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Desgracia con suerte y la falta de controles

Un hombre sufrió un insólito accidente en la vereda de un bar de Colegiales mientras desayunaba: un blindex de un balcón se desprendió y le cayó encima. De milagro, no lo mató. El panel se desprendió de un departamento deshabitado.

 

La trágica secuencia quedó grabada en las cámaras de seguridad del local, ubicado sobre la calle Ciudad de la Paz al 300, junto a la planta baja de un edificio de departamentos. Ocasionales testigos en el lugar contaron que el panel de vidrio se desprendió de uno de los balcones que dan a la vereda y cayó hacia el lado de la calle.

La víctima estaba desayunando en el local Candela Mate y Café cuando el pedazo de balcón vidriado se le vino encima. De hecho, lo golpeó de lleno, ya que el hombre nunca se percató de lo que venía desde arriba y por eso no pudo intentar evitarlo.

El cocinero del local contó que él y sus compañeros, que trabajaban en el interior del negocio, escucharon “un estruendo importante” y que, en un primer momento, creyeron que se trataba de “un choque de autos”. “Al salir, encontramos la mesa tirada en el piso y al hombre sentado, semi inconsciente, aunque afortunadamente recuperó la conciencia a los pocos minutos”, relató.

Un vecino y amigo de la víctima, que vive en el barrio, contó: “Tuvieron que darle 20 puntos en la cabeza y tiene tres tendones cortados en el brazo izquierdo. Ahora tendrá que hacer una dura rehabilitación”.

El departamento en cuestión está deshabitado desde hace dos años y allí solía funcionar una financiera. De hecho, en la mayoría de las unidades del edificio, que tiene unos 15 años de antigüedad, hay consultorios médicos y oficinas. A simple vista, el frente del edificio evidencia la falta de mantenimiento.

Ahora vendrán las explicaciones de la administración del consorcio y de la Agencia Gubernamental de Control, responsable de controlar el cumplimiento de la Ley 257, que rige el estado de los frentes y balcones. Es importante señalar que la escasa dotación de personal que tienen los organismos de control y el casi nulo acatamiento de los administradores al cumplimiento de la ley hacen posible que estas situaciones ocurran. La excusa de los particulares es la falta de recursos; la del Estado, que no cuenta con suficiente personal para hacer cumplir las disposiciones vigentes. En resumen, todos se lavan las manos.

Los controles son necesarios para evitar desgracias como la sucedida recientemente en una obra de Villa Devoto, donde al desprenderse un cartel de obra murió una persona que caminaba por la vereda.

El Estado tiene la obligación de controlar para prevenir, reprimir y sancionar a quienes no cumplan con las disposiciones.

En el accidente del vidrio actuó como atenuante una disposición que nació a partir de una tragedia. Y no fue un milagro: la víctima se salvó porque existe la ley de vidrio seguro. Si el panel caído hubiera sido un vidrio común, sin el correspondiente tratamiento, esta persona hoy no estaría con nosotros.

La normativa, vigente desde 2007 —tras la muerte de la nieta de Raúl Alfonsín, quien falleció a los 15 años luego de un accidente con un vidrio en su escuela en 2004— y reforzada en 2022 con normas IRAM, vuelve obligatorio el uso de vidrios de seguridad en barandas y balcones.

Sintéticamente, ¿qué es un vidrio seguro? Es aquel que, cuando se rompe, no estalla ni se desprenden piezas, sino que queda contenido. Esa circunstancia fue determinante para que el golpe provocara lesiones graves y no la muerte.

Una vez más queda en evidencia, en estos tiempos de desregulación y falta de control, que el Estado es un actor central a la hora de prevenir desgracias. Ahora, los propietarios deberán abonar una jugosa indemnización por no haber actuado a tiempo y tal vez algún funcionario pierda su empleo.

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