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Después del asesinato de Fernando en Villa Gesell quien mire para otro lado tendrá complicidad criminal

Nadie más podrá mirar para otro lado cuando los adolescentes planteen a sus padres veranear solos con amigos. Porque ya se sabe que ese juego de hacerse los distraídos, como hasta ahora, puede terminar en el cementerio.

El año 2020 suena tan redondo que parece un año fundacional. Y quizá termine siéndolo. El asesinato de Fernando en Villa Gessel fue la culminación de un proceso de violencia y decadencia de toda la Costa Atlántica.

Siempre en verano. A pocos kilómetros de donde masacraron a Fernando, ya hace muchos años, hubo otro crimen fundacional en Pinamar: el de José Luis Cabezas. Así como el crimen del fotógrafo quebró un sistema de impunidad en los negocios del sistema privado de correos y género una gravísima crisis política, el asesinato de Fernando cambiará para siempre el siniestro sistema de descontrol con el que se maneja la noche de la Costa. El todo vale llegó a su fin.

Nadie más podrá mirar para otro lado cuando los adolescentes planteen a sus padres veranear solos con amigos. Porque ya se sabe que ese juego de hacerse los distraídos, como hasta ahora, puede terminar en el cementerio.

Hace 26 años cuando hice el primer programa de Memoria dije que nuestra mayor intención era marcar que el gran grupo de riesgo en la Argentina eran los jóvenes y los adolescentes. Y no nos equivocamos. Después vinieron cientos de muertos sin dejar de incluir Cromañón.

No va a cambiar porque los padres saben que la muerte queda por ahí cerca. Insistimos: el gran grupo de riesgo en la Argentina siguen siendo los jóvenes y adolescentes.  No verlo es complicidad criminal.

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