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Impunidad de barras bravas

Todos los sectores deben coincidir en la voluntad institucional para erradicar el vandalismo generado por las hinchadas violentas del fútbol.

La valiente posición de la directiva del Club Independiente de Avellaneda, encabezada por Javier Cantero, reactualiza el embate que estigmatiza al fútbol argentino, sometido por la presión delictiva de las barras bravas. Este peligroso factor de poder sigue creciendo gracias a la impunidad que les brinda la connivencia con la corrupción dirigencial de clubes, sindicatos, partidos políticos y activistas ideológicos, a los que se suma la pasividad policial por la figura del garantismo oficial.

El poder de las barras bravas se sustenta en una verdadera asociación ilícita de características mafiosas, como lo determinó la Justicia en numerosos casos, condenando a cabecillas, pero sus miembros se reagrupan con mayor contundencia porque es un accionar que sirve tanto para presionar a las entidades deportivas bajo amenazas, a fin de conseguir dádivas como también a la dirigencia gremial. Precisamente la barra brava de Independiente es una de las apañadas por el oficialismo como integrantes del grupo Hinchadas Unidas que viajó al último Mundial de Sudáfrica y sirve como elemento de choque a camioneros y construcción, entre otros sindicatos, en protestas callejeras. Las barras bravas también monopolizan los estacionamientos como "trapitos'', en los espectáculos en los estadios y son mercenarios de la militancia dando marco a cualquier acto partidario. Obviamente son grupos que manejan mucho dinero y están organizados con estructuras internas y códigos propios de la clandestinidad.

Por eso se frustran las iniciativas para frenar el accionar de la violencia organizada que somete al fútbol argentino, aunque no es una lacra criolla, porque otras barras bravas se hicieron famosas en el mundo, como los temibles hooligans ingleses, los tifosis italianos, o la torcida brasileña. A diferencia de éstas, que han sido anuladas o controladas, en nuestro país parecen tener más derechos y garantías que los directivos de clubes, y más protección que los jugadores.

Intentar ahora que las entidades apliquen un derecho de admisión para los barras, como pidió el presidente de la AFA, Julio Grondona, hasta que se implemente un "padrón de hinchas'', es otro absurdo de tal complejidad al que bien vale aplicar la expresión futbolera de patear la pelota para adelante. Es decir innovar para que todo quede igual, porque no habrá soluciones sin medidas drásticas; las que no se aplican por falta de voluntad política y dirigencial.