Sociedad
17 años del “very difficult” de Carlitos Tevez, ¿cuánto sabemos de inglés los argentinos?
¿Mejoramos o empeoramos?
La frase quedó en la cultura pop argentina mucho más allá del fútbol. En mayo de 2009, cuando Carlos Tevez atravesaba su salida del Manchester United, dijo en una entrevista que su situación era “very, very difficult to stay any longer”. El recorte se volvió meme, sobrevivió a generaciones de redes y todavía hoy funciona como atajo humorístico para hablar del vínculo de los argentinos con el inglés. De hecho, en marzo de 2026 el propio Tevez volvió a quedar asociado a ese latiguillo en una promo viral de Netflix, prueba de que el “very difficult” sigue vivo en el imaginario digital.
Pero detrás del chiste hay una pregunta menos superficial: ¿los argentinos realmente hablan mejor inglés que hace 17 años o seguimos repitiendo una fantasía de clase media urbana? La evidencia disponible muestra un panorama dual. Por un lado, la Argentina mantiene una posición destacada en la región. Según el EF English Proficiency Index 2025, el país alcanzó 575 puntos, quedó 26° en el ranking global y fue el número 1 de América Latina. En 2024 había obtenido 562 puntos y el puesto 28. Es decir: en esa medición reciente hubo una mejora de 13 puntos y dos lugares en la tabla mundial. Además, EF ubica a la Argentina en la banda de dominio “alto”, un nivel asociado a tareas como leer diarios, entender programas de TV y hacer presentaciones laborales en inglés.
También hay una foto interesante hacia adentro del país. En la edición 2025 de EF, las mejores marcas provinciales fueron Neuquén, Río Negro, Santa Fe y Mendoza, mientras que entre las ciudades lideraron Mar del Plata, Buenos Aires, Bahía Blanca y Rosario. El dato ayuda a desarmar la idea de que todo pasa únicamente por la Capital: hay una base de competencia distribuida, aunque desigual, en distintos polos urbanos del país.
Ahora bien, sería un error leer esos números como si describieran a “todos los argentinos”. La propia metodología de EF advierte que su muestra es autoseleccionada: releva a adultos que decidieron hacer un test online, en general jóvenes y personas interesadas en estudiar el idioma. No garantiza representar a la población completa y puede sesgarse hacia sectores con más acceso, educación e internet. O sea: sirve para medir tendencias y comparaciones internacionales, pero no para decretar que el país entero ya dejó atrás el “very difficult”.
Ahí aparece el otro lado de la historia. Un estudio del British Council y CIPPEC sobre la enseñanza del inglés en la escuela pública argentina muestra avances, pero también una estructura muy fragmentada. Según ese trabajo, en 2023 recibían enseñanza de inglés el 54% de los alumnos de primaria y el 84% de los de secundaria. La cobertura creció respecto de 2013, pero persisten brechas fuertes: en primaria, el acceso llega al 46% en escuelas públicas y al 74% en privadas. Además, la oferta varía mucho según la provincia, el año en que empieza la materia, la carga horaria y la disponibilidad de docentes formados. El informe también remarca la falta de una política federal unificada y la escasa alineación con estándares internacionales de certificación.
Entonces, ¿mejoramos o empeoramos? La respuesta más honesta es que mejoramos, pero de manera incompleta. Mejoró el desempeño argentino en comparaciones internacionales de adultos y el país conserva un liderazgo regional. Sin embargo, la mejora convive con una enseñanza todavía desigual, especialmente en los primeros años de escolaridad, donde se define buena parte del recorrido posterior. El inglés en la Argentina sigue siendo, en buena medida, una ventaja acumulativa: despegan más fácil quienes nacen en entornos con mejores escuelas, más conectividad o acceso a institutos privados.
Por eso el “very difficult” sigue funcionando. No solo porque Tevez haya regalado una escena inolvidable, sino porque expone una incomodidad real: en la Argentina el inglés dejó de ser un lujo cultural y se volvió una herramienta laboral, educativa y tecnológica decisiva, pero todavía no está distribuida con la misma naturalidad para todos. Diecisiete años después, acaso la conclusión sea menos cruel y más precisa: sabemos más inglés que antes, sí, aunque todavía bastante menos del que creemos.
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