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Cristina se apalanca en "idiotas útiles"

El peronismo y el periodismo (sólo dos letras de diferencia) protagonizan la historia de una pareja muy mal avenida


Por Pablo Sirvén para La Nación

La fascinación de los medios de comunicación con Cristina Kirchner es inversamente proporcional a la simpatía que le tienen. Como en los EE.UU., que aborrecían y se burlaban de Donald Trump, cuando era candidato, pero no podían parar de cubrirlo y de regalarle espacio en cantidad en la prensa gráfica y en el prime time televisivo hasta contribuir en hacerlo presidente, la ex mandataria crece como la gran estrella mediática de estas horas.

Es bien paradójico lo que sucede: la viuda de Kirchner , que jugó casi hasta el final con el misterio de si se presentaba o no, demoniza permanentemente a los medios de comunicación y al periodismo, pero éstos le devuelven la gentileza agigantando su influencia, al ser portadores potentes de su "renovado" mensaje. Ella siempre sabe cómo hacerse notar.

La renovación vino por el lado de mostrarse menos belicosa -tal como lo hizo sólo durante un breve lapso, cuando era presidenta, inmediatamente tras la muerte de su marido- y con un discurso de cercanía, menos ideológico. Apeló a una puesta en escena decididamente "macritizada": escenario central, vestimenta más informal que de costumbre, alocución más corta y menos estridente, apoyada en la interacción con personas de carne y hueso, en una suerte de talk show televisivo durante el cual hombres y mujeres convocados a su presencia relataron lo mal que la pasan desde que ella se fue del poder. Los canales de noticias entraron en una virtual y voluntaria cadena que cosechó en la suma más de diez puntos de rating, un espaldarazo proselitista sin igual a las pretensiones cristinistas de seguir tallando en la política argentina. Los principales titulares periodísticos se rinden por estas horas a sus pies y su nombre es el más invocado en estas instancias cruciales del proceso electoral.

Los medios, que fueron denostados y objeto de persecuciones judiciales, económicas y políticas durante sus dos mandatos, sin embargo, tampoco dudaron en darle mayor relevancia al acto de Arsenal que al que, en paralelo, se llevaba a cabo frente a los tribunales de Comodoro Py en reclamo de una más eficaz y rápida justicia para castigar la corrupción de varios funcionarios del gobierno anterior, empezando por la mismísima ex presidenta.

Se dirá que había diez veces menos de gente en la marcha de Retiro y que ni siquiera contaba con el atractivo de algún orador. Pero la concurrencia llegó hasta allí por sus propios medios y no se vieron las inmediaciones abarrotadas de ómnibus, como sí por varias cuadras a la redonda del estadio Julio Grondona, en el que habló la ex jefa del Estado; bienvenido aporte de las municipalidades amigas, que pagarán sus contribuyentes, sean kirchneristas o no.

Es verdad que los grandes columnistas políticos no dejan de augurarle a CFK los más sombríos presagios y hasta de manera muy creativa, como lo hizo el consultor José María Saráchaga: "El kirchnerismo es una FM del conurbano; te alejás un poco y se pierde la señal". Pero, cuidado, el peronismo tiene tantas sentencias a muerte como resurrecciones inesperadas. El jueves, en Terapia de Noticias, por LN+, el ex secretario de Comunicación Pública de Daniel Scioli, Juan Courel, dijo que "probablemente el voto de Cristina sea el más sólido de la política argentina", incluso por encima del de Macri y Vidal.

El dilema -para decirlo con las explícitas palabras del general Perón- es comprender cuándo se pasa del deber de informar sobre los movimientos de la ex presidenta a convertirse en un "idiota útil", funcional a su propaganda por exceso de cobertura. La revista Noticias tituló su tapa "Cristinosis" por la moda de todos de no parar de hablar sobre ella.

Sorprendió que en A dos voces, por TN, hasta el principal consultor del Gobierno, Jaime Durán Barba, la ponderase tanto. "Cristina -dijo- se reinventa permanentemente y eso es muy meritorio." Agregó que el acto del que fue única oradora fue "muy novedoso y creativo", aunque aclaró que "no corresponde al fondo" de lo que el kirchnerismo representa.

En su programa de Radio Mitre, Marcelo Longobardi lo criticó en su encendido editorial y Rolo Villar lo empezó a imitar, en una desopilante versión K del ecuatoriano.

El verdadero Durán Barba refirió a este columnista un dato sorprendente: en los permanentes sondeos y encuestas que realiza su equipo, hace un tiempo hicieron un focus group en La Matanza. Mayoritariamente los convocados simpatizaban con Cristina Kirchner. Al momento de preguntarles cómo explicaban la corrupción que la rodea, lejos de negar esa circunstancia, la justificaban, alegando que era la única manera en que la hija de un colectivero podía llegar a juntar dinero para hacer política, una audaz teoría que en su momento desarrolló el periodista Hernán Brienza en Tiempo Argentino, el diario híper-K. En contraste, señalaban con cierto resentimiento al actual presidente Mauricio Macri como "hijo de rico". No es casual que el kirchnerismo haya machacado tanto en este año y medio de gestión a Cambiemos con el latiguillo de "gobierno de ricos", mote que el oficialismo sorprendentemente ha dejado correr con cierta displicencia.

El peronismo y el periodismo (sólo dos letras de diferencia) protagonizan la historia de una pareja muy mal avenida, pero que no puede ni quiere separarse porque sus miembros se atraen atroz y ferozmente.