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Los desafíos del segundo mandato

En su nuevo período de gobierno, es de esperar que la Presidenta tenga la apertura para incluir a todos y que no sea una etapa de destrucción del pluralismo y de falta de respeto al oponente.

La presidente Cristina Fernández inicia hoy su segundo mandato con un elevado nivel de expectativas económicas, para que la expansión de los últimos años se convierta en crecimiento sustentable, al tiempo que corrija las enormes desigualdades que aún persisten sobre amplias capas sociales. Los elevados precios de las materias primas en la última década y la fuerte devaluación que sufrió el peso tras la crisis de 2001-2002, junto a una acertada política de desendeudamiento externo, permitieron una expansión inédita en los últimos 100 años, con la creación de miles de puestos de trabajo.

Pero las condiciones externas han variado al profundizarse la crisis desatada con la caída de las hipotecas en Estados Unidos. Esta explosión financiera, que se inició en 2007, propagó la volatilidad y la debacle económica a Europa. El valor de las commodities retrocedió y las economías de China y Brasil –hacia donde se dirige buena parte de las exportaciones argentina– empezaron a dar señales de estancamiento.

El frente externo cambió; el interno, también. La inflación de los últimos cuatro años quitó competitividad a la producción local. Desde diciembre de 2007 hasta octubre último, la inflación fue de 105 por ciento, según el índice de precios al consumidor de la provincia de Santa Fe, que no aplica la distorsionada metodología del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Aun con esos reparos, es cierto que la situación económica mejoró y hubo intentos de corregir los problemas sociales. Pero para profundizar esos avances se necesitará una "sintonía fina" como la que anunció la Presidenta, que rectifique las distorsiones que muestran el dólar, los subsidios, la inversión y los precios.

Quizás el mayor desafío de la etapa que se inicia sea el respeto a las instituciones, de lo cual el kirchnerismo no ha dado buenas señales. A la destrucción de la credibilidad del Indec, se sumaron el intento de manipulación de la Justicia; la falta de respeto a las minorías en el Congreso Nacional; la difamación de los dirigentes opositores; el ataque a la prensa independiente; el montaje de un aparato comunicacional sostenido por la millonaria "caja" publicitaria que maneja el Gobierno; la apropiación de espacios que pertenecen a toda la sociedad, como los de la televisión pública; el deseo de imponer una ley de medios que busca convertir en propaladoras oficiales a cientos de radios y canales y, más recientemente, el intento de control de la producción y distribución de papel prensa.

No obstante, el inicio del segundo mandato presidencial de Cristina Fernández abre nuevo campo a la esperanza. Hacemos votos para que la Presidenta tenga la apertura suficiente para incluir a todos los argentinos, que no convierta esta etapa en una nueva experiencia de destrucción de los derechos y libertades públicas, y que todos puedan gozar del progreso económico.