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El peligroso mundo del “ojo por ojo”

La pandemia agigantó la ola de inseguridad. Pero no necesitamos de valientes justicieros.

El coronavirus vino a la Argentina a mostrar muchos problemas que son endémicos dentro de nuestra sociedad: el endeble sistema sanitario, la falta de políticas públicas de salud, la enormidad del mercado informal de trabajo, la pobreza, la diferencia entre los valores de los salarios y el costo de vida, entre otros.

Además de desnudar nuestra fragilidad, potenció otros problemas también graves, como la imparable ola de inseguridad, especialmente en puntos del conurbano bonaerense.

En la última semana, un hecho relevante cobró gran notoriedad en los medios de comunicación: el asesinato de un ladrón por parte de un jubilado de 71 años durante un robo en su casa de Quilmes.

Claro, en medio de una ola de inseguridad, donde muchas de las víctimas de asaltos y entraderas son asesinados por los delincuentes, la reacción del jubilado fue tomada por muchos como un heroico acto de justicia. Pero el mundo de la “justicia por mano propia” es demasiado peligroso, más cuando se entremezclan episodios y contextos más vinculados a un homicidio.

Si la Justicia demuestra que Jorge Ríos mató a un hombre indefenso de un balazo a quemarropas mientras su víctima estaba en el piso, deberá ser juzgado por homicidio. Es lo que corresponde, según las leyes.  

La ley del “ojo por ojo” ya es una cuestión superada por la civilización, en la medida en que aplicar la justicia por mano propia es una vara que dependería de la parcialidad de cada uno. Y no todos tenemos los mismos criterios de justicia. Sería volver a la ley de la selva y del sálvese quien pueda, un mundo de venganzas concatenadas que se hace inimaginable hoy en día.

Que se entienda: rematar a un hombre tirado en el suelo está mal, como también entrar a robar en la casa de una persona. Para cada delito debe aplicarse la sanción correspondiente y equiparable. Y no es cuestión de formar parcialidades: se puede, o mejor dicho, se deben condenar ambas acciones.

¿Las leyes y las penas que derivan de ellas son injustas? ¿Los delincuentes “tienen más derechos” que las víctimas? Son discusiones que se escapan a esta situación en particular y que quizás deban darse en algún momento. O directamente no tengan necesidad de ser. La reforma del sistema penal y carcelario deberá darse de manera integral y no dependiendo cada caso.

Pero la justicia por mano propia no debe tener lugar. Debemos exigir que los responsables se hagan cargo de parar esta ola de delincuencia. Con acciones concretas y con proyectos serios. Pero cargar armas por nuestra cuenta puede ser el camino de ida a una sociedad mucho más violenta.

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