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La solidaridad fue más fuerte que la tormenta

Mientras un temporal nos dejó sin aire, la ayuda de todos nos devolvió la ilusión.

Por Lorena Lalín

@lorelalin

llalin@diarioveloz.com

Este último martes, una tormenta nos sorprendió a todos los porteños, quienes en víspera del feriado salimos a la calle y encontramos una ciudad devastada: las calles inundadas, las casas invadidas por el agua, los autos apilados, el asfalto roto por los vientos. Entre tanta destrucción material, aparecieron los primeros damnificados. Personas que habían perdido absolutamente todo, que sólo miraban a su alrededor y aquello que habían logrado obtener con tanto esfuerzo, una lluvia se lo había llevado una noche. Personas evacuadas, heridos y muertos.

Cuando apenas nos empezábamos a rearmar para intentar ayudar a quienes más habían sufrido, la tormenta no se calmó y nos dio un sacudón peor: se mudó a La Plata y provocó una devastación de la ciudad. En pocas horas, el agua dejó 51 muertos, más de 400 evacuados. Gente sin ropa, sin techo, sin comida, sin agua para beber. Ancianos fallecidos, arrastrados por la tormenta. Bebés desprotegidos. Madres al borde del llanto. Niños hambrientos. Mientras más pasaban las horas, peores eran las noticias que nos llegaban. Sólo veíamos dolor y tristeza.

Pero ahí aparecieron las primeras caras de ayuda. Y de a poco, casi como una epidemia contagiosa, todos los argentinos empezamos a intentar ayudar a quienes más lo necesitaban. Las organizaciones no gubernamentales, los organismos oficiales, los medios de comunicación, la gente en su barrio, los colegios, los vecinos, cada uno... solos o separados empezamos a movilizarnos para ver cómo ayudar. Y las noticias, entre tristes y angustiadas, también empezaron a llegar con un hilo gigante de esperanza. La esperanza de un pueblo que siempre ayuda. La esperanza de dar eso que quizás a uno le sobra, y que al otro le salva la vida. Ropa que ya no se usa, bolsas de supermercado repletas de productos, zapatillas sobrantes, frazadas o sábanas que se pueden donar... todo empezó a servir. Todo empezó a verse en impactantes imágenes televisivas. Y nosotros también pudimos ser protagonistas de esta ayuda.

Ver cómo nuestros lectores se hicieron eco y comenzaron a mandar todo lo que pudiera ayudar me llenó de orgullo y esperanza. En un país donde la política nos separa continuamente, una tormenta nos une ante la necesidad del otro. No hay banderas políticas, no religiones, no hay protagonistas. Sólo hay colaboración, sólo hay compasión por el otro, sólo hay ayuda.

Con la esperanza de que esos niños sin casa y con hambre, tengan mañana un día feliz. Con la necesidad de tener un país mejor, con más posibilidades para todos, con más trabajo para los grandes y más educación para los niños... hoy, por lo menos, la mano se extendió y el brazo humanitario de todos los que "tenemos" llegó a todos los que "perdieron". Y eso me da esperanza.