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La huelga por el clima, la juventud y los candidatos ante el extractivismo

Por Myriam Bregman. Esta semana, entre el 20 y el 27 de septiembre, hubo enormes movilizaciones internacionales contra la crisis climática. En Buenos Aires marchamos el viernes 27 en la llamada Huelga por el Clima.

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Un periodista me consultó -cuando manifestamos en la embajada de Brasil contra los pulpos del agro y la megaminería que provocaron los incendios en el Amazonas-, acerca de qué pedirles a los candidatos presidenciales. En los debates no puede estar ausente la opinión de cada uno sobre el extractivismo, el saqueo y degradación ambiental para obtener ganancias en perjuicio de comunidades y biodiversidad. Tampoco sobre el fracking petrolero en Vaca Muerta, ahora en custodia de la Gendarmería Nacional, el uso de agrotóxicos y la megaminería contaminante; todos ellos grandes negocios para multinacionales a costa de la salud de millones y el ataque constante a los bienes y recursos naturales.

Desde el Frente de Izquierda-Unidad nos preguntamos, ¿será posible un pronunciamiento de los candidatos sobre esto? Con la nueva ley de financiamiento de los partidos -votada por Cambiemos y sectores del peronismo- reciben aportes directos de estas empresas. ¿Y cuál es la contraparte? Gobierne quien gobierne, la megaminería siempre está, un modelo que consume enormes porcentajes de energía y decenas de millones de litros de agua por día en las provincias donde logra asentarse. Como si fuera poco, no paga retenciones. En Mendoza somos parte de la lucha en defensa de la ley 7722 que impide la megaminería y queremos nacionalizarla

¿Se animarán los candidatos a condenar el uso del fracking en Vaca Muerta? No lo harán. Todos, menos el FIT, se arrodillan al modelo de la reforma laboral flexibilizadora. Con su método de fractura hidráulica extraen hidrocarburos arrasando con todo lo demás, territorio mapuche incluido, como lo vi en la comunidad Campo Maripe; causan muertes de trabajadores por inseguridad laboral y contaminan pueblos como Añelo, donde material aceitoso sale por las canillas. En una de las provincias más desiguales, las petroleras se llevan cientos de millones por día y destruyen el medioambiente.

¿Y de los agrotóxicos que dicen los candidatos? Ante un fallo judicial en Entre Ríos que limita las fumigaciones a 1km de zonas habitadas, Macri lo tildó de “irresponsable” y Alberto Fernández lo calificó de “desmedido”. Estamos hablando del uso de pesticidas que ponen en peligro la salud y el medioambiente en pos de maximizar beneficios para las empresas, con la proliferación del cáncer y enfermedades respiratorias.

Nosotros elegimos estar del lado de las maestras y los vecinos que en Entre Ríos reclaman: “¡Paren de fumigar!”.

Así también podemos mencionar la pérdida de humedales, el ataque a las leyes de bosques y glaciares, la eterna contaminación de la Cuenca Matanza- Riachuelo y el plomo en la sangre de chicos y chicas que viven en sus orillas, el déficit de espacios verdes en la Ciudad de Buenos Aires. Encima un reciente decreto de Macri habilita la importación de toneladas de basura, sin controles de toxicidad, que además de los efectos contaminantes perjudica a miles de familias de recicladores urbanos.

No esperamos nada de estos gobiernos. Las multinacionales de la minería, la energía y los pooles sojeros, son favorecidas desde el Estado con todo tipo de exenciones de impuestos, gobierne quien gobierne. En el mejor de los casos, algunos países pueden poner ciertas regulaciones mínimas pero sólo serán episódicas. El motor del capitalismo es la ganancia y por más multas que se le impongan, siempre buscarán sortearlas porque no tienen ningún fin humanitario. El capitalismo ha avanzado por siglos mediante la explotación de la naturaleza, ya sea como fuente “inagotable” de recursos para convertirlos en mercancías o como repositorio de desperdicios. Sin embargo, la capacidad de la Tierra de “soportar” los procesos ecodestructivos del capital está llegando al límite. Nuestro planteo es avanzar hacia una matriz avanzar de energías limpias y renovables.

Tenemos puesta la esperanza en la enorme potencialidad que tiene el movimiento juvenil que despierta en el mundo, y a la comunidad científica que viene denunciando los efectos destructivos de la producción de las grandes corporaciones capitalista. Su fuerza aumentará si se unen a los pueblos originarios, los campesinos y a la clase trabajadora.

Confiamos en poner la movilización, la organización y el conocimiento al servicio de defender nuestro planeta del completo desastre al que el capitalismo y sus líderes mundiales lo están llevando. El movimiento juvenil que nace necesita expandirse hasta conmover los cimientos de esta sociedad capitalista que destruye el planeta. La juventud que se moviliza en varios países no le debe nada al capitalismo, no tiene nada que perder y en cambio tiene, literalmente, “un mundo por ganar”.

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