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La historia secreta de tres esculturas porteñas que una investigación familiar sacó a la luz

Dolores Lavalle Cobo reconstruyó durante más de seis años el recorrido del Centauro herido, el Arquero y el monumento a Carlos de Alvear. Cartas inéditas, archivos franceses y una amistad entre dos hombres de mundos opuestos le permitieron descubrir detalles desconocidos de estas obras que forman parte del patrimonio de Buenos Aires.

Una pregunta familiar terminó convirtiéndose en una investigación que cruzó el océano, abrió archivos y permitió reconstruir episodios poco conocidos de la historia artística de Buenos Aires. Dolores Lavalle Cobo, abogada y productora audiovisual, empezó buscando respuestas sobre su bisabuelo, Jorge Lavalle Cobo, y terminó siguiendo las huellas de tres esculturas de Antoine Bourdelle que hoy forman parte del paisaje porteño.

“Hace un poquito más de seis años empecé a investigar la historia de mi bisabuelo. En mi familia se lo recordaba como un mecenas, alguien que había regalado a la Ciudad el Centauro herido de Émile Antoine Bourdelle. Yo me preguntaba cómo había sido posible esa donación si mi bisabuelo había muerto sin un centavo”, cuenta Dolores.

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La curiosidad la llevó a rastrear documentos y correspondencia. La digitalización de archivos le permitió acceder a materiales que, de otro modo, habrían sido mucho más difíciles de consultar. Entre ellos encontró el catálogo de las cartas intercambiadas entre su bisubuelo y Bourdelle durante las gestiones para adquirir el Centauro herido.

“Mi bisabuelo había sido nombrado representante de la Municipalidad de Buenos Aires para la compra de la escultura y fue él quien firmó el contrato con Bourdelle. Hay un detalle que me encanta, porque lo firmó un 14 de julio, el día de la toma de la Bastilla, pero de 1912”.

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A partir de ese hallazgo, Dolores se puso en contacto con el Musée Bourdelle, en París. Desde allí le facilitaron copias digitalizadas de la correspondencia, un gesto que le permitió avanzar en la reconstrucción de aquella historia familiar.

Pero la investigación pronto desbordó ese primer objetivo. La presencia de tres esculturas vinculadas con Bourdelle en Buenos Aires empezó a revelar una trama más amplia. Al Centauro herido se sumaban el Arquero y el monumento ecuestre dedicado al general Carlos de Alvear.

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“Yo veía el Centauro, conocía la historia del monumento a Alvear y sabía que el Arquero había estado mucho tiempo fuera de su emplazamiento. Empecé a pensar en la ubicación de las tres esculturas y me di cuenta de que había algo mucho mayor que mi historia familiar”, cuenta.

El trabajo en los archivos argentinos también le planteó dificultades. Según relata, las fichas técnicas disponibles ofrecían información muy escueta y, en algunos casos, contenían datos inexactos. Para comprobarlos tuvo que contrastar fuentes, seguir pistas y reconstruir un rompecabezas documental que se encontraba disperso entre instituciones y colecciones privadas.

“No tenía sentido que yo me quedara con toda esa información. Me parecía egoísta, porque amo Buenos Aires y quiero que las personas interesadas en estos monumentos puedan conocer su historia sin tener que hacer todo el recorrido que hice yo por los archivos franceses y argentinos”, destaca Dolores.

Así surgió la idea de realizar una muestra fotográfica, una visita guiada y también un libro.

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Las cartas que revelaron una amistad

Uno de los capítulos más significativos de la investigación apareció durante un viaje a Francia. Después de años de contacto con el museo, Dolores pudo ingresar a su archivo y fotografiar más de 220 cartas intercambiadas entre Rodolfo Alcorta, integrante de la comisión encargada del monumento a Alvear, y Antoine Bourdelle.

La correspondencia permitió reconstruir una relación entre dos hombres muy diferentes. Bourdelle era un artista de formación independiente, inconforme con el academicismo de su época. Alcorta, en cambio, pertenecía a un ambiente aristocrático y ocupaba una posición social que, a primera vista, parecía alejada de las preocupaciones cotidianas del escultor.

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Sin embargo, las cartas mostraban una afinidad profunda porque “Bourdelle era un artista, una persona bohemia, que había abandonado sus estudios en la Academia de Bellas Artes de París porque le resultaban demasiado clásicos. Alcorta era un hombre de posición aristocrática, pero en sus cartas le revelaba a Bourdelle algo que difícilmente hubiera compartido con cualquiera, su verdadero gusto por el arte”.

Dolores encontró en esa correspondencia el testimonio de una amistad que tuvo consecuencias para ambos.

“Alcorta fue su sostén emocional y espiritual. En las cartas lo alentaba a seguir trabajando y le decía que, sobre las cosas que no podemos cambiar, no tiene sentido generar más preocupaciones. Le transmitía que conocía su corazón y que sabía que iba a hacer una obra muy grande”, agrega.

El monumento demandó diez años de trabajo y llegó finalmente a Buenos Aires. Su historia revela que detrás de una escultura instalada en una plaza hay contratos, decisiones políticas, dificultades técnicas y relaciones personales que rara vez forman parte de la información que recibe quien pasa frente a ella.

La historia oculta del monumento a Alvear

En octubre de 1926, Buenos Aires inauguró el monumento a Carlos de Alvear realizado por Antoine Bourdelle. Cien años después, la obra vuelve a ser motivo de atención a partir de la investigación que reconstruye su proceso creativo y las circunstancias que hicieron posible su llegada a la Argentina.

Bourdelle recibió el encargo de realizar el monumento y en 1913, firmó un contrato con la Comisión Monumento a Alvear, que fue aprobado por ley del Congreso Nacional.

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El artista quedaba obligado a construir un pedestal de granito rosa francés -erróneamente atribuido al arquitecto argentino Alejandro Bustillo- una escultura ecuestre y cuatro figuras alegóricas que representan las virtudes del General Alvear: la Fuerza, la Elocuencia, la Victoria y la Libertad.

A partir de ese momento, se pusieron a prueba su imaginación, su perseverancia y su capacidad para superar dificultades extraordinarias, como consecuencia, en 1914, del estallido de la Primera Guerra Mundial.

El conflicto bélico modificó su concepción inicial de la obra. Bourdelle tenía una mirada romántica del héroe militar: al inicio lo dibujó pacífico y sereno.

“Más la crueldad de la Guerra y el heroísmo de los soldados franceses influyeron en el monumento que vemos hoy en Buenos Aires, con el héroe aguerrido, su brazo en alto a punto de dar una orden a su ejército y las figuras alegóricas en estado de alerta y facciones de rasgos duros y severos. Además, la partida de sus artesanos al frente de la guerra, el alza de los costos de transporte, piedra y bronce, hasta triplicarse, tornó irrisorio el monto del contrato”, precisa.

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Y añade: “El maestro trabajó en condiciones muy exigentes hasta que en 1922 logró una compensación del Estado argentino. En este contexto, su amistad con Rodolfo Alcorta fue decisiva; fue su sostén emocional durante los 10 años de realización del monumento”.

“Bourdelle no quería simplemente colocar un jinete arriba de un caballo. Diseñó una ciudad arquitectónica en la cual el pedestal, las figuras alegóricas y la escultura ecuestre dialogan entre sí armónicamente. Todos los planos del pedestal y del diseño de la plaza, desde las escaleras hasta los desagües son autoría de Bourdelle”, completa la productora audiovisual.

Por eso, la muestra fotográfica que se inaugura sobre las rejas de la Embajada de Francia en Argentina es una invitación a acercarse a cada etapa del proceso creativo del maestro, desde sus bocetos, al modelado en arcilla, el moldeado en bronce y la fundición.

Pero también a descubrir la escala del monumento. La cabeza del caballo mide aproximadamente 1,70 metros de alto y el conjunto de la escultura ecuestre mide 5,5 metros de alto en total.

“Por eso, su perspectiva es perfecta y lo convierte en el monumento ecuestre más importante de la Argentina y de Sudamérica. Hay un dato que es extraordinario: Bourdelle nunca visitó Buenos Aires”, añade.

Creó este monumento desde Francia, imaginando el lugar en el que se instalaría y trabajando a miles de kilómetros de la ciudad que lo recibiría. Vería partir esta obra tan amada sin tener la posibilidad de verla en su esplendor con sus propios ojos. La exhibición fotográfica estará accesible al público hasta enero, a través de fotografías históricas conservadas en los archivos del Musée Bourdelle y permiten aproximarnos al propio escultor en su trabajo.

“Gracias a esas imágenes podemos mirar aquello que permanece fuera de nuestra vista: el camino, con espinas y rosas, que conduce desde una idea hasta una obra destinada a perdurar en el espacio público”, señala Dolores Lavalle Cobo.

Visita guiada

El jueves 23 de octubre, Dolores Lavalle Cobo y Alejandro Machado @cronistadetuciudad, invitan a participar de una visita guiada que comenzará por la muestra fotográfica ya mencionada y continuará frente al monumento a Carlos de Alvear.

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La propuesta busca que, después de conocer la historia de su creación y observar las distintas etapas del trabajo de Antoine Bourdelle, los participantes puedan acercarse al monumento y contemplarlo con otros ojos, prestando atención a su escala, su composición y los detalles que suelen pasar inadvertidos en la mirada cotidiana.

Los detalles de la actividad pueden consultarse en el Instagram: @flywithlolaok.

 

Créditos: Fotos de archivo del Museo Bourdelle (que fueron donadas por la Sra. Rhodia Dufet-Bourdelle en 1995 a la Ciudad de París) y Fotos en BA de Dolores Lavalle Cobo

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