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Graviola: ¿la fruta milagrosa?

Por Sofìa Tarruella. Mientras la medicina occidental aún no se decide por utilizar el fruto que, según estudios, es 10 mil veces más fuerte que la quimioterapia y ha curado a miles de personas en el mundo, sólo me queda difundir lo que viví en mi familia.

Por Sofía Tarruella
@Sofisuu
starruella@diarioveloz.com


Recuerdo el momento exacto en el que supimos la noticia. Era abril de 2011 y en una llamada telefónica tensa que me sorprendió mientras trabajaba en una nota, mi mamá me contó que a mí papá le habían diagnosticado cáncer.

Un mes más tarde fue sometido a la primera cirugía, una uro nefrectomia donde le extirparon el uréter izquierdo, un riñón y una parte de la vejiga. La recuperación fue rápida pero meses más tarde los resultados del estudio de control fueron desalentadores. Tenía nuevamente pólipos en la zona.

Una segunda cirugía y un verano de quimioterapia endovesical intensa prometían una recuperación lenta pero efectiva. Terminó el tratamiento y los resultados del segundo estudio revelaron que mi papá tenía pólipos cancerosos nuevamente.

La tercera cirugía fue seguida de una quimioterapia aún más fuerte con sus consecuentes efectos secundarios más intensos.

Uno de esos días de otoño, entre sesiones de quimioterapia, mi papá se encontró por la calle con la hermana de una vecina que conocía de casi toda la vida. Allí se enteró de que Mari había pasado por lo mismo.

Esa fue la primera vez que mi papá escuchó hablar de la graviola. El primer frasquito costó 90 pesos y contenía 90 cápsulas que debía consumir tres veces por día. Él se sentía bien y al parecer, las pastillas de fruta de selva amazónica eran efectivas, así que las tomó sin interrupción durante cinco meses.

Días atrás, volví a recibir un llamado que una vez más interrumpió mis tareas laborales, la voz de mi mamá nuevamente era tensa y ante una oración que comenzaba con "los estudios de papá...", mi estómago se acalambró. Afortunadamente, fue distinto, los análisis afirmaban que no había células cancerosas.

La Annona muricata, guanábana o graviola es la planta anticancerígeno más poderosa del planeta: más de 20 pruebas de laboratorio independientes y centenares de trabajos de investigación realizados por el instituto Nacional del Cáncer, National Health Center, la Purdue University de Estados Unidos y Universidad Católica de Corea Sur avalan su poder en casos de cáncer de colon, cáncer gástrico, cáncer de páncreas, cáncer de próstata, cáncer de mamas, cáncer de riñones y cáncer de pulmones. Además, un reciente estudio reveló que sus propiedades son 10 mil veces más potentes que la quimioterapia y se constató que mata las células cancerigenas sin dañar las células sanas. Tampoco hay incompatibilidad con otros tratamientos ni tiene efectos secundarios, reacciones de intolerancia o alergia.

Todas las partes del árbol de graviola son útiles y han sido utilizadas durante siglos por pueblos originarios de América del Sur para el tratamiento de enfermedades del corazón, asma y artritis. En las sociedades occidentales, se utiliza desde hace más de 40 años en Estados Unidos, Europa y en Asia.

Como si fuera poco, los estudios sostienen que, además de sus propiedades anticancerígenas, la graviola es antitumoral, antibacteriano, antiparasitario, antiespasmódico, astringente, febrífugo, hipotensor, insecticida, pesticida, sedativo, vasodilatador y vermífugo. Es utilizada para combatir el asma, la hipertensión, la diabetes, desordenes del hígado, los estados de ansiedad, depresión y nerviosismo.

Entonces, ¿Por qué se conoce poco acerca de la graviola? ¿Por qué no se utiliza en los hospitales con pacientes oncólogicos?

Según un estudio del Instituto de Ciencias de la Salud de Baltimore, Estados Unidos, traducido por el periodista colombiano Orlando López García, "una corporación estadounidense multimillonaria" investigó las cualidades del árbol amazónico y si bien los resultados fueron optimistas, se encontraron con que no podía ser patentable por tratarse de una planta natural, y por lo tanto, no era posible obtener los beneficios económicos esperados.

El informe sostiene que la compañía optó entonces por intentar sintetizar los competentes principales pero se encontraron con que el original era imposible de reproducir y si el laboratorio divulgaba los resultados de sus investigaciones, sin obtener antes una patente exclusiva, no iba a poder protegerse comercialmente. Por esto, la compañía habría decidido abstenerse de publicar los resultados de su investigación.

"Los tratamientos oncológicos tradicionales suelen originarse en estudios, altamente costosos, adelantados por firmas privadas que buscan lo que es normal: utilidades astronómicas por su explotación, una vez que han logrado la autorización de las autoridades sanitarias",
explicó a DiarioVeloz.com López García al tiempo que informó que quienes dieron origen a esa información jamás mencionan el nombre de la corporación, "quizás por temor, han decidido que permanezca en el anonimato".

"Un fruto como la graviola no podría ser patentado, razón por la cual no van a difundir sus virtudes para competir, por ejemplo, como Tarceva, cuyo precio es de 5.000 dólares las treinta pastillas", añadió el periodista especializado.

Por otra parte, una investigación del Dr. Ralph W. para Cancerdecisions.com, indica que si bien diversos estudios acreditan los beneficios de la guanábana, estos estudios fueron solamente realizados in vitro o in vivo en animales y aún no existen estudios clínicos en humanos. ¿La razón? Porque no se puede patentar una planta.

No puedo decir que la graviola o guanábana sea la solución milagrosa y ojalá se pueda comprobar de manera fehaciente que cura el cáncer. Mientras para la medicina tradicional –o las "burocracias" de las Industrias farmacéuticas- aún queda mucho por investigar, por mi parte, sólo puedo hablar desde mi corta experiencia y desde mi intuición, de que la solución a muchos de nuestros problemas actuales están en la naturaleza esperando a ser tenidos en cuenta.

Las cápsulas de guanábana pueden ser compradas en dietéticas o mercados naturistas. El precio de un frasco de 90 cápsulas ronda los 50 pesos en Capital Federal.