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Los pasajeros del tren siguen sufriendo

Claudio Cirigliano dice que "algo le pasó al maquinista". Este afirma que el tren no estaba en condiciones. El servicio sigue siendo pésimo.

El accidente ferroviario de Once creó una tangente en la sociedad y la política acerca del servicio de trenes interurbanos. El Gobierno actual empezó a poner manos a la obra de la mano de Florencio Randazzo y los arreglos se ven, aunque la realidad es que no se puede hacer en una gestión lo que no se hizo en medio siglo. Igual, esto no deja exento al kirchnerismo que tuvo diez años de los 50 de la debacle ferroviaria.

Las frecuencias son pésimas, los trenes suelen dejar de funcionar y no hay seguridad en los andenes. Muchas veces se viaja con las puertas abiertas, o por que no cierran o por que los mismos pasajeros las traban. El hecho de viajar como ganado es casi una normalidad cuando el tren tarda 20 minutos en venir en un día laboral. Ellos son prisioneros de la corrupción de los últimos años y la negligencia militar por derrumbar lo hecho por Perón en su gestión, por el sólo hecho de que fue él quién lo hizo.

La bronca e impotencia que deben sentir los familiares de las víctimas es algo que no le debería ocurrir a nadie. Escuchar una y otra vez a los culpables de la pérdida de un ser querido pasándose la culpa, sin tener en claro que pasó realmente. Cirigliano y los funcionarios K apuntan al maquinista para excusarse de las cosas que estaban mal. El maquinista, que no se sabe si actuó bien o no, apunta a la empresa. Pero el tren andaba cada vez peor.

Tuvo que ocurrir una tragedia, como casi siempre nos pasa a los argentinos, para que nos toque en el fondo y reaccionemos. Tarde. Se perdieron 51 vidas cuando se pudo haber prevenido, pero la corrupción de unos pocos pudo más. Ahora tenemos la misión de salvar a los trenes, reactivar los ramales, arreglar las vías, poner en marcha los planes que nunca se concretaron.

En un país tan extenso como es la Argentina no podemos darnos el lujo de vivir sin trenes. Los pasajes de avión son caros para la mayoría de la población y en los micros se tarda una eternidad. El ferrocarril es una herramienta para pasajeros y cargas que puede generar muchas cosas positivas como empleo, pueblos y conectividad. Ya quedó demostrado cuando Perón y sus Ferrocarriles Argentinos eran la octava red ferroviaria del mundo con casi 100 mil kilómetros de rieles.

Los planes actuales del Gobierno son buenos, pero no van a lograr un efecto a corto plazo. Además, si llega a haber cambio de mandatarios habría que ver si mantienen esta política, algo que siempre hubo en nuestro país: destruir lo creado por el otro. Al igual que pasó con el tranvía, el tren casi tuvo su mismo final. Sin embargo, una tragedia, lamentablemente, lo impidió.

El plan ahora debería ser tener una red que conecte a todo el país, con servicios diarios o semanales. ¿Por qué no se puede tener una red como en Europa, donde todos los países están conectados entre sí, en Argentina? Lo tuvimos, ahora hay que volver a recuperarlo, mientras los culpables de la debacle de nuestros trenes se limpian las manos para salvarse a sí mismos.