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La bicentralidad (o centralidad compartida)

Pese a las debacles respectivas de La Doctora y El Ángel Exterminador.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

 

1.- Fracaso unificador

“El peronismo no roba para atrás”, confirma la Garganta. “Roba siempre para adelante. No persigue”.

La política es reversible. Persiste siempre el riesgo de tropezar con el mismo error.
En 2016, desde el oportunismo inmanente del macrismo, se activó el mecanismo de destrucción de La Doctora.

En 2020 se registra el fenómeno antagónico. Mecanismos de destrucción de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.

Una suma de perjudicados personales. A los que Macri, confirman, intentó meter presos.
Otros estuvieron presos y creen que fue por indicación de Macri.

Los artesanos previsibles de la demolición desconocen que la Argentina sólo se entiende a partir del fracaso que unifica.

El macrismo amagaba con la permanencia. Pero al estrellarse en 2018 se convirtió en una pausa moral.

Mientras convivía con el calvario, La Doctora mantuvo su libertad. Pero comenzó a recomponerse.

Fundió diversos fragmentos. Desorientó a la propia escudería y a la ajena, con la altiva selección del instrumento ideal.
Alberto Fernández, El Poeta Impopular.

Como si con vengativo tono de venganza le dijera al Grupo Clarín, el único enemigo que respeta.
“¿Vieron? Al final, les gané con un hombre de ustedes”.

Cuando Alberto arranque con su gobierno, y abandone el tono suplicante, tiene que sorprender. Consagrarse.

El ministro Martín Guzmán, Gardelito, debe recibirse de Gardel. Por resolver el dilema de la deuda, en perfecta armonía con las súplicas.

“Déjennos crecer para pagar”. “Los muertos no pagan”. “Los del Fondo fueron tan irresponsables como Macri”.

Si no choca, puede haber Alberto por otros cuatro años.

Si se estrella, en el país sin alternativas será otro mero eslabón de la cadena interminable del fracaso.

Y la sociedad resignada va a redescubrir atributos que estaban ocultos en Macri, fortalecido por la memoria de los errores.

Volverá, en todo caso, mejor.
En plena adversidad, ahora a Macri se lo fulmina.

Si el Ángel sigue el ejemplo y la conducta de La Doctora y sobrevive al calvario, apenas debe esperar el tropiezo de Alberto.

Es el espectáculo de la bi-centralidad. O centralidad compartida, entre La Doctora y el Ángel Exterminador.

Despreciados, ambos, como valorados por la mitad de la sociedad que mantienen, juntos, de rehén.

Los que detestan a La Doctora se basan en portación presunta de corruptelas.
Los que denigran al Ángel se inspiran en la asumida portación de inutilidad (aunque se hurga, también, en corruptelas).

En la incertidumbre, es más tolerado el corrupto que el inútil.
La tensión del bolso supera el relajo de la reposera.

2.- Nada somos sin la deuda

¿Quién puede perforar la bicentralidad?
Desafío improbable para Alberto, un emergente sin perfil propio ni disposición para quebrarla.
Pero se extiende, como una manta para picnic, la pasión del “albertismo”.

Son “los amigos de Alberto”, el líder indiscutible del partido PARTE.
Puede PARTE perfectamente participar del “frepasito tardío” que sostiene el progresismo de La Doctora, hoy urgida por resolver sus problemas familiares y judiciales.

Si La Doctora y Alberto se dejaran arrastrar por la inteligencia estratégica, podrían implementar el abecé del peronismo.

Diluir en la confrontación interna la actividad política general.
Entre albertistas y doctoristas. Diseñar a Alberto como lo moderado, única esperanza para detener el kirchnerismo plebeyo.

Bandos que se deben poner de acuerdo en el momento indicado, ante los fragmentos histéricos de los opositores reales que pugnan oralmente por el cambio.

Los macristas tildados de neoliberales, con radicales y coalicionistas que protestan hacia adentro, pero con la medialuna enarbolada.

Pero el gobierno de Alberto debería arrancar, destrabarse, distribuir el loteo con mayor prolijidad.

Contra frente para Sergio, el frente para Máximo, costaditos para Alberto.
Con la resolución de la deuda demencial, pero sin pagarla.

«Acabar con la inflación, generar el crecimiento, fortalecer el consumo, el amor y la fertilidad».
Y concluir con los lloriqueos pragmáticos por el mundo.

«Estamos en terapia intensiva, ayúdenos, Santo Padre».
La utopía siempre cuesta.

La deuda funciona como el máximo pretexto para justificar la parálisis de gestión.

Nada somos, a esta altura, sin la deuda que entibia la colectiva autocompasión.

3.- Árboles caídos

César Jaroslavsky, pensador positivista radical, sostenía que “el vivo nunca habla mal de otro vivo”.

Que ningún jugador respetable castiga al adversario cuando está caído.
Los leñadores respetables sólo talan árboles de pie.


Tirarle a Macri, hoy, que está en la lona, es un deporte inofensivo pero que contiene el sabor de la venganza.

Pero lo talan los propios. El que confirma que el Ángel lo quiso meter preso.
Los que estuvieron presos con una causa inventada, y les encajaron el clavel de «la doctrina».

Los empresarios decepcionados que le pusieron, y ven que sus activos hoy valen la tercera parte de lo que valían cinco años atrás.

Cantidad de referentes triunfadores, de los considerados “vivos”, salieron como tías indignadas a protestar por el nombramiento de Macri como presidente de la Fundación Fifar.
La magnitud de la reacción legitimó el ejercicio de la centralidad.

Como La Doctora en 2017, el Ángel va a ingresar, en 2021, al fast food del Parlamento.
Otra vez se lo tendrá dentro del juego institucional.

4.- Geniol ¿Perforador?

Ni el emergente Alberto, ni el captado Sergio, ni el dependiente Máximo, ni Axel, se encuentran hoy en condiciones de perforar la centralidad que comparte La Doctora.

Cuatro o cinco gobernadores del peronismo que no tienen elección en 2023 son, a pesar de ellos, cada uno un proyecto político que camina.
Perotti, Manzur, Schiaretti, Uñac. ¿Bordet?

Pero hasta mediados de 2022, los cinco van a dedicarse a gobernar y pagar los sueldos.

Habrá tiempo para reclamarle a Alberto por aquel verso olvidado de los «24 gobernadores y el presidente de la república juntos, de la mano».

Se dieron cuenta pronto que es el turno de los peronistas metropolitanos que ganan por primera vez.

«Agarraron la pelota y se la llevaron para hacer jueguito entre ellos».

Al cierre del despacho, solo Horacio Rodríguez Larreta, El Geniol, puede perforar la centralidad compartida.

Con protagonismo absoluto, ambiciosa gestión, e infinitos billetes. Con el carisma de una cicatriz.

En cambio la señora María Eugenia, La Chica de Flores de Girondo, perdió algo más que la elección con Axel, El Gótico.

Perdió antes, cuando el Ángel la exterminó, sin siquiera sentarse, en ninguna mesa de negociaciones.

La Chica de Flores, con su adicción al sacrificio, puede recuperarse en 2021, entrar al fast food y mostrar su condición de mejor cuadro.

Pero es lo suficientemente inteligente para refugiarse, por ahora, en la guarida generosa de Geniol.

Es el único de la banda cambista que quedó en pie. Los radicales lo saben.
Como los peronistas reversibles que se entienden con Geniol sin siquiera hablarse. Basta, apenas, con saberse.

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