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El chivo expiatorio y sus riesgos

* Por Ricardo Kirschbaum. Schoklender, finalmente, va a ser investigado. El Gobierno rompió su morosidad y encontró pruebas que, hace un día, decía que no tenía.

Semejante aceleración llevó el caso a la Justicia. El azar, por supuesto, hizo que la denuncia terminase en el juzgado de Norberto Oyarbide, donde la suerte del sorteo hace que recaigan las causas más complicadas para el poder kirchnerista. Esas son las casualidades.

Está claro que el Gobierno ha tomado una determinación: Schoklender es el único responsable. El resto está fuera de toda sospecha, aunque la razón jurídica que recibía los subsidios oficiales, cuyo monto y detalles no se conocen con exactitud, haya sido la Fundación de Las Madres. Y también quienes no controlaban desde el Estado el destino de los subsidios.
Las Madres, que se mantuvieron lejanas al poder desde 1983 y que inclusive criticaron el juicio a las Juntas que impulsó Alfonsín, se encolumnaron detrás de Néstor Kirchner y de Cristina. El ex Presidente, en sus charlas íntimas, describía su estrategia para reconstruir el poder presidencial (y para construir el suyo) atrayendo a los organismos de derechos humanos. Esa política a la que Kirchner dedicó esfuerzos y gestos generosos se demostró eficaz: las organizaciones son fieles al proyecto de Cristina. Forman parte central del espacio oficialista, aún cuando el resguardo de los derechos humanos requiere como condición una actitud vigilante sin interferencias ni favoritismos del poder.

Sacrificaron su independencia y tomaron partido.

Un puñado de días después del alejamiento de Schoklender de la organización que dirige Hebe de Bonafini, el Gobierno parece haber encontrado una fórmula para acusarlo sin tener que investigar a la Fundación.

Para el ministro Amado Boudou, otro favorito, las denuncias son "pavadas". Para la jefa de las Madres, "pelotudeces".

Schoklender ha dicho en público que las Madres eran las que decidían todo. ¿Decidirá ser sacrificado como el chivo expiatorio?