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El nuevo gobierno está entre el apoyo mayoritario y una oposición radicalizada

Los sucesos de las primeras semana confirman algo sobre lo que algunos venimos insistiendo hace rato: el nuevo gobierno no tendrá “luna de miel”.

Desde el 11 al 14 de diciembre realizamos nuestra encuesta mensual en la Provincia de Buenos Aires, con el objetivo de conocer el punto de partida de las gestiones tanto nacional como provincial y las expectativas a futuro.

En este registro de la opinión pública detectamos que la mayoría sabe que el 11 de diciembre no se acabaron los problemas: inflación, desempleo y pobreza continúan siendo considerados los principales. Asimismo, el 80% de los encuestados mencionó alguno de los problemas económicos y considera que la economía está mal o muy mal.

No obstante, un dato positivo para el nuevo gobierno tiene que ver con que un segmento mayoritario no espera que en los próximos seis meses mejore repentinamente la situación económica. Más allá de lo inmediato, la confianza en lo que haga el ejecutivo nacional es amplia e incluye a la totalidad de sus votantes y a una parte significativa de votantes de otros espacios.

En este sentido, observamos que a futuro las expectativas son positivas. En el corto plazo, un realismo moderado que se combina con la esperanza de crecimiento en el mediano y largo plazo. Estos sentimientos se afirman en la percepción de un cambio de rumbo, el inicio de una administración más cercana a la realidad y con mayor sensibilidad social.

Respecto a la imagen de ambos mandatarios, tanto Alberto Fernández como Axel Kicillof parten con pisos altos, mayores al voto obtenido y con niveles de aprobación contundentes sobre sus primeros gestos.  Además cuentan con una fracción cercana al 15% que tiene una opinión intermedia o regular, sobre la que deberán trabajar para ganarse su confianza. Por último, un 25% manifiesta un rechazo muy difícil de revertir.

El dato más relevante, es que el eje principal que sostiene las medidas de emergencia enviadas al parlamento nacional, es decir, la solidaridad como valor central, tiene una aprobación mayor al 60% y sólo uno de cada cuatro bonaerenses no se muestra de acuerdo con que “los que más tienen, deberán hacer un esfuerzo mayor” (Alberto Fernández. Discurso de asunción).

Por otra parte, el congelamiento de tarifas en la Provincia de Buenos Aires, una de las primeras medidas de Axel Kicillof, solo tiene 17% de rechazo. 

Sin embargo, más allá de las cifras, sabemos que para gobernar es sustancial pero no suficiente tener la aceptación de la opinión pública. 

Los sucesos de las primeras semana confirman algo sobre lo que algunos venimos insistiendo hace rato: el nuevo gobierno no tendrá “luna de miel” y se enfrentará a una oposición (política, económica y mediática) radicalizada, que no dará tregua. Arduo trabajo el que le queda por delante.

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