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Cosmética de lo urbano

Por Samuel Cabanchik* Martínez Estrada reparó alguna vez en una imposibilidad nacional: en vez de construir un gran país, anotó, sólo fuimos capaces de construir una gran ciudad. De acuerdo con este principio, puede establecerse una genealogía del desarrollo urbano en Buenos Aires.

A partir de las primeras décadas del siglo XX, la ciudad crece según el modelo de la pampa: una llanura sobre la que va superponiéndose, como la arena y el loess , otra llanura, y después otra.

Nacida como un asentamiento precario en el barrio de los ferrocarriles y el puerto, la villa 31 creció con las migraciones internas de los años 40 y, a partir del llamado aluvión del campo, se consolidó paulatinamente como el espacio que conocemos. Los años 90, a su vez, propiciaron otro pico de crecimiento. No obstante, las 18 hectáreas que la conforman permanecen desde hace décadas en las mismas condiciones de precariedad estructural, lejos de cualquier bondad de la técnica, señalando el fracaso de las voluntades políticas de encauzar alguno de los proyectos que planeaban urbanizarla de forma definitiva.

El gobierno de la ciudad, a finales de 2010, dio algunos indicios de querer ocuparse del tema. Con el trabajo de las cooperativas de la propia villa y los recursos económicos que otorgó éste, se pintaron los frentes de algunas casas, se refaccionaron fachadas, se construyó una cancha de fútbol sobre la Plaza Güemes y se habilitó un espacio en el que se instalaron algunos juegos.

El resultado, hay que decirlo, es una visión más amable, menos agresiva, con colores que recuerdan a Caminito e impresionan por su prolija afectación, como si aplicar algunas capas de pintura sobre los frentes de la villa como única medida, comportara una solución de fondo.

La ciudad esboza un gesto estético allí donde es necesaria una intervención política; representa cuando se reclaman modificaciones. Como señalábamos antes, no faltan proyectos de urbanización integral de la villa 31, pero la existencia de propuestas -las hubo y, presumiblemente, las habrá- no ha garantizado hasta el momento ningún compromiso efectivo.

Teniendo en cuenta el estado de emergencia en el que se encuentra la política, no sorprende esta falta de iniciativa.

En los últimos dos años -empezando por la toma de los más de veinte colegios en la Capital Federal, del parque Indoamericano después, y del complejo de viviendas en el Bajo Flores semanas atrás- casi todo problema de índole urbana evidencia una notoria debilidad institucional, además de la inexistencia de una planificación de fondo que sustente una experiencia urbana articulada con la política de la ciudad. Como sostiene Oliver Mongin: "La experiencia política se vuelve prioritaria y es lo único que puede reenmarcar los lugares urbanos como lugares que hagan posible la vida activa, la acción política común".

La modernidad, que propició una serie de pasajes culturales complejos, influyó decisivamente en la metamorfosis de las pequeñas aldeas en verdaderas megalópolis, y con ello surgió la necesidad de una experiencia urbana que aspire a sortear la crisis de la gran ciudad.

El paso de los años, la imprevisión, el desinterés y una serie de gestiones basadas en políticas de corto plazo, han perfeccionado el mecanismo de fragmentación de la experiencia urbana hasta casi vaciarla de sus sentidos esenciales. En la medida en que a los problemas estructurales se les instruyan soluciones de orden meramente estético, retoques, enmiendas, la idea de trabajar sobre procesos de exclusión social o degradación urbana suena, por lo menos, improbable. Una metodología de este tipo induce a pensar en gestos de disimulo ante la incomodidad que representa un problema. A través del color, se esboza un gesto que pretende devolverle una cierta humanidad a la pobreza, a lo excluido.

Por fin, los problemas urbanos reclaman soluciones por fuera de los slogans o la retórica partidaria; necesitan decisiones que surjan del debate entre las necesidades de fondo y la pura exterioridad que la crisis de la política, hasta ahora, no ha sido capaz de resolver.