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Cristina's choice

*Por Tomás Bulat. La semana pasada no fue buena en noticias económicas. Las bajas en la soja y los granos en general todavía no arman una tendencia, pero si muestran puntos preocupantes. Al analizar si la crisis europea y la esclerosis de EE.UU. nos podía impactar en la economía argentina, dependía de si se podía dar una carambola, y esta se dio en estos días.

Real devaluado y soja en baja

Estos dos pilares de la bonanza macroeconómica argentina, que se han debilitado, va a obligar a la Presidente a tomar decisiones económicas a partir del 24 de octubre. Las opciones para simplificarlas son dos tipos:

1) actuar por sobre los problemas que generan inestabilidad macroeconómica.

2) actuar sobre las consecuencias de dichos desequilibrios.

La elevada inflación argentina tiene principalmente dos razones. La primera es la expansión monetaria de casi el 40% anual sumado a un crecimiento del crédito privado del 54%. Estas son expresiones de una política monetaria laxa, que no es sostenible en el tiempo.

Sumado a esto, un gasto fiscal que crece más rápido que la inflación y que a pesar de tener niveles de recaudación récord (tanto nominalmente como en términos del PBI), han erosionado el superávit fiscal primario que se ha evaporado definitivamente.

Como medida compensatoria a esta combinación (política monetaria y fiscal expansivas), y con el objetivo de mostrar certidumbre y fortaleza en la macroeconomía, el BCRA se ha visto en la obligación de mantener controlado el dólar, produciendo un retraso cambiario que ya es notorio.

Esto hace que entremos nuevamente en la lógica del dólar barato. Como bien sabemos por la historia económica argentina, cada vez que se atrasó el dólar, luego viene la corrección, por lo tanto la gente se posiciona en dólares de manera defensiva.

Tomar esta decisión implicará bajar la tasa de crecimiento del gasto, restringir la emisión monetaria a niveles mas razonables y tratar de recuperar el superávit fiscal haciendo que los gastos crezcan a una tasa inferior que los recursos.

Esto incluye también poner algún techo o limite a las negociaciones salariales que vayan en línea con lo decidido en gasto público y emisión. Estas medidas no son simpáticas, pero son necesarias si se desea volver a recuperar competitividad, ya que será necesario mover el tipo de cambio nominal para compensar la devaluación de las monedas de nuestros países vecinos.

Tomar este tipo de medidas, que bien pueden ser catalogadas de neoliberales, aunque solo sean de sentido común, no son sencillas porque las consecuencias en el corto plazo son negativas.

Actuar contra las consecuencias

Esta decisión, por otro lado, se basará en tratar de limitar los comportamientos que lleven adelante los actores económicos. En esto puede estar incluidos limitar o evitar que las personas compren dólares, continuar cerrando las importaciones, colocar bonos obligatorios u otras alternativas que ya son tradición en este país. Es decir trabajar sobre la fiebre y no sobre la infección.

Dentro de este marco podemos incluir el buscar nuevos impuestos sobre "rentas extraordinarias" u obligar a rendir las divisas de exportaciones a todos los sectores o alguna otra medida en esta dirección.

Estas medidas que pueden dar aire en el corto plazo, lo único que generan es mayor incertidumbre y problemas en el futuro, como lo muestra la rica experiencia argentina.

La decisión de Cristina

El gobierno hasta ahora no reconoce los problemas, o en el mejor de los casos los subestima (la inflación no existe y si hay algún aumento de precios es culpa de los monopolios. No hay problemas energéticos, hay solo escasez momentánea), etc. Por lo cual es más probable que las medidas que se adopten vayan más contra las consecuencias que contra las causas.

Por lo tanto, más controles, más regulaciones y más prohibiciones están por venir. Quizás tengan impacto en el corto plazo, pero definitivamente complicaran el futuro.

Ojalá la decisión de Cristina sea volver a las fuentes. Néstor Kirchner creía en los superavit fiscales y en mantener la caja controlada. El superavit externo debe basarse en que crezcan las exportaciones, no en prohibir las importaciones. Nada de esto era necesario en los primeros años de gobierno de Kirchner.

Los vientos cambiaron en estos últimos días y ya no son favorables. Seguramente los resultados electorales de octubre le darán a la Presidenta el suficiente poder para encarar decisiones que no son fáciles en el corto plazo, pero necesarias para tener una economía mas previsible.

La decisión de Cristina después del 23 de octubre marcará el destino económico de su nueva gestión.