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El fin de la transición

Por Manuel Zunino y Santiago Giorgetta. Los días previos a la asunción del nuevo gobierno nos traen una agenda cargada de sucesos políticos sobre los que vale la pena hacer un análisis.

Los días previos a la asunción del nuevo gobierno nos traen una agenda cargada de sucesos políticos sobre los que vale la pena hacer un análisis: el balance de gestión de Mauricio Macri y su despedida, el anuncio del gabinete de Alberto Fernández, y como plus, algunos datos sobre las expectativas sociales respecto a lo que se viene. 

El jueves Mauricio Macri realizó su primer y última cadena nacional, con un formato particular. Pero más allá de las formas, lo que deberá discutirse pieza a pieza es la extensa enumeración de logros de gestión presentados. Quedará como tarea para los especialistas de cada área ir desgranando los datos para contrastarlos con la realidad.

Asistimos, de parte del Presidente saliente, a la ostentación de un exitismo ficticio que no coincide con la sensación mayoritaria. Dio la impresión de que no le hablaba a la totalidad de los/as argentinos/as. En principio, los grandes ausentes de su discurso fueron los pobres, justo cuando se conocían las cifras del Observatorio de la Deuda Social y en una cuestión sobre la que nos había pedido expresamente que evaluemos su gestión.

En relación a los efectos que pueda tener sobre la opinión pública, consideramos que las sociedades evalúan a sus dirigentes por lo que hacen mucho más que por lo que dicen. El discurso del Macri, tanto como su acto de despedida, no hacen más que reforzar lo que la ciudadanía piensa sobre él. Pero, quizás sea ese el efecto buscado: reforzar su liderazgo dentro de la nueva oposición y decirle a los propios “hasta pronto”. 

Del otro lado, las principales críticas que se le hicieron a Alberto Fernández durante las últimas semanas fueron, en primer lugar, la demora en el anuncio de su gabinete y luego, la idea de que sería Cristina Kirchner quien lo definiría. Sin dudas, se intentó desde ciertos sectores influyentes, de forma manifiesta, debilitar a un mandatario que aún no asumió.

Respecto a la primera crítica, sabemos que el tiempo es un recurso valioso. Alberto Fernández supo administrarlo con racionalidad y usarlo a su favor. 

Por otra parte, los que aparecían como “no confirmados” en los medios, tienen en común la tarea de conducir áreas en las que deberán lidiar con lobbies muy poderosos. En este sentido era sumamente necesario evitar un desgaste prematuro de sus figuras. 

En relación a la segunda cuestión, de nuestra parte no nos causa ningún asombro que Cristina Kirchner tenga cierto grado de incidencia en el armado. De todos modos la foto del viernes demuestra que es un equipo constituido por el futuro Presidente.

Mucho más, la participación de Cristina Kirchner en algunas de las definiciones realzaría el papel de la política. De hecho, marca un contraste muy alto con el gobierno de Mauricio Macri en el que nos cansamos de observar cómo los ministros eran designados por multinacionales.

El anuncio del nuevo gabinete presenta cuatro aspectos interesantes a primera vista. Uno, en relación a lo dicho antes, el pasaje de un conjunto de Ceo´s a un equipo de cuadros de estado, formados casi en su totalidad en la universidad pública y con experiencia en la gestión. Dos, un crecimiento en términos de paridad de género, que indica una preocupación sobre el asunto y una escucha de las demandas sociales. Tres, un gabinete con mayoría joven, que muestra una renovación política auspiciosa. Cuarto y probablemente el dato más relevante, es la recuperación de ministerios clave y la creación de otros muy necesarios para abordar problemáticas urgentes.

Ahora, de cara a lo que se viene, el nuevo gobierno arranca con altas expectativas a futuro: más del 60% tiene una mirada positiva de los próximos meses. Alberto Fernández asume con un piso de imagen positiva de 58%, que seguramente crecerá con las primeras medidas de gobierno. La mayoría considera que tendrá paciencia de entre seis meses y un año para comenzar a ver mejoras y hay coincidencia en que estaremos frente a un gobierno con mayor sensibilidad social, lo que no es poca cosa.

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