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"Estoy segura de que ya me gané el cielo y las nubes de alrededor"

A los 56 años, luego de una valiente lucha contra el cáncer de mama, se apagó la vida de la ex modelo y conductora. ● Sus dos hijos, su marido e infinidad de amigos la lloran. ● Pero saben que se fue rodeada de amor, y con una hidalguía ejemplar. ●"No voy a bajar los brazos, soy una voluntariosa de la vida", dijo en el verano. ● El recuerdo a una mujer bella, única, solidaria e inolvidable.

Todo comenzó a bordo de un Fiat 600. Corrían los años setenta, y Patricia Inés Miccio –ariana, del 29 de marzo de 1955–, una de las cuatro hijas de Carlos y Françoise, estaba decidida a independizarse económicamente. Ojeando una revista dio con un molde que le pareció elegante, compró lo que pudo de tela en Once, y se puso a hacer polleras. Y fue con la ayuda del simpático autito coupé que recorrió las boutiques porteñas ofreciendo su creación, un éxito, con más de 600 piezas vendidas. Fue el primer paso. El siguiente se dio en uno de esos locales, cuando un diseñador le propuso desfilar sus vestidos. "Un metro setenta y uno de estatura, cincuenta y cinco kilos, nunca deja de sonreír y siempre está dispuesta al trabajo", fue la manera en que la describía la prensa en julio de 1979. Asesorada por Teté Coustarot y Mora Furtado, comenzó a recorrer las pasarelas, formando parte de una generación de modelos pioneras, que hoy todavía deslumbran por su belleza: Carmen Yazalde, Anamá Ferreira y Teresa Calandra, entre otras. En el camino comenzó a formar su familia junto a Louis Btesh, su primer marido, y en el ’85 se convirtió en mamá de Francis. "Tengo una vida privilegiada: buenos padres, buenas hermanas, buen marido, buen hijo, y vivo en una casa divina. Puedo salir de vacaciones. Si me quejara de algo sería como escupir al cielo...", decía por esos tiempos. Una década más tarde, ya convertida en la mujer Utilísima, Patricia renunció al programa que la hizo famosa para recibir a Axel, su segundo varón, quien llegó luego de varios años de tratamientos. "Quiero que mis hijos tengan una vida plena y feliz, y que sepan disfrutar de las cosas simples: las amistades, caminar, tomar sol... y que sepan que esa fiebre que hay de ganar más y consumir no es buena, que en el mejor de los casos es una forma mezquina de la felicidad", decía. Entró a los cuarenta con más ímpetu que nunca...