El riesgo país baja muy lento y Milei aún no tiene planes para salir al mercado internacional
El pago de bonos en dólares mejoró el clima financiero y alentó el optimismo de bancos e inversores en Punta del Este, pero el Gobierno todavía no define una estrategia concreta para recuperar el acceso al crédito externo, una condición clave para fortalecer reservas y sostener la recuperación económica.
El inicio de 2026 encontró al Gobierno con varios factores a favor en el frente financiero, aunque sin una hoja de ruta clara para volver a los mercados internacionales de crédito. El pago de USD 4.200 millones en capital e intereses de bonos realizado el viernes fortaleció la confianza de los inversores y no impactó negativamente en las reservas brutas, pero no alcanzó para despejar las dudas sobre la estrategia de financiamiento de mediano plazo.
En el entorno del presidente Javier Milei destacan que el escenario internacional resulta más favorable que un año atrás. La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos consolidó el alineamiento político con Washington, mientras que los últimos datos de la economía norteamericana abren la puerta a nuevas bajas de tasas durante 2026, un contexto que suele beneficiar a los activos de países emergentes.
El objetivo estratégico del equipo económico es recuperar el acceso al financiamiento voluntario. El propio Banco Central reconoció en su informe de perspectivas que esa condición es clave para acumular reservas de manera sostenida. Sin embargo, el ministro de Economía, Luis Caputo, insiste en reducir la dependencia de Wall Street, una postura que genera interrogantes sobre la viabilidad del plan.
Desde el Gobierno remarcan que el Banco Central fue el que más reservas compró en los últimos dos años, con adquisiciones superiores a los USD 25.000 millones desde el inicio de la gestión de Milei. No obstante, una parte sustancial de esos dólares se utilizó para afrontar vencimientos de deuda, lo que limita la capacidad de fortalecer el balance del organismo monetario.
Para el pago realizado esta semana se recurrió a un esquema mixto que incluyó la colocación de un bono local, financiamiento de bancos internacionales y compras del Tesoro en el mercado. De cara al próximo vencimiento importante, previsto para el 9 de julio por otros USD 4.200 millones, la expectativa oficial es cubrir una mayor proporción con nuevas emisiones de deuda, reemplazando títulos que vencen sin incrementar la deuda neta.
Aun así, por ahora no existe un plan concreto para emitir bonos en el mercado internacional. En el equipo económico confían en que la mejora del riesgo país llegará con el tiempo. Tras haber superado los 1.200 puntos básicos antes de las elecciones legislativas, el indicador descendió hasta la zona de los 550 puntos luego del triunfo electoral de Milei, aunque apenas volvió a niveles similares a los de comienzos de 2025.
Informes de bancos de inversión sostienen que el riesgo país podría perforar los 500 puntos e incluso acercarse a los 400 a lo largo del año. En ese escenario, la Argentina estaría en condiciones de colocar deuda externa a tasas cercanas al 8% anual y plazos no menores a cinco años, una opción que el Gobierno todavía evita formalmente.
El optimismo financiero se reflejó en reuniones realizadas en Punta del Este, donde bancos y fondos de inversión de Estados Unidos y Europa analizaron las perspectivas para la Argentina en 2026. Allí se destacó el superávit fiscal, el bajo nivel de endeudamiento y el control monetario como diferencias clave respecto de experiencias pasadas.
Sin embargo, persisten riesgos. Un cambio brusco en el humor de los mercados internacionales podría frenar la recuperación de los bonos y complicar la estrategia oficial. Además, el crecimiento económico proyectado para este año, cercano al 3,5%, estaría impulsado por sectores con bajo impacto en el empleo, lo que limita el efecto en los ingresos de los hogares.
Con la inflación de 2025 cerrando cerca del 31% y expectativas de desaceleración hacia el 20% en 2026, el Gobierno exhibe uno de sus principales logros. Pero la baja del riesgo país y la estabilidad financiera, por sí solas, no garantizan apoyo político duradero si no se traducen en una mejora más clara del salario real y del consumo.
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