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Mi hijo no se droga

Los narcotizantes del siglo del apogeo de la revolución digital se llevan en una mano, pero a diferencia de las sustancias o de un arma, no se esconden, sino que más bien se muestran.

Drogarse en el siglo 21 ya no es lo de antes; no se trata de la dependencia del alcohol, de la marihuana, del cigarrillo, de la cocaína, por nombrar algunas sustancias.

No porque no sigan existiendo y afectando a tantísimas y tantísimas personas en el mundo (adictos y sus familias), sino porque las drogas hoy son más bien de diseño tecnológico, amigables, publicitadas por modelos, deportistas, cantantes.

Se muestran en las vidrieras y son promovidas por todas sus ventajas: te mantienen comunicado, informada, entretenido, actualizada. Te orienta en mapas, te muestra los menúes en los bares, te divierte a tu hijito, te permite acceder a apuestas, compras, inversiones, pornografía, videos de perritos y gatitos.

Los narcotizantes del siglo del apogeo de la revolución digital se llevan en una mano, pero a diferencia de las sustancias o de un arma, no se esconden sino que más bien se muestran. Es que según el modelo, el diseño, los meganosecuantos, la ropa que los cubre (sí, la ciudad está llena de tiendas con ropita y complementos para embellecerlos), según todo ésto, sos vos. Parece, no sé, es lo que dicen...

Si no podés despegarte del celular, a punto de haber perdido una mano en el camino. Si además se lo ofrecés a tu hijito para que no llore cuando quiere algo, aunque lo que quiera, seguramente, al menos muchas veces, es que lo mires, que le hables, que le cantes, que le cuentes un cuento.

Si soñás con tu dedo índice yendo de abajo hacia arriba una y otra y otra y otra vez más.

Si ya no soportás los minutos que lleva que te venga el recuerdo del nombre del director de cine del que estás hablando con tus amigas, y clik! que el recuerdo te lo obsequie la IA.

Si ponés el mapita cada vez que te subís al auto, aunque hagas todos los días exactamente el mismo camino.

Si mientras entrenás en el gimnasio respondés Whatsapp o mirás redes sociales.

Si vas a la cancha y mirás el partido en tu pantallita.

Si estás en el concierto que tanto esperabas y te la pasás filmando, sacando fotos y subiendo a redes, no sea cosa de perder tiempo y varios "me gusta".

Si ya no disfrutás del partido sino apostaste, si agarrás un libro y al toque interrumpís la lectura porque te llega una notificación.

Si escuchás todos los audios de WhatsApp en velocidad 2; si vas a tomar algo con amigos y ponés el celular sobre la mesa.

Si llevás a merendar a tu hija y pasás más tiempo mirando redes sociales que a  ella.

En fin, si droga es algo que narcotiza, que genera dependencia emocional y aislamiento, estamos al horno.

Por eso hoy se habla de desintoxicación del celular o de redes sociales.

¿Y cómo vivimos entonces en este momento histórico que nos tocó, evitando el riesgo de quedar drogados de pantallas y aplicaciones?

Este es el debate, nadie tiene la posta.

Nos toca transitar este momento de la historia de la humanidad voraz, dopaminico, en el que dos palabras son centrales: YA y YO.

Ya y yo excluyen la dimensión de la espera, de la paciencia, y del nosotros.

Cuidémonos entonces de no quedar subsumidos, esclavizados a estas drogas disfrazadas de libertad y coso.

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