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Leticia Bredice: "Para provocar hay que ser valiente"

* Por Sebastián Soldano. Luego de haberle puesto la piel a una villana en El elegido, Leticia Bredice abre su corazón para echar luz sobre su vocación política, su rol de ama de casa, el amor que la sostiene, la educación de su hijo Indio (6) y la pelea por la alegría con las armas del arte y los afectos.

Luego de haberle puesto la piel a una villana de culto en El elegido, papel que le valió "la reflexión sobre la mujer y los prejuicios", la actriz de Life Chekka abre su corazón para echar luz sobre su vocación política, su rol de ama de casa, el amor que la sostiene, la educación de su hijo Indio (6) y la pelea por la alegría con las armas del arte y los afectos.

Estruja las solapas del piloto que la cubre, tal vez el único vestigio de su último personaje, uno de esos que el tiempo consagra por gratitud. "Sin aire acondicionado, por favor", susurra al subir al taxi. Carga un bolso repleto de cosas que nunca usará y, debajo de su brazo, un libro de hadas que no desconcierta. Garbo es un concepto que le sienta bien, pero la vergüenza casi infantil por la mirada atónita del conductor en el retrovisor lo contradice. Esta conversación durará lo que se tarde en ir y volver de Saavedra a San Isidro. La pauta: el vértigo de evitar el tedio. La única ley: su imprevisibilidad. Bienvenidos a un viaje con Leticia Brédice (39).

–¿Para ser tan dúctil hay que estar algo loco?

–Se debe tener valor. Un loquito vive haciendo su propio sketch; el valiente cambia de piel constantemente, que es más difícil. A mí me costó soltar a Verónica San Martín (su memorable rol en El elegido). Habría seguido con ella durante años, porque me dio la posibilidad de hacer que muchas mujeres nos veamos en la crueldad y la comodidad del típico "mi marido tiene plata; yo cuido de la casa, dejo de ser la que quiero ser y tomo su ideología, que tal vez no entienda". La estudié mucho.

–¿Cómo fue tu encuentro con ella?

–Entre las clientas de la peluquería de Sergio Lamensa, donde escuché frases como "por favor, que el morochito no me lave la cabeza". Ese tiempo de investigación y descubrimiento me deslumbró. Mi novio, Mariano, trajo de la biblioteca de su padre, diplomático y embajador de carrera, manuales de protocolo y buenos modales y diccionarios de sinónimos y antónimos. Además, como sabe tantos idiomas, me marcó frases en francés, que utilicé durante la tira. Porque nadie es "bien" si no las cuela en cualquier conversación. Medité mucho cómo sería yo en ese círculo: me dio escalofríos.

–¿Movilizaste prejuicios?

–A ella jamás la cuestioné, porque lo peor que le puede pasar a un actor es moralizar a su personaje. Yo ya era prejuiciosa... Naturaleza humana, ¿no? Me gusta charlar con la gente, entenderla, conocerla, pero corto conexión cuando detecto que no están dispuestos a un feedback con alguien diferente. En el intercambio y la mezcla está la causa de la vida. Tal vez algo que resolver en este país de pacatos, en el que hay cierta fascinación por mirar y criticar. Nos asustamos de todo: de la violencia, la salud pública y las enfermedades, pero cuesta tomar cartas. Aún acumulamos cosas bien en el fondo, quizás por ser un país tan joven. Por ejemplo, un europeo o un americano habla con sabiduría y naturalidad de un hijo adicto, asumiendo, aceptando y accionando.

–¿Y vos accionás?

–Me encanta la política. Creo que aceptaría con gusto una labor que tuviese que ver conmigo, como el trabajo social con las mujeres, la violencia doméstica y sexual tal vez. Por ahora comienzo con mis recursos, produciendo nuevos cortos en los que participará Fabiana Cantilo, entre otras figuras.
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Es reticente a explayarse sobre su propia identificación con el tema planteado. El año pasado la actriz radicó una denuncia contra Juan Pablo Sanguinetti, padre de su hijo. La causa: violencia de género, "sólo psicológica" según aclaró. "Felizmente, la situación está muy bien terminada", concluye. "En estos tiempos es común que hombres y mujeres estemos permanentemente en busca de pelea, de poner el cuerpo para marcar la diferencia y el ímpetu de la comunicación", dice la autora de Golondrina, el primero de una trilogía de cortos destinados a "educar a la sociedad" sobre diversos abusos. Una iniciativa que en 2006 fue avalada por la Fundación Intervida.

–¿Qué otros aspectos destacás del país de hoy?

–La pluralidad. Finalmente podemos hablar todos y escucharnos. Claro, siempre hay cosas que mejorar, pero no soy quejosa, y menos ante los medios de comunicación.

–¿Le temés al estigma de "actor politizado"?

–¡Qué raro es todo eso! Confesar públicamente con quién se simpatiza o defender ideales en los que uno cree debería ser normal. Esa crítica me huele a celos o envidia.

–Votaste a Cristina.

–La venero, como a cualquier mujer que dirija un país. Escucharla me emociona: admiro su coherencia... ¡Me da tanta alegría! Se entiende lo que habla, y de lo que habla. Pasó por momentos muy duros y aun así siguió en la lucha. Es un gran ejemplo de fortaleza.

Llegamos. Hora y media más tarde esta charla seguirá su curso, en el camino de regreso. El Museo Pueyrredón, una construcción de campaña de fines del siglo XVIII, Monumento Histórico Nacional desde 1941, ofrecerá sus jardines para esta producción. Donde alguna vez Juan Martín de Pueyrredón y José de San Martín discutieran los planes de emancipación, Leticia revisa un celular prestado en el que encuentra tracks del Slick and Street, de Madonna. Play, toma ritmo y se dispara el primer flash.

-¿Cómo te proteges de tu propia energía?

-En casa. Le tomé el gusto, y salir me cuesta cada vez más. Estoy dándole mucha importancia a rezar y busco esos momentos para mis diálogos íntimos con Dios. Mi hermana Marisa (la mayor de las tres) es catequista y me enseñó a acercarme a El y a la Virgen.

Superando la fobia al fuego, los cables y enchufes, "fruto de algo muy feo que presencié una vez y ya no quiero recordar", inicia, disfruta de las "terapias de limpieza" en sus largas horas caseras, "calzada sobre goma", aclara, "Barrer se convirtió en mi trastorno obsesivo-compulsivo más fuerte. Me distiendo y voy pensando".

-¿Y cómo descansa una creativa?

-Creando. Pinto, escribo, hago nuevos amigos y escenografías para mi hijo, algo que recuerde en su futuro. Si genero sin parar es señal de que estoy bien. Cuando no se me ocurre natía es que alguien me ha dejado (bromea con Untes de cruda realidad).

Se hace inevitable recordar el fuerte azul de madera construido en su patio, contra la pared pintada que simula una jungla, la sillita y el bongó versión infantil junto al póster con tomas de artes marciales, dos de los rincones que ideó para su pequeño. Hace más de dos horas que dejamos su casa, íntegramente dispuesta como un espacio lúdico en el que los garabatos de Indio (6) se traspapelan con El amante de la China del Norte, de Marguerite Duras, un guión de la seúcMonk y una revista Elle foránea. Detrás de la puerta de entrada, Barbra Streisand saluda a los visitantes con la palabra "FE". Fue entonces que Mariano Iraldi, su pareja, desempolvaba tres de los más de mil vinilos de los que supo hacerse en sus viajes por el mundo. Louis Armstrong y Eydie Gormé -en compañía de Los Panchos- daban marco musical al tiempo de maquillaje para estas fotos.

-Etapa creativa. Ergo: enamorada.

-Algo así. Yendo y viniendo, hace año y pico que estoy con Mariano. Me lo presentó una vestuarista amiga.

Es un tipo muy talentoso: hace puestas en escena, es iluminador v ahora documentalista de los shows de Charly García en 16mm. Un tipo preparado: se formó en las mejores escuelas de Nueva York y es políglota.

Eso está bueno, porque cuando me aburro le pido que me hable en otros idiomas.

"Narices grandes y cuellos anchos". A priori, dos rasgos físicos que cita como fetiches a la hora de ser conquistarda. Pero minutos después de esa primera impresión sabe oler "lo más importante".

-¿Cómo se seduce a la Brédice?

-Con la respuesta. Si digo algo tonto y me devolvés algo brillante, me vas teniendo. Luego se trabaja el día a día, porque uno tiene sus caídas. ¡Hay que aguantarme a mí...! (bromea). Pero saber que el otro está ahí, cada mañana, luchando conmigo la vida, sosteniendo inseguridades y angustias, y dándome su alegría, me enamora.

-La foto del amor.

-Esa en la que me veo en casa, con mi hijo jugando y un hombre que lo quiere.

-¿Cómo sos enamorada?

-Francamente, una estúpida. A uno le dan un teorema matemático o una lección de Sófocles, estudias y listo.

Pero con el amor ¿cómo se hace? A mí se me complica.

Vuelo... Pierdo noción de tiempo y espacio, aunque dure poquito... (dice con gestos de desánimo)

-Y cuando ese poquito pasa...

-Un gran agujero en el corazón. Me apago, se me van los colores... Una separación siempre ha sido el dolor más fuerte que pude sentir en la vida. Soy de las que funcionan mejor con un hombrecito al lado. Por lo general, luego de un corte intento desesperadamente recuperar a la persona, como sea. Y cuando ya no hay forma, me río de esos intentos. Entonces me agarra la tañada y digo: "¿Qué pasa? ¿Estoy perdiendo el foco? Si lo que quiero desde que tenia seis años es esta carrera, ser feliz y hacer felices a los demás...". Mi profesión me cuida.

-¿Crees en los amores para siempre?

-Sí, claro. Yo debí haberme casado una vez (dice con cierta melancolía). Tenía 22 años y él era un hombre maravilloso, a quien hoy sigo adorando. Con esto de la actriz, la libertad y el "no pegarse"... me la pegué yo.
Hoy es un gran amigo.

-¿Qué aprendiste en tantos años de amores cortos?

-A hacer canciones, a sublimar el dolor con arte, a que pueden decirte que no y hay que aceptarlo, a llorar y a pedir perdón, a no ser orgullosa y tratar mejor al otro.

Aprendí a que se debe cuidar al amor de uno a pesar de ser actriz. Agradezco a Dios esta profesión, pero tiene vicisitudes a los ojos de una pareja. Despierta fantasías raras, inquieta y da celos.

-Hablame de tus miedos.

-Tengo terror a que aparezca la tristeza, aunque luego es sana porque activa motores creativos para volver a estar bien. Los demás tienen que ver con mi hijo: que no se conecte, que sea algo que no quiera ser.

-¿Cuál es la base de la educación de Indio?

-Quiero que sea un hombre con coherencia social.
Quiero decir: que no discrimine. Yo le inculco que sea amigo de los "diferentes": del tartamudo, del que no ve bien, del marginado. Yo era así de chica, defensora de débiles, quizás porque me sentía "la rara". Yo no usaba mochilas de Kitty. no jugaba con muñecas. Prefería dar conferencias de prensa en el baño, juntando desodorantes frente al espejo, y hacerme la payasa para alegrar una casa teñida por el drama luego de la muerte de mi hermano mayor. Era distinta y me lastimaba la crueldad de la burla, como aún lo hace hoy.

Sobre la maternidad dispara una confesión: "Ya ni me acuerdo quién era antes de ser mamá. Claro que viví pero de eso me doy cuenta por las revistas. Ahora soy una mujer tan triste... (risas). Antes vivía sin dolores ni miedos. Mi hijo me hizo más terrenal, más humana.
Además, me encanta ser mamá de un nene".

-¿Educar a un varón es más fácil?

-Sí, porque son más independientes. Adoran a sus madres, les perdonan que no sepan jugar a los autitos y hasta les tienen cierta piedad. Son atentos a no lastimarnos. Las nenas enseguida saben qué contestar y echarte en cara. Cuando le propongo "¡Ya sé qué vamos a hacer hoy!" me responde: "¡Uh... Dale, mal". Y si tengo que dejarlo, sé que tiene sus clases de taekwondo, sus cositas...

-¿Querés tener más hijos?

-No (dice veloz). Gran responsabilidad, y no la que quiero tener. O sea, no seguir agregando más responsabilidad (se corrige). Quiero otras, con gente más grande.

Para una crianza hay que ser buena madre, y las actrices somos madres con problemas.

"Pronto voy a seguir pariendo", ironiza respecto de sus proyectos. Leticia y su orquesta será el nombre de su segundo disco, grabado en ION con el músico Nazareno Andorno. Además, el cine la pide a través de los directores Adrián Caetano, Eduardo Milewicz, Rodolfo Mórtola y Leo Damario, quien propone un rol gay en comedia picaresca. Al mismo tiempo, encaprichada con ella, la televisión vuelve a seducirla. Por estas horas, Leticia evalúa la oferta de un protagonice) de un nuevo unitario del que sólo revela: "Podría aceptarlo ya mismo, porque estará muy bien escrito".

-Hay rumores que aseguran que Susana Giménez piensa en vos para un gran trío teatral con Ricardo Darín. ¿Cuál es el gancho entre las dos?

-Logramos sumergirnos en mundos muy privados.

Nuestros diálogos suelen ser muy graciosos. Si la llamo y le digo "Su, estoy deprimida"... ella me reta con un grito.

Me marca la vida, me hace sentir confianza, amor, y sus palabras me dan fuerza, la última vez que pasé por su camarín -porque El elegido se grababa a la vuelta de su estudio, me probó sus vestidos y terminó regalándome uno de ellos: el que usé en Sábado Bus.

-¿Cómo te llevas con el paso del tiempo?

-Me alegra, porque desde chica siempre quise ser vieja.
 Imaginaba que tendría la cabeza más preparada, ideales fuertes y mejor visión de la vida, por lo que podría defender mejor mi palabra. Y hoy voy por ese camino, porque hasta en lo malo siempre fui muy segura.

-El tiempo trae sabiduría y otras consecuencias.

-Mi padre siempre me dijo: "Después de los 30 las mujeres asumen su cuerpo". Pero yo lo

asumí mucho antes.

Para cuidarme camino, hago algo de estiramiento, un poco de masajes y me gusta marcar el físico con pesas, lejos del fanatismo deportivo, las cirugías son cartas difíciles de jugar: una actriz debe considerar el cuchillo como condición de vigencia, pero me daría terror despertar y no reconocerme. Yo me gusto, en las buenas y en las malas. Sé reírme frente al espejo.

-Después de un rol de tan alta gama, ¿cuál sería el mejor desafío?

-Hay dos personajes que me matan. Quisiera ser Santa Juana de Arco, bien mártir y heroína, y también la mejor de las Gatúbelas.

Se despide preguntando qué tal habrán salido las fotos.

Ya no sujeta las solapas de un piloto abierto. Antes de cruzar la enredadera que recubre la fachada de su casa recibe por sorpresa la última pregunta.

-Leticia, ¿sos feliz?

-(Se da vuelta, y sonriendo se encoge de hombros. Resiste el quiebre). En eso estoy. Todo lo que me pasó este año, con la gente, mis colegas y los periodistas, me emociona. Y emocionarme me da vergüenza.

Cuando la puerta se cierra, vuelve la imagen de Barbra Straisand diciendo "Fe".