias.

¿Práctica tabú o enfermedad?

La parafilia es un patrón de comportamiento sexual objetos, situaciones, actividades o individuos atípicos. Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en una época y lugar determinados. Entonces, ¿el voyeurismo es una parafilia? Depende. 

Según PsicologíaYMente "no todas las prácticas voyeuristas pueden considerarse patológicas. Es cierto que si nos ceñimos a la definición tradicional de parafilia: comportamiento sexual cuya fuente principal de placer se sitúa fuera del coito, el voyeurismo puede ser considerado como tal. Ni todo comportamiento voyeurístico es parafílico, ni las todas las parafilias pueden considerarse patológicas por sí mismas. Todo dependerá del grado de interferencia en la vida sexual y no sexual de la persona, y del posterior malestar o deterioro de ésta".

Mariana cierra con una reflexión aplicable a varios puntos de la vida: "Si no te perjudica y no molestas a nadie, no debería estar prohibido".  

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