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El modelo portugués y la necesidad argentina

Por Leo Anzalone. Las luces se posan sobre Lisboa, Portugal.

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Las luces se posan sobre Lisboa, Portugal. El modelo portugues se convirtió en el ejemplo de cómo una combinación inteligente de medidas puede reducir el déficit, la deuda, bajar el desempleo y claro, su logro más destacado, pagarle al FMI.

En general, por no decir siempre, cuando algún país cae en las poderosas garras del FMI entra en una espiral de ajuste. Como hay que pagar, los países deben “ajustarse”, así se resiente la actividad económica y con ello cae la recaudación. De esta forma se aleja el equilibrio fiscal para poder recaudar lo que hay que pagar. Ante ello, nuevos esfuerzos y sacrificios se vuelven necesarios, y otra vez se terminan dañando la actividad económica y las condiciones de vida de la población. O, la segunda opción, no pagar, catástrofe para ese país ya que se vuelve una especie de enfermo viral para el mundo.

Eso, así de sencillo nos ocurrió en reiteradas ocasiones, y, hace poco, fue la descripción de la realidad económica griega, que, en síntesis, dejó al país en condiciones mucho peores que antes del rescate del FMI.

Pero como un oasis en el desierto emerge Portugal, que hundido en las crisis del 2008 tuvo que negociar una serie de desembolsos con el Fondo Monetario Internacional, quienes al igual que siempre, llegaron esta vez al Palacio de São Bento con un decálogo de medidas, las mismas que trajo recientemente a la Argentina o antes a Ucrania o Marruecos.

El organismo internacional le prestó más de 26.000 millones de dólares al 5,8% de interés. La devolución total del crédito se produjo con años de antelación y gracias a una bonanza económica, que se traduce en crecimientos por encima de la media de la Unión Española (2,2% este año) y un desempleo que pasó del 16% en 20013 al 6% actual, el más bajo desde hace 16 años.
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Tasa de desempleo

El déficit fiscal pasó del 11% del PIB en 2010 hasta el 0,5% de 2018. Esta mejora en el desequilibrio en las cuentas públicas permitió que en Portugal la deuda pública pase del 133% del PIB a el 124%.
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Déficit fiscal

El crecimiento económico lleva varios años seguidos en torno al 2% anual, por encima de potencias como Francia y Alemania que registraron 1,5%. El bono soberano a 10 años está pagando una rentabilidad por debajo del 1,3% frente al 16% que llegó a tocar en los peores momentos de la crisis de deuda en 2012. El desempleo, uno de los datos más importantes para un país, había llegado al 17% y pasó, a junio de este año al 6,7%. 

Nada mal para los lusos. Pero ¿cómo lo hicieron? Para no entrar en complicados tecnicismos académicos, se podría acordar que Portugal rompió el paradigma del ajuste, dejó de lado las medidas de austeridad típicas para estos casos, siempre elaboradas en Washington y apostó por un plan donde se dejaron de lado los recortes de salarios, de las pensiones y de la seguridad social, se introdujeron incentivos para estimular al sector privado, incluyendo subsidios al desarrollo, créditos fiscales y financiamiento a las PyMEs, así se llevó la economía portuguesa a uno de los períodos de mayor crecimiento de su historia. Aunque es cierto que se hicieron esfuerzos fiscales y financieros, pero, acá el “milagro”, sin cercenar derechos laborales ni sociales, como sí ocurrió en Grecia y otros países.

El dato económico más contundente es que las exportaciones se dispararon, pasando de representar el 29% del PIB en 2010 al 43,6% en 2018. Pero más allá de los números hay dos situaciones más que no pueden soslayarse. En primer lugar, el acuerdo político que consiguió Antonio Costa, con la mayoría de las fuerzas parlamentarias, que no solo le dio estabilidad política, sino que le permitió impulsar reformas redistributivas. La otra es el fortalecimiento de las relaciones de Portugal con sus socios comerciales, España y Alemania, al otro país ibérico van alrededor del 21% de las exportaciones portuguesas, mientras que Alemania le compra el 12%. 

Así, Portugal se convirtió en el niño mimado del mundo y en nuestro país no es la excepción. Muchos son los que aseguran que Argentina debería observar con detalle y profundidad las acciones de los lusitanos para poder salir de la profunda crisis en la que estamos sumergidos.

No creo que haya modelos económicos exportables, sí ideas generales que pueden observarse y aprenderse. No hay un modelo a seguir porque el de Argentina es otro contexto y porque en economía no hay verdades absolutas, pero no hay dudas que Portugal, o el resurgimiento de los dragones asiáticos, podrían ser el norte a seguir. En ambos, los consensos sociales, la protección de los derechos adquiridos y el Estado estratégico pensando la economía, han sido el común denominador de los milagros económicos de los últimos años. 

Argentina no va a tener muchas oportunidades más, debe recuperarse atendiendo, como Portugal, el mercado interno, generando empleo y exportaciones con mucho valor agregado para sacar a su población de la pobreza y debe hacerlo, para no volver a caer en el abismo actual, de manera estratégica y, fundamentalmente, sustentable en el tiempo.

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