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El durísimo momento de Miguel Ángel Solá: “Estoy sin trabajo y sin posibilidades de conseguirlo”

El actor publicó una carta abierta y se refirió a la complicada situación que está atravesando al igual que sus colegas. 

Miguel Ángel Solá
Miguel Ángel Solá
Desde Madrid, en donde vive con su mujer Paula Cancio y su hija, el prestigioso Miguel Ángel Solá, de 70 años escribió una carta abierta en la cual habló de la difícil situación que atraviesa el rubro artístico debido a la pandemia del coronavirus, y cuestionó a los productores por convocar a “adolescentes” dejándolo a él de lado.

En el marco del estreno de Crímenes de familia -película que protagoniza junto a Cecilia Roth, por Netflix-, el actor destacó que su trabajo pueda verse a través de las plataformas digitales, en tiempos en los que los cines no están abiertos. Y tampoco se han aprobado protocolos para retomar las grabaciones de las ficciones ni las filmaciones.

“Es una magnífica opción para romper la inacción a la que nos somete algo que no vemos, ni oímos, ni gustamos, ni tocamos ni olfateamos hasta que se ha metido dentro nuestro para matarnos o someternos a una terrible prueba de terror. Miento si digo que no tengo ilusiones puestas en este estreno. Estoy sin trabajo y sin posibilidades de conseguirlo”, admitió.

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“Mis representantes, aquí y allá, no me dejan mentir, ya que ofrecen mis servicios a todas horas, a todas las productoras, directores de casting, directores de series y cine, canales de aire y novedosas plataformas. No hay trabajo para mí. Sólo para unos pocos ‘adolescentes’ cuyas ‘trama’ escriben guionistas que han olvidado con creces la adolescencia”, continuó sobre la dificultad que presentan sus agentes de Argentina y España para conseguirle un papel.

En este contexto, analizó cuál es el objetivo de los productores a la hora de convocar a actores para sus proyectos. “En la España de hoy es ‘follar todos con todos’ -consideró- y en la Argentina de hoy, lo mismo pero con el verbo ‘coger’, siempre y cuándo de adolescentes con adolescentes se trate, y, en esos mundos, no pincho ni corto, aunque me pregunte (y pida a mis representantes que pregunten por mí a los que reparten el trabajo)”.

En el texto que publicó en su cuenta oficial de Facebook, Miguel Ángel Solá fue crítico con las nuevas generaciones y sus formas de comunicación: “¡Con razón no hay diálogo más que por celular!... Y, en medio de tanto ‘follaje’ y ‘cogiembre’ polienergúmena: ¿hay barbijos para prevenir el COVID-19, y preservativos para hacer lo mismo con el SIDA? ¿Hay ‘pastas’ y ‘coca’ para mantener las ganas de los púberes? ¿En qué institutos y colegios estudian, si están todos cerrados por la pandemia? ¿O son series históricas? ¡Miren que tienen buenas ideas los responsables artísticos de los canales, carajo!”.

Luego, enumeró la extensa lista de trabajos que realizó a lo largo de sus 50 años de carrera y se manifestó dolido y frustrado la falta de trabajo en la actualidad. “He sido fuente de inspiración para muchos autores. He hecho ganar mucho dinero a productores y empresarios. No está mal. He sido nominado como Mejor Actor en más de doscientas oportunidades. No está mal. Centenares de críticas a lo largo de estos cincuenta años de trabajo se refieren a mí como un gran actor, o como un actor imprescindible. En ocasiones se me ha resaltado como ejemplo a seguir. No está mal. Lo único que está muy mal es que, pese a todo eso -o debido a todo eso-, no pueda conseguir trabajo. Ni aquí ni allá. Sí: eso no está bien. Está mal. Muy mal...”.

Soy Miguel Ángel Solá. Nací el 14 de mayo 1950. En 1970 me estrené como actor, hasta hoy, 2020. Llevo cincuenta años sobre las tablas y frente a cámaras y micrófonos.

El jueves 20 se estrena en 200 países del mundo la película Crímenes de familia, de la que formo parte y en la que me ha tocado hacer un padre que atraviesa un momento muy especial de su vida. Acompaño a Cecilia Roth, Sofía Gala, Benjamín Amadeo, actores todos de los que no deben perderse estas interpretaciones ni por parto. Es el primer lanzamiento argentino de Netflix que va a llevarse a cabo por las pantallas de televisión, debido al problema insoluble que plantea para todos el COVID-19. Y me parece muy bien. La película lo permite, no muestra paisajes que no sean de la conducta humana e inhumana a las que se recurre de forma indistinta. Es una magnífica opción para romper la inacción a la que nos somete algo que no vemos, ni oímos, ni gustamos, ni tocamos ni olfateamos hasta que se ha metido dentro nuestro para matarnos o someternos a una terrible prueba de terror. Miento si digo que no tengo ilusiones puestas en este estreno. Estoy sin trabajo y sin posibilidades de conseguirlo.

Mis representantes, aquí y allá, no me dejan mentir, ya que ofrecen mis servicios a todas horas, a todas las productoras, directores de casting, directores de series y cine, canales de aire y novedosas plataformas. No hay trabajo para mí. Sólo para unos pocos ‘adolescentes’ cuyas ‘tramas’ escriben guionistas -que han olvidado con creces la adolescencia-, pero que han vuelto a redescubrir en ella, que la forma de ser adolescente es, en la España de hoy: ‘follar todos con todos', y en la Argentina de hoy, lo mismo pero con el verbo ‘coger’, siempre y cuándo de adolescentes con adolescentes se trate, y, en esos mundos, no pincho ni corto, aunque me pregunte (y pida a mis representantes que pregunten por mí a los que reparten el trabajo: ‘¿Y un padre, un tío, un abuelo, un profesor, un director, un jefe de empresa, un ‘adocenado’ pariente –que siempre hay en un mundo hecho por los anteriores a ‘ésos y ésas adolescentes que follan y/o cogen todos con todos y todas con todas y múltiples viceversas'-, ¿de ésos, que antes había tantos, no hay más en las series?. ¿Sólo se escriben las escenas de cama con diálogos tales como: ¡Ah!, ¡Ah!... ¡Más! ¡Venga! ¡Voy!... ¡Ya! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!... Pero ¿Quién representa al círculo estrecho de miras, conservador y puritano, que ni con la mano ofende a Dios?... ¿Nadie? ¡Con razón no hay diálogo más que por celular!... Y, en medio de tanto ‘follaje’ y ‘cogiembre’ polienergúmena: ¿hay barbijos para prevenir el COVID-19, y preservativos para hacer lo mismo con el SIDA. ¿Hay ‘pastas’ y ‘coca’ para mantener las ganas de los púberes? ¿En qué institutos y colegios estudian, si están todos cerrados por la pandemia? ¡O son series históricas? ¡Miren que tienen buenas ideas los responsables artísticos de los canales, carajo!

Estoy pensando que mis representantes se han hecho tal lío conmigo, por lo logrado en cincuenta años de trabajos de primerísima categoría, que piensan que, para mí, todo es poco.

No es para tanto. He protagonizado algunas obras inolvidables, sí: Equus; El Hombre Elefante; Sin Testigos; Por el placer de Volver a Verla; Mosqueteros; El Diario de Adán y Eva, de Mark Twain y Doble o nada, que han sido, la mayoría éxitos de taquilla para el teatro de texto. Hubo más, pero, sólo con ésas, he sido digno de quedar en las vidas de muchos miles de espectadores. ¿Me olvidé del Marco Antonio de Julio César, de El Águila de dos Cabezas y de El veneno del teatro? Bueno, ya están. La temporada más corta, dos años, la más larga: diez. No está mal.

Y recuerdo con felicidad haber puesto toda mi capacidad al servicio de personajes elogiados y muy premiados en Asesinato en el Senado de la Nación; Casas de Fuego; Bajo Bandera; Malayunta; El Exilio de Gardel; No Habrá más Penas ni Olvidos; Sur; Sé Quién Eres; Una Sombra Ya Pronto Serás; Tango; Fausto 5.0; Octavia; La Playa de los Galgos; Plenilunio; Pasaje de Vida; Subte- Polska; Asesinos Inocentes; La enfermedad del domingo; El último traje, Tampoco tan grandes y Crímenes de familia (que, les contaba, está a punto de estrenarse mundialmente en pantallas chicas a través de Netflix, una de las plataformas que han de reemplazar a los viejos cines, a los viejos distribuidores, a los viejos dueños de las viejas salas y a la vieja intención de ser una industria); trabajos estos todos hechos en cine, que son mis aportes en una filmografía de unos 60 títulos que me incluyen como protagonista, antagonista, colaborador primario, secundario y terciario. No está mal.

Saura, Olivera, Babenco, Doria, Uribe, Jusid, Camus, Solanas, Garci, Herrero, Ferreyra, La Fura dels Baus, Santiso, Corsini, Solarsz... todos ellos me han elegido y dirigido. No está mal.

A los míos del Paleolítico –los de cuando la tele era tele y muy buena en Argentina-: Las Grandes Novelas; Platea 7; Alta Comedia; Nosotros y los Miedos; Compromiso; El Oro y el Barro; Los Gringos, Luces y Sombras; Cartas de Amor en Casetes; Atreverse y Honrar la Vida –siempre que estén vivos y la memoria no les falle ya-, fueron ciclos que les refrescarán cantidades de momentos valiosos compartidos. En ellos -los mejores que hubo a partir de Cosa Juzgada-, siempre estuve como pieza valorada por compañeros artistas, directores, productores y técnicos ‘a la antig', peleándole y ganándole el rating a la mediocridad, que ya apuntaba con todas sus armas al instinto de conservación de una sociedad que, en esos años, tenía claro a quién no entregarse. No está mal.

Volví a saborear esa sensación, haciendo -ya en tiempos de gangrena avanzada para la tele-: Germán, últimas viñetas y, también, disfruté de lo propio y lo ajeno en muchos de los buenos pasajes de La leona. En Madrid, completé un buen currículum-vitae con trabajos en Los lobos, Desaparecida y U.C.O. No está mal. He sido fuente de inspiración para muchos autores. No está mal.

He trabajado en cuatro idiomas -además del que, se supone, domino-, sin hablarlos. Y lo he hecho bien -ningún danés, francés, italiano o inglés me acusó de terrorista-, nadie se quejó. ¡Hablé en latín! (gran parte de una misa), y no bajó el Espíritu Santo a condenarme. No está mal.

He hecho ganar mucho dinero a productores y empresarios. No está mal. He sido nominado como Mejor Actor en más de doscientas oportunidades. No está mal. He sido premiado en cuatro de los cinco continentes varias veces como Mejor Actor en Cine, en Teatro y en Televisión. No está mal. Centenares de críticas a lo largo de estos cincuenta años de trabajo se refieren a mí como un gran actor, o como un actor imprescindible. En ocasiones se me ha resaltado como ejemplo a seguir. No está mal. Lo único que está muy mal es que, pese a todo eso -o debido a todo eso-, no pueda conseguir trabajo. Ni aquí ni allá. Sí: eso no está bien. Está mal. Muy mal.

Miguel Ángel Solá está con Silvana Santos, Susana Font, Sandro Marcelo Augusto, Santiago Barzizza, Susana Inés Olszak, Sandra Russo, Shanti Maria Eugenia, Susana Claudia Garcia Ibañez, Susa Reinoso, Silvia Reyes, Teresa De Cillis, Toti Bengoechea, Clara Teran, Maria Teresa Difalco, Ana Torta Gende, Fernanda Tucci, Ariel Tobio, María Teresa Collavini, Henny Trayles, Laura Sol Torrecilla, Rodrigo Toledo Ordóñez, Ursula Tassini, Luciano Toro, Vicky Mardel, Teté De Villanueva Suárez, Ulises Puiggrós, Gonzalo Urtizberea, Carlos de Urquiza, Horacio Nin Uria, Lorena Cip Make Up Hair, Jaime J. Nin Uría, Victoria Nasisi, Vero Monterroso, Vicky Cipriota, Virginia Alonso Juarez, Vanne Dance, Verónica Scally, Vanesa Martinez, Victoria Siedlecki, Víctor Agú, Wanda Palermo, Beatushka Wojtowicz, Henrikuma Xiong, Adri Yasky, Juan Gabriel Yacar, Fito Yanelli, Zunilda Roldán, Zaida González Valcárcel y Julia Zenko”.

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