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Despedida de Marcelo Gallardo en River: ovación total al DT y silbidos para los jugadores

El Monumental vivió una noche cargada de emoción en el último partido del ciclo del entrenador. Tras el triunfo ante Banfield, el público homenajeó al ídolo pero expresó su malestar con el plantel.

 

La noche del jueves en el estadio Monumental dejó una imagen difícil de olvidar para los hinchas de River Plate. En el cierre del segundo ciclo de Marcelo Gallardo como entrenador, el equipo venció 3-1 a Banfield en un partido que quedó en segundo plano frente a la carga emocional de la despedida.

Desde mucho antes del inicio, el clima ya era especial. Más de 85 mil personas colmaron el estadio con banderas, mensajes de agradecimiento y una mezcla de nostalgia y reconocimiento hacia el técnico más influyente de la historia reciente del club. La expectativa había crecido desde el anuncio de su salida días atrás, y se transformó en una verdadera ceremonia de despedida.

Dentro de la cancha, River resolvió el partido con autoridad gracias a los goles de Lucas Martínez Quarta, Sebastián Driussi y Joaquín Freitas. Sin embargo, lo más fuerte llegó después del pitazo final.

El estadio explotó en una ovación unánime dedicada a Gallardo. El tradicional “Muñeco, Muñeco” bajó desde todos los sectores, mientras el entrenador, visiblemente emocionado, saludaba con los brazos en alto y recorría con la mirada cada rincón del Monumental. Su salida fue lenta, casi intentando estirar el momento, en medio de una despedida cargada de afecto.

Algunos hinchas incluso se resistían al final, entonando canciones que reflejaban el deseo de continuidad. El reconocimiento fue absoluto para quien dejó una marca profunda en el club, con títulos, identidad y una conexión única con la gente.

Pero la escena cambió de manera abrupta cuando el entrenador dejó el campo de juego. Con los jugadores aún en el césped, el clima se tensó y aparecieron los silbidos. El público, que minutos antes había sido pura emoción, expresó su descontento con el rendimiento del equipo.

Los cánticos apuntaron directamente al plantel, dejando en claro la diferencia entre el cariño hacia el entrenador y la crítica hacia los futbolistas. El mensaje fue contundente y marcó el contraste de una noche que combinó homenaje y reclamo.

La imagen final fue elocuente: Gallardo retirándose solo, ovacionado, mientras desde las tribunas bajaban aplausos y lágrimas. Una despedida a la altura de su historia, en una jornada que también dejó expuesta la deuda pendiente del equipo con su gente.

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