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Flor Peña: ¿la curiosidad, fama o negocio justifica difundir contenidos privados?

Por Sofía Tarruella. El sexo siempre atrae, vemos un poco y queremos más. Con los famosos sucede algo extrañamente similar pero aprovecharse y creer que los artistas deben rendirse a la difusión de su vida privada por ser personas públicas.

Por Sofía Tarruella

@Sofisuu

starruella@diarioveloz.com

El sexo siempre atrae, seduce, vemos un poco y queremos más.

Con los famosos sucede algo extrañamente similar, vemos sus ficciones en la pantalla chica, en las películas y revistas, y nos da curiosidad saber más de su vida, cuando las cámaras y flashes están apagados. Parecen seres afortunados con vidas perfectas y esto nos impulsa a comprobar que no es del todo así, que viven como nosotros, con nuestras felicidades y desgracias. ¿Pero el morbo propio o el negocio periodístico deben aprovecharse de esto?

No lo dicen sólo las leyes: la intimidad es una necesidad humana y un derecho natural del hombre y  esto, es sobre los intereses individuales o privados, y sobre el avance tecnológico.

Actuar en la tele, trabajar de modelo, ser fotografiado en eventos, vestirse seductoramente o elegir hacer un "desnudo cuidado", -más allá de gustos o consideraciones personales- debe ser respetado simplemente por tratarse de elecciones en un afortunado marco democrático.

Y creer que los artistas o modelos deben acostumbrarse o rendirse a la difusión de su vida privada por el hecho de ser personas públicas, además de ser una falsedad es de mala leche (sin doble sentido).

Por último, cabe aclarar que a lo largo de nuestra reciente historia internauta, algunos hackers -o a veces de modo estigmatizante llamados "piratas"- ha contribuido mucho a la cultura con la difusión de contenidos significativos o interesantes.  Robar una foto de una actriz y subirla a los sitios Web de pornografía gratuita no tiene nada que ver con eso.