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Cristina Kirchner e Irán, entre espías y aprendices de brujo

La grave acusación de Nisman aporta indicios de las chapucerías que puede cometer un gobierno a partir de una visión distorsionada de las relaciones internacionales.

Extraído de La Nación

Por Fernando Laborda

No será fácil que la Justicia pueda condenar a la Presidenta y a su canciller por el supuesto "plan criminal" que denunció el fiscal Alberto Nisman para encubrir a ex funcionarios iraníes a quienes se les imputa el atentado contra la AMIA. Pero la grave acusación aporta indicios de las chapucerías que puede cometer un gobierno a partir de una visión distorsionada de las relaciones internacionales y, probablemente, de la creencia de Cristina Kirchner en que Irán es inocente.

Tanto la existencia de una virtual diplomacia paralela, a cargo de figuras de la talla del piquetero Luis D'Elía y del líder de la agrupación Quebracho, Fernando Esteche, quien reivindica la violencia política y el derecho a disputarle al Estado el monopolio de la fuerza pública, como la posibilidad de que se hayan buscado ventajas comerciales con Irán mediante oscuras negociaciones que habrían utilizado como carnada a las 85 víctimas del atentado registrado el 18 de julio de 1994, parecen hablar de una novela protagonizada por aprendices de brujo en materia de política internacional mezclados con personajes del submundo del espionaje.

Si algo le faltaba a esta obra de humor negro eran las groseras explicaciones del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, asociando la difusión de la denuncia del fiscal especial de la causa AMIA a un intento de las "corporaciones mediáticas" por tapar "buenas noticias" de la Argentina, tales como el récord de turistas en Mar del Plata.

Distintos funcionarios del Gobierno respondieron a las acusaciones de Nisman, esgrimiendo que todo formaba parte de una operación montada por agentes de inteligencia despechados que fueron recientemente despedidos por Cristina Kirchner. Olvidaron consignar que, a lo largo de casi 12 años, el kirchnerismo empleó a esos agentes para operaciones clandestinas, que sirvieron para presionar o perseguir a dirigentes políticos opositores, jueces, empresarios y periodistas indóciles frente al relato oficial. Si, como señaló el canciller Héctor Timerman, a Nisman lo maneja el hasta hace poco director de operaciones de la Secretaría de Inteligencia Jaime Stiusso, habría que preguntarse por qué durante casi diez años el Poder Ejecutivo toleró esa situación.

El fiscal habló de una "confabulación criminal" para "fabricar la inocencia" de los funcionarios iraníes acusados del atentado contra la AMIA, montando una pista falsa para imputar el acto terrorista a grupos "fachos locales". Sostuvo que Cristina Kirchner dio la orden para poner en marcha ese plan y que Timerman fue el ejecutor, en tanto que el actual diputado camporista Andrés "el Cuervo" Larroque fue un intermediario, que se reunía con la Presidenta y le llevaba información a D'Elía, quien a su vez informaba de todo lo que se decidía a sus contactos iraníes. A esas conclusiones llegó Nisman a partir de escuchas telefónicas logradas tras la intervención de los teléfonos de Jorge Khalil, referente de la comunidad islámica que se contactaba con Mohsen Rabbani, ex agregado cultural de la embajada de Irán en la Argentina y uno de los prófugos de la Justicia.

Al margen de la virtual diplomacia paralela y de los presuntos fines de aquellos contactos, que derivaron en la celebración del controvertido memorándum de entendimiento entre los dos gobiernos en 2013, Nisman aportó, a modo de conclusión, que de las escuchas telefónicas se desprende que "Irán admite y se jacta de que cometió el atentado". Una gran pregunta es por qué la Justicia no avanzó mucho más en el esclarecimiento del caso con esa supuesta confesión de parte que reveló el fiscal.

Nisman también sostuvo que a Irán sólo le interesaba que se suspendieran las alertas rojas de Interpol que pesaban sobre cinco de los ocho imputados iraníes que tenían pedidos de captura internacional. Y sugirió que el acuerdo entre la Argentina e Irán suponía el levantamiento de esas notificaciones, en el marco de un pacto de impunidad. Timerman le respondió con vehemencia y mostró un correo electrónico que le envió el ex director de Interpol Ronald Noble, en el que se califica de "consistente" y "firme" la posición del gobierno argentino sobre el mantenimiento de aquellas alertas rojas.

Esta discusión podría tomar un giro interesante si se recuerdan algunas explicaciones que la propia Cristina Kirchner ofreció el 1° de marzo de 2013, en su mensaje a la Asamblea Legislativa, cuando defendió el memorándum de entendimiento con Irán. Señaló textualmente: "Todos sabemos que esa tarjeta roja de Interpol es tarjeta roja ma non troppo, porque esos funcionarios [por los iraníes acusados] se mueven y se entrevistan con todos los funcionarios europeos: alemanes, franceses, etcétera; y también, algún día lo sabremos, tal vez, con todos los personajes menos pensados de la historia de este momento en el mundo". En otras palabras, para la presidenta argentina, las alertas rojas de Interpol para la captura de prófugos tenían muy poco valor y no valía la pena rasgarse las vestiduras por ellas.

En ese mismo discurso ante los parlamentarios, la primera mandataria insinuó indirectamente dudas sobre la pista iraní. Tras considerar que sin tomar declaración ninguna causa penal puede avanzar, recalcó que, de hecho, en Londres se le tomó declaración al ex embajador de Irán en nuestro país, Hadi Soleimanpour, con las pruebas remitidas por la justicia argentina, y fue dejado en libertad, teniendo que pagar la Cancillería 25.000 dólares en concepto de costas. Y, en más de una ocasión, la Presidenta enfatizó que su compromiso con la búsqueda de la verdad en la causa AMIA es también "saber qué pasó adentro". "Quiero saber quiénes fueron los que encubrieron, quiénes fueron los que escondieron las pruebas", afirmó. ¿Podría relacionarse ese deseo presidencial con la hipótesis de Nisman sobre la intención kirchnerista de crear una pista falsa basada en grupos "fachos locales"?

La oposición política recibió con prudencia las denuncias del fiscal. Cuando éste se presente mañana en el Congreso, la mayoría de los legisladores no kirchneristas lo escucharán con atención, pero su objetivo será dejar en evidencia lo pernicioso del memorándum de entendimiento con Irán aprobado por el Poder Legislativo, merced a los votos del oficialismo, y que ya ha sido declarado inconstitucional por la Cámara Criminal y Correccional Federal.

El postulante del Frente Renovador, Sergio Massa, subrayó que, en el reciente debate legislativo sobre el Código Procesal Penal, propuso incluir la figura del juzgamiento en ausencia, que podría aplicarse a causas como la de la AMIA, y recordó que, sospechosamente, el kirchnerismo no aceptó discutirlo. La lucha electoral irrumpió no bien ex funcionarios kirchneristas que hoy adhieren al massismo, como Alberto Fernández y el ex vicecanciller Roberto García Moritán, establecieron claras distinciones entre la gestión de Néstor Kirchner y la de su esposa en materia internacional. El gobernador cordobés, José Manuel de la Sota, en campaña presidencial, junto con el gremialista Gerónimo Venegas, descartó un posible acuerdo electoral con Massa por considerar que éste encarna el "neokirchnerismo", aunque se distanció aún más de Daniel Scioli, a quien tildó de "continuista".

En lo que sí parecen coincidir los postulantes presidenciales de la oposición es en que la Presidenta ha quedado prisionera de las ambigüedades de una política exterior que la terminan haciendo aparecer abrazada a los regímenes más violentos y negando actos terroristas a los que no hace mucho asoció con "montajes hollywoodenses"